Todas las plantas de Emily Dickinson

Mercedes Corbillón

FUGAS

08 oct 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Siempre me ha gustado la llegada del otoño, dejar atrás el verano con sus estridencias y la felicidad de los demás, absorber el olor a tierra mojada que en el diccionario de palabras extrañas llaman petricor, oír el estruendo de la alegría concentrada y breve de los recreos, subir la manta en el sofá y sentir la suavidad del aire cargado de nostalgias.

En C. ya no quedan golondrinas ni turistas ni barcos veleros. Uno autóctono y de mástil negro espera el invierno sobre el cemento del puerto con sus velas arriadas. En la playa del Prado solo quedan las algas que traen las mareas de septiembre y las conchas de molusco que ignoran las gaviotas. A veces la orilla y la vida son un depósito de descartes.

Desde mi terraza veo el temblor del mar, su naturaleza ofuscada y turbia batirse contra las vertientes. Mis petunias agonizan y las begonias huelen a sal. Morirán pronto, así que vengan los primeros vientos a azotarlas.