María Oruña: «Oigo un ruido y ya me monto la película»

FUGAS

Tras su canto de amor a Galicia, la «bestseller» viguesa vuelve con un crimen imposible para la teniente Valentina Redondo, que nos mece en una oscura marea interior. «Como Valentina, tengo una gran inseguridad», confiesa

18 jun 2021 . Actualizado a las 12:16 h.

María Oruña (Vigo, 1976), pragmática pero fabuladora, es «cuadriculada, organizada y muy curranta». A veces se le va la imaginación y no consigue «agarrarla». Podrán verla volar, pero no la verán escribir en el aeropuerto, por más que las historias la pillen al vuelo. La superventas que dejó la abogacía tras zambullirse en un mar de éxito con Puerto escondido, y que va por la décima edición de El bosque de los cuatro vientos, vuelve a Cantabria, un paisaje que conoce por la familia paterna, con Lo que la marea esconde. En el que se presenta como su thriller más ambicioso, Oruña nos lleva a bordo de la goleta La Giralda para descifrar un crimen. La siguen 300.000 lectores ávidos de resolver un misterio. Valentina Redondo afronta un caso imposible, asegura su autora, y ofrece un dramático desnudo emocional que se va apoderando de la trama.

-Presenta su novela como un reto personal y literario. ¿Ha disfrutado el viaje?

-Lo he disfrutado mucho. ¿Sabes por qué? Porque tenía la solución antes de empezarlo. Este es un reto personal de ingenio. Yo me tengo por una inteligencia normal y me dije: «¿Cómo voy a ser capaz de plantearle esto a cualquier lector y no defraudarlo, no hacer trampas y que al terminar diga: «Qué bien ha estado este juego, qué bien me lo he pasado y qué bonito ha sido el viaje»? No puedo plantear un misterio como este sin saber cómo resolverlo, poniendo parche sobre parche. Por azar del destino, hace años paseando por Europa, en un lugar que a los lectores no les voy a decir, porque sería una pista, descubrí un hecho histórico que me llamó muchísimo la atención y, a pesar de que yo entonces no era escritora, era abogada, pensé: «Esto sería genial como enganche en una novela de misterio». Eso se quedó en mí anidando, como suele suceder con las historias que escribo. La solución la tenía, lo difícil fue orquestar estos pocos personajes que hay en la goleta y que estuviesen lo bastante bien definidos para que el lector entendiese por qué odian tanto a la mujer que ha muerto [Judith Pombo]. No hay justificación para matar, pero ella es tan odiosa... Aunque hay otras escenas que nos hacen preguntarnos si realmente ella es así o se trata de una máscara. Yo lo llamo la idiosincrasia del crimen.

-¿A qué se refiere?

-Cuando alguien es odioso o llega a cometer un crimen, ¿hasta qué punto los demás somos los responsables?, por pasar de largo, por hacer caso omiso al maltrato que le podía propinar alguien. ¿Ella es tan odiosa o ellos la ven así porque están frustrados al no tener su estatus?

­-Nos deja libres para juzgar, aunque sea desde nuestros prejuicios.

-Un buen libro no puede dar respuestas, debe hacer preguntas. Hay una cosa que se pregunta Valentina cuando a la víctima la llaman «víbora» «¿Si fuese un hombre pensarían igual?». Un hombre con esas cualidades y actitudes quizá sería considerado un tiburón de los negocios, alguien algo machista y mujeriego, pero dicho en tono alegre. 

­—El músculo feminista es parte de esta novela, con personajes y hechos reales.

—Todo es ficción, fruto de mi imaginación, pero hay una dialéctica real, que invita al lector a posicionarse como quiera en cuestiones como el feminismo o el ecologismo. Esta es la clase de reto literario que me parece más difícil de resolver. El misterio, ese juego de ingenio, es importante que esté, pero la novela tiene que tener más capas, hasta llegar a la que le da sentido, peso y solidez, a Lo que la marea esconde. ¿Qué haces cuando estás roto, te dejas llevar al fondo y te rompes del todo o permites que el dolor se quede ahí?

—Uno no siempre hace lo que quiere con su dolor, ¿no? Ni siquiera la pragmática Valentina Redondo...

—Ahí está, por eso la vemos romperse. No hablamos casi nada de la muerte, del dolor, de la depresión, ni de ese desconsuelo inabarcable del que no sabes cómo librarte. De eso no hablamos, y está, o va a estar, presente en todas nuestras vidas.

«La vida es programar cosas y que llegue una ola y te diga: 'No, vas a hacer lo que te dicte la marea'»

—El abismo que afronta en lo personal Valentina es el caso más potente y complejo del libro. ¿Por qué se decidió a desnudarla emocionalmente?

—Porque la vida es eso, es programar cosas y que llegue una ola y te diga: «No, vas a hacer lo que te dicte la marea». La vida es darte cuenta de tu insignificancia.