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Mis tumbas favoritas

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Detalle del cementerio de San Amaro.
Detalle del cementerio de San Amaro. ANGEL MANSO

14 ene 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

No creo en más vida que la de la carne, pero en la brevedad de nuestra existencia está bien que al menos quede un nombre grabado en la piedra. Será por eso que me gustan los cementerios, aunque no sé desde cuándo. Creo que a esta afición he llegado tarde, como al alcohol o al brócoli o al sexo sin amor.

Recuerdo aquel camposanto en el kibutz, la tierra prometida y sin cruz cubriendo cuerpos antiguos y los nombres de los primeros pobladores repintados y borrándose sobre maderas carcomidas. Mi madre a mi lado, paseando entre las hierbas secas en aquel atardecer extraño de Oriente Medio.

Después no sé qué vino, quizás seguir la huella de Vila-Matas siguiendo la huella de Herman Melville, que a su vez siguió la huella de los muertos hasta Woodlawn. Iba sola, Nadal jugaba la final de Roland Garros y en Nueva York hacía calor. En el Bronx también y el verde del cementerio era tan inabarcable que me perdí entre lápidas enhiestas.