Lorenzo Silva: «Yo soy madrileño y lo soy como me da la gana»

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Lorenzo Silva está entre los autores más vendidos con su nueva novela, «Castellano»
Lorenzo Silva está entre los autores más vendidos con su nueva novela, «Castellano»

De muy pequeño quería ser millonario, y lo es en lectores. El escritor triunfa con «Castellano», una novela en la que define su identidad, y sigue sumando reediciones de los casos de Bevilacqua y Chamorro

03 jul 2021 . Actualizado a las 10:17 h.

Para Lorenzo Silva (Madrid, 7 de junio de 1966), un clásico en el top-ventas, la identidad no es caso resuelto, ni siquiera un caso sencillo para dos agentes como Bevilacqua y Chamorro. Castellano se presenta como su novela más personal y comprometida y nos hace ver por la mirilla de la ficción documentada un episodio desconocido por muchos: la rebelión de los comuneros contra Carlos V cinco siglos atrás. ¿Es su novela más personal y comprometida? «Una novela siempre tiene algo que ver contigo. Hay algo al escribirla que te interpela. Y la literatura tiene que comprometerse. Si no lo hace, no remueve y, si no remueve, no conmueve. Y, si no conmueve, se olvida», comienza Lorenzo Silva. Escribir, admite, fue su tercera vocación. «De muy pequeño, eso dice mi padre, quería ser millonario. Luego, como mi padre era militar de aviación, me dio el siroco del pilotaje, pero muy pronto descubrí la literatura, y desde entonces no he tenido otra vocación», asegura. «Todas las novelas son personales, pero esta tiene un mayor grado de exposición, porque se refiere a esa cuestión tan espinosa que hemos dado en llamar identidad. ¡En un país donde eso es un campo de minas!, y desde una identidad, la castellana, que está señalada y hasta diría que vilipendiada», considera Silva. 

-¿Por qué volver al 1521, a la revuelta de los comuneros contra Carlos V?

-Es una historia que tiene un significado profundo para entender la España posterior, la Castilla posterior y su declive. Y también es una historia que tiene un valor universal, que cuenta la lucha de unas personas que intentan defender su dignidad y libertad frente a unos gobernantes que la desprecian. Esta es una idea que después no se pierde. Ellos salen derrotados, pero la idea aún prevalece.

-¿Tiene algo que ver aquel contexto con el que vivimos hoy?

-No, pero hay circunstancias que pueden invitarnos a ver alguna analogía. La rebelión de los comuneros es la rebelión de las clases emergentes que no encuentran un lugar en el sistema que les plantea Carlos V y que lo piden. Y lo piden a través de una revuelta que señala los límites del poder. Tiene que ver con un debate vivo en la sociedad española: ¿hasta dónde tiene el poder el que tiene el poder?, aunque lo tenga democráticamente. Porque puede ejercerlo en contra de los demás, en contra de los que no le siguen o no comulgan con su ideario.

« No voy a decir que busco la felicidad escribiendo, que me parece naíf, pero sí estar lo más en paz posible con lo que soy y lo que hago»

-¿Como escritor se reconstruye o se inventa?

-Todos nos inventamos un poco. El que crea que no, se equivoca. La memoria es caprichosa, todos tenemos algo de piedad de nosotros mismos y pretendemos dar de nuestra propia biografía una visión lo más aceptable posible. La escritura yo la veo como una forma de trabar las piezas de uno; eso de uno que está disperso y desencajado encajarlo de alguna forma. Me ha sido muy útil. No sé si puedo enseñar algo escribiendo, pero sí sé que aprendo mucho.

-Los mimbres de su vida dan personalidad al relato. ¿Nació el libro sobre todo para aliviar ese peso que siente desde niño por definir su identidad y hacer el puzle entre su parte castellana y la andaluza con más alegría?

-Pues sí... sí, francamente. No voy a decir que busco la felicidad, que me parece naíf, pero sí estar lo más en paz posible con lo que soy y lo que hago, y con el lugar que ocupo en el mundo. El libro tiene una parte de reacción serena, que no soy de ir a pedradas contra nadie... A mí me ha pesado una concepción imperativa de la identidad. Empecé viendo una manera de proponer la identidad española desde un perfil autoritario. Y después he visto, lamentablemente, otras afirmaciones de la identidad que han llegado a recurrir a la violencia, al asesinato, para afirmar la pujanza de que una identidad territorial sea reconocida. En nombre de la identidad se ha ninguneado la voluntad de los que no tienen esa manera concreta de verla y sentirla, a los que se ha considerado malos españoles, malos vascos, malos catalanes... Frente a esto propongo una visión menos colectiva y colectivizada de la identidad. La identidad es un camino personal. Cada uno elige lo que es y también cómo lo es.

«Reivindico, a través de mi identidad castellana, el mestizaje de identidades»

­-¿Y usted qué elige ser?

-Yo soy madrileño y lo soy como a mí me da la gana. No necesito que me vengan a decir cómo hay que ser madrileño.