Flores y verdugos

Mercedes Corbillón FUGAS

FUGAS

Imagen de  El Verdugo  de Berlanga
Imagen de El Verdugo de Berlanga

A pesar del sol constante y de los vientos cruzados, a pesar del aire salado y de la cercanía del océano con todos sus naufragios, de los eneros helados, a pesar de la amenaza de guerra entre Rusia y Ucrania, a pesar de todo, en mi terraza de C. ha nacido una flor. Le he hecho fotos como si fuera una madre antigua y ella una niña vestida de comunión.

Soy de esas señoras que se ponen contentas si ven nacer una flor.

También me alegra encontrarme una palabra casi nueva, una sencilla y limpia, pero poco manida, que alegre una frase como las calas un jardín.

Qué bonita quedaba «intemperancia» en la voz de Berlanga hablando de sí mismo y de su cine en los Imprescindibles de la 2. Desde entonces, ya la he usado tres veces, inmoderadamente, como su significado invita. En el programa salió la famosa escena final de El verdugo, con el personaje representado por Nino Manfredi llevado a rastras a su ejecución, la que él tenía que llevar a cabo. El pobre hombre no quería darle la vuelta al garrote vil, solo quería ser funcionario, prosperar, acceder a un pisito, complacer a su mujer y a su suegro. Lo normal.

Verdugo, pero a lo grande, era Rudolf Hoss, que también quería ser funcionario, comer todos los días, encontrar un sentido a la vida, un credo que no fuera el de su padre, un fanático cruel que había decidido para su hijo un futuro de sacerdote para expiar sus pecados. La religión alternativa fue Alemania y el rezo, la obediencia.

En la novela La muerte es mi oficio, Rudolf Lang es el trasunto del verdadero comandante de Auschwitz y cuenta en primera persona su vida, su castración emocional, su ausencia de sensualidad, su necesidad de recibir órdenes, su desprecio a los judíos como enemigos de la patria, su capacidad de organización, de hacer las tareas a fondo, ya sea limpiar los cristales como su padre le obligaba cada tarde hasta que le dolían los nudillos o poner en marcha una diligente Solución Final si así lo deciden sus superiores.

El mal nos fascina, por mucho que lo miremos no lo podemos comprender, y sin embargo, está ahí, como la belleza en una flor.