Alma de gato


El otro día alguien me habló de los gatos, me dijo que cada uno tiene su carácter y su propia personalidad, que se dejan querer cómo y cuando ellos quieren, si es que quieren y que algunas veces, aunque nos duela, lo único que pretenden de nosotros es la comodidad del alimento sin esfuerzo.  Me contaba que el suyo acostumbra a dormir mucho, sobre todo durante las horas de luz. Sólo se despereza de vez en cuando para beber o comer algo, patrulla un rato y vuelve a encontrar un lugar al sol donde continuar su descanso, pero de noche todo cambia. Se vuelve activo, corre, salta y busca su ración de mimos. Después desaparece y durante la madrugada pasarán cosas, morderá zapatos, intentará abrir puertas a zarpazos y saltará encima de la cama cuando decida que ya es su hora de comer o de ponerse en marcha. 

 Tú tienes algo de gato, me dijo, arrastras el día hasta la noche, te despiertas a cualquier hora de la madrugada y puedes estar incluso más activa que durante el día. Escoges qué, cómo, quién, cuándo y dónde, preferiblemente cuando se ponga el sol y con una barra cerca. Ronronearás si estás a gusto o maullarás para buscar tu sitio, dormirás todo el tiempo que sea posible y no renunciarás a acicalarte un poco.

 Prefieres los lugares un poco altos, uno de esos donde, como tú dices, se pueda extender la vista. Nunca tiene prisa por llegar pero tampoco por llegar tarde y puedes aislarte y desaparecer un tiempo, pero siempre a tiro de aullido, por si acaso. 

Tienes alma de gato.

Aún estoy pensando si eso es bueno o es malo.

 

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