Pocos discos han recibido este año tantas loas como «Suelta Ø Muerde». Su creador mantiene la cautela. «No sería más feliz si esto lo peta»
01 abr 2022 . Actualizado a las 05:00 h.Es Santi Araújo el secreto mejor guardado de la música hecha desde Galicia. Un tipo deslumbrante en su aparente contención. Discreto, leído y viajado. Apasionado en su quehacer, sus canciones suenan a eternas. En sintonía con los grandes cantautores rock de este tiempo. Llenas de claros y de oscuros, pero también de hiriente verdad. Suelta Ø Muerde (Ernie Records) es su fehaciente testimonio. Un disco dual en su propia concepción. Publicado el 2/2/22 y en el que las canciones llevan dos títulos alternativos. Una joya de escucha imprescindible que se torna obsesiva. Una de esas insólitas ocasiones en la que lanzas la moneda al aire y, ni cara ni cruz, se mantiene en su canto al caer.
—«Puede que el mejor lanzamiento nacional de lo que llevamos de año», he leído en varias críticas. ¿Cómo te sientes?
—Es extraño. Porque abruma. Lees palabras como «obra maestra» mezcladas con esa cantinela eterna de que esto va a pasar desapercibido. Y yo le doy el mismo valor a ambas. Yo no tengo ninguna meta a la que llegar. No sé si sería más feliz si esto lo peta. A mí lo que más me interesa de lo que hago es el proceso. Que yo esté contento con lo que he hecho y que me emocione. Y te aseguro que ninguna de esas dos cosas son fáciles de conseguir.
—Cuando publicaste «Catedral», me dijiste que aquel disco se podía haber titulado «Las movidas de Santi Araújo». ¡Pero este también!
—A veces me da miedo pensar que estoy siempre en el mismo lugar. Pero en realidad estoy dándole vueltas al mismo planeta, pero siempre desde órbitas diferentes. Por eso creo que van a ser Las movidas de Santi forever. Pero de la misma manera que Woody Allen o Richard Hawley siempre parece que están haciendo lo mismo. Y a mí me parece que está bien eso.
—Si nos centramos en lo musical, este disco es mucho más complejo.
—Puede que sí, pero es curioso porque los ingredientes son prácticamente los mismos que los del anterior. Puede que haya un poco más de experimentación. Me he cortado menos. He sido respetuoso con lo que me salía en cada momento. Lo mismo si era un ritmo más rápido que si, de repente, me surgía un bolero.
—Te he escuchado decir que en tu música hay mucho de vals y mucho de muiñeira. Cualquiera que escuche el disco dirá: «¿Dónde está aquí la muiñeira?».
—Sí, hay mucho 6x8, que es el ritmo de la muiñeira. Ya lo había en Catedral. No sé, hay algo ahí, que estoy atrapado en eso. Yo te juro que no me doy cuenta. Son después mis músicos, que son los que lo analizan todo, los que me lo advierten. Yo no me considero para nada un músico tradicional, pero he escuchado mucho folk, sobre todo americano. Y folk adulterado. No me gustan las cosas puras. Pero al final me he dado cuenta de que hay cosas de Milladoiro que me gustan. O de Narf, que es de los músicos del planeta que más admiro. —¿Es este un disco enfermizo?
—Este es un disco que juega con lo dual. Y no hay amor sin un poco de dolor. Como no hay alegría sin tristeza. Y en este disco hay un poco de «te quiero pero no me estoy queriendo a mí mismo».
—¿La dualidad siempre implica una elección?
—Sí. Pero al rato siempre puedes elegir la contraria (se ríe). Y también hay una parte de liberación en eso. Cuando yo escribí este disco, sentía dos fuerzas en pelea constante, dos imanes apuntando en la misma dirección. Hoy era «vamos, vamos» y al día siguiente «no vamos, no vamos». Y los dos eran igual de reales. Por naturaleza tendemos a querer que unas cosas anulen a las otras. Pero no necesariamente tiene por qué ser así. Una decisión no es un contrato escrito en piedra. Y así de bonita es la vida.
—Dices que escribes para ti mismo, pero casi todas las canciones de este disco están escritas en modo directo hacia un destinatario o destinataria.
—Claro, es que sería un poco extraño, un poco Aída Nízar si yo cantase: «Santi Araújo, ¿cómo estás?». Sí, la mayor parte de estas canciones son cartas de amor o desamor desde la distancia. Pero al final, tienen un rollo jodorowskiano de que yo las canto para que alguien me las devuelva. Para que me digan: «Santi, tú también tienes fallos». Para que me canten también a mí Suelta Ø muerde.
—Como dices en uno de los temas, ¿no es fácil ser tu amigo?
—No, la verdad es que no. Y cada vez menos. Y no porque crea que soy una persona complicada, sino porque cada vez me conozco mejor. Es de las pocas cosas buenas que me está trayendo ir haciéndome viejo. Yo he vivido mucho por los demás durante muchos años. Yo he nacido en Ponteareas, un sitio bastante hostil para ciertas sensibilidades. Yo no conocía a nadie que tuviera mis gustos musicales, estéticos ni culturales en un lugar en el que los ralis, las discotecas, el fútbol y las drogas dominaban el ambiente. Y, sin embargo, me esforzaba por interesarme por esa gente. Ahora me he dado cuenta de que no merece la pena. De que la vida es corta, de que hay mucha gente a la que leer y escuchar y voy un poco a muerte con eso. Por eso a veces no es fácil ser mi amigo.