Carlos Escobedo: «Sôber y Los Suaves somos algo parecido a una familia un poco desperdigada»
FUGAS
La banda de metal regresa el viernes a Galicia con «Elegía» un disco épico y oscuro, hijo de la pandemia. En su concierto en Santiago no faltará alguna sorpresa relacionada con los de Yosi
01 feb 2023 . Actualizado a las 11:23 h.Sôber vuelven a la carretera. La banda madrileña que sostienen Carlos Escobedo (bajo y voz), Antonio Bernardini, Jorge Escobedo (guitarras) y Manu Reyes (batería) se presenta este viernes en la sala Capitol de Santiago con su nuevo trabajo bajo el brazo. Elegía es una colección de diez composiciones y una versión al piano que devuelve al grupo a un sonido contundente que nunca abandonó, pero sí tal vez había matizado en sus dos entregas de estudio anteriores. La última, Vulcano, hace ya seis años. Rock, metal alternativo, qué más da. Si todos somos ya hijos de la pandemia, la oscuridad épica de Elegía podría ser perfectamente nuestra banda sonora.
—He leído en alguna parte que el título del disco es un homenaje a vuestro batería, Alberto Madrid, fallecido en un accidente de tráfico en el 2006.
—Va un poco por ahí. Es un homenaje a Alberto y también a Big Simon, que estuvo con nosotros como teclista en la gira de Reddo, allá por el 2004. Un homenaje a dos compañeros que ya no están. Elegía es una pieza para alguien o algo muy querido que has perdido. Viniendo de donde venimos, también tiene un poco de la pandemia.
—Por un momento pensé que os estabais despidiendo.
—¡Todo lo contrario! Estamos en un momento bastante dulce. Estamos reencontrándonos con nuestro público, incluso con gente que con este disco se está reenganchando al grupo, y haciendo algunos de nuestros mejores shows. Elegía refleja el porqué un grupo como Sôber destacó en su día y tiene todavía cosas que contar.
—Bueno, en nada la banda cumplirá treinta años. ¿Habrá algo especial?
—En el 2024 hacemos treinta años, sí. Y estaría plenamente justificado. Cuando cumplimos el 20 aniversario, juntamos a Sôber con las otras dos bandas que surgieron cuando nos tomamos un descanso y son parte de nosotros, Skizoo y Savia. Hicimos una gira y fue algo maravilloso. Quizás sea algo que merezca la pena recordar de nuevo.
—Volviendo al disco, se aprecia en él un retorno a algo más oscuro, más contundente, más afilado que en «Letargo» y «Vulcano». ¿Es solo una impresión?
—Hombre, yo tenía claro que, después del disco sinfónico que hacía hincapié en Paradÿsso, el sonido más oscuro del grupo se dejaba ver. Elegía tiene que ver con bases más contundentes, tiempos más bajos, baterías más solemnes. Queríamos que la parte oscura que siempre ha tenido el grupo y la lírica más profunda estuviesen presentes. La producción y el sonido también tienen que ver con cómo se hizo el disco, conmigo como productor y con Alberto Seara como ingeniero. Separados por la pandemia. El cuervo, en la portada, que en la mitología se relaciona con la muerte. Un sonido oscuro sin perder las guitarras contundentes y afiladas. Incluso arreglos vocales que te acercan a algo como el Requiem de Mozart. Y canciones que de principio a fin cuenten una historia.
—¿Hay algún tema con el que te quedes en particular? ¿Una canción redonda?
—Eclipse, aun siendo un medio tiempo, es para mí una canción redonda. El estribillo habla de que, de alguna forma, hemos vuelto al punto de origen, a ese momento de tierras movedizas en que la música se debe reinventar. Incluso en directo todo el mundo se encuentra también con ella. En directo hacemos la versión acústica. No quiero desvelarlo mucho, pero tenemos un momento acústico con tres canciones y un registro mucho más emotivo. Hasta me bajo del escenario para compartir ese momento.
—«La Sinfonía del Paradÿsso» demostró que el tratamiento orquestal le sienta a vuestra música como anillo al dedo.
—Sí. Hace muchos años incorporamos cuartetos de cuerda, buscando ese punto muy épico, como de banda sonora, que funcione y estremezca.
—Todo el mundo destaca el arte de «Elegía», sobre todo en la edición en vinilo. El trabajo lo firma tu hija Diana, ¿no?
—Es de lo poco positivo que yo he sacado de esta pandemia. Mi hija y yo pudimos trabajar mano a mano. Yo en mi habitación y ella en la de al lado, haciendo acuarelas. Cada tema tiene la suya. También hemos podido hacer un libro vinilo. Esto lleva su tiempo, y en otras ocasiones no es posible. Con la pandemia sí lo fue. El fin de semana pasado estuvimos en Málaga y Granada. La gente se traía el vinilo para que lo firmásemos. La verdad es que estamos muy, muy agradecidos.
—Por lo demás, de la pandemia, poca cosa positiva.
—Muy poca cosa positiva, ha sido muy dura. Para la música... Mira, la despedida de la Sinfonía fue lo último que hicimos en directo, en Las Ventas, un 7 de marzo. Unos días después nos encierran en casa. Yo estaba todavía con la resaca de todo aquello y tuve que bajar a cero, el hostión en toda la cara. Ya no te cuento la tragedia sanitaria.
—Sin directos, la música se ahoga.
—Es el sustento de los músicos, de los técnicos, de las salas y de todo lo que gira alrededor. De alguna forma nos han dejado un poco de lado. Ha habido otras formas de hacer pequeños espectáculos, pero el rock se vive en clubes, en salas, en sitios muy cerrados, y no hubo forma. Hay que seguir pagando las facturas, y el que ha tenido una hucha, bien, pero muchos músicos viven al día. Mucho sufrimiento.
—Vosotros, que habéis alcanzado el disco de platino, vendiendo decenas de miles de discos, ¿cómo veis el porvenir? ¿Volver a algo así es una quimera?
—Una quimera total. Incluso para Marea, que llena el Palacio de los Deportes, vender 25.000 es una locura. Quizás cuatro artistas televisivos puedan llegar a ello, contados con los dedos de las dos manos. Aunque es cierto que cuando las compañías no se han ido a pique es porque los ingresos les llegan desde la parte digital y demás. A nosotros siempre nos lloran para hacer un videoclip. Pero ninguna cierra, y las oficinas de las grandes compañías siguen ahí. Hay algo que el músico no está viendo y se nos queda en el tintero. El directo siempre existirá, pero la manera de hacerlo, los ingresos y cómo se consume la música es algo que hay que canalizar. Hay que darle forma para que el músico llegue a eso también. Creo que con nuestra compañía [El Dromedario Records] hemos hecho una buena simbiosis, porque también es la agencia de management y la cosa se va retroalimentando.
—¿Cómo está yendo el regreso después de todo esto?
—¡Buff! En la pandemia he hecho algún Instagram Live, pero no. La música es en vivo. Todavía tengo la resaca del fin de semana. Cuando ves a la gente llorando, dándolo todo tres o cuatro horas, viviendo la música a todos los niveles... Tenemos momentos para presentar el nuevo álbum y también momentos como el medley recordatorio de Morfología. Es un setlist que abarca de dónde vienes y hacia dónde quieres ir. Personalmente, es de los setlists con los que más cómodo estoy. Cuando te das cuenta, ya se está acabando.
—Nos esperan, en la Capitol, tres horas de concierto, entonces.
—Nos espera un gran concierto. Y alguna sorpresa relacionada con Los Suaves. Pude cantar con Yosi [Dulce Castigo, incluida en La noche más suave, el DVD y libro que los de Ourense acaban de editar con el concierto inédito del 2015 en Oviedo] y la verdad es que son muy amigos nuestros, tenemos una cercanía brutal. Somos algo parecido a una familia un poco desperdigada. ¡Y Alberto Cereijo subirá en Santiago al escenario!
Viernes, 3 de junio. Sala Capitol. Santiago de Compostela. Con la Contrabanda y Bon Vivant. Apertura de puertas, 19.50 horas. Comienzo, 20.50 horas. Entradas, 22 euros.