Juan Gómez-Jurado: «Al libro que vosotros leéis, yo le he quitado cien páginas»

Su trilogía, con «Reina roja» a la cabeza, ha batido todos los récords de venta. ¿Su secreto? «Cuando escribo, me ducho hasta cuatro veces al día»


Juan Gómez-Jurado es todo un fenómeno literario que suma éxito tras éxito. De su trilogía, Reina roja, Loba negra y Rey blanco se han vendido más de un millón y medio de ejemplares, y Reina roja ha batido todos los récords y ahora mismo es el cuarto más vendido de todos los tiempos. ¿Cuál es el secreto?, le preguntamos. «Que soy un enfermo, me obsesiono con la historia de mis personajes».

-Eres el C. Tangana de los libros, todo lo que publicas lo conviertes en oro.

-No sé si tanto así, pero es bonito el apoyo del público. Tangana está muy arriba.

-Cuando un escritor tiene el aplauso del público, la crítica le da caña. ¿Cómo te has sentido tratado?

-Honestamente, me habéis mimado y estoy muy contento, intento hacer las cosas lo mejor posible, pero con el propósito muy claro de que escribo para la gente, nunca he tenido otra pretensión.

-Como lector, ¿crees que hay que ponerle esfuerzo a la literatura o es puro placer?

-Todo depende de lo que leas en cada momento. Yo creo que lo más importante siempre es que sea un divertimento, siempre. Si es aburrido, no merece la pena.

-Y como escritor, ¿crees que es necesario ser primero muy buen lector?

-Sí, uno es primero lector y luego escritor. Yo vengo de ahí, de Los cinco, Ken Follet, Julio Verne, Arturo Pérez-Reverte. ¿Que después eso no tiene nada que ver con lo que yo hago?, vale; pero ha servido para que surgiera mi pasión por la lectura.

-¿Cuánto depuras en tu creación?

-En mi caso es que soy un enfermo [risas]. Hay muchísimo trabajo, porque me involucro en cada uno de los procesos, hasta en la maquetación. ¿Por qué? Porque me vuelve loco, me llega a importar cómo termina una página y si a lo mejor la experiencia del lector sería un poquito mejor, si tuviera una frase más reveladora en la siguiente página, sobre todo si es par, para que cuando llegue esté más emocionado. Al libro que vosotros leéis yo ya le he quitado cien páginas.

-¿Es verdad que has estado creando la trilogía a la vez, como un puzle?

-A ver. La pregunta es muy pertinente, pero me va a costar mucho responderla. Es que yo no tenía tres manuscritos abiertos, tenía cinco. No puedo hablar más.

-¡Tienes otro libro! Dime algo.

-No quiero… No puedo decirte más.

-En cualquier caso eres capaz de compilar sobre una historia varias ramificaciones.

-Sí, exactamente. Yo no soy muy reflexivo sobre las cosas que hago, y muchas veces me doy cuenta porque vosotros me lo habéis contado. Es una mezcla de trabajo, profesión e intuición. De decir: la historia es esto. Y ya me puede decir, Bárbara, mi mujer, o mi editora: 'Esto cámbialo' que yo, aunque suelo hacerles caso en un 95%, si la historia la veo clara, no la cambio. Eso no se toca nunca.

«Promocionar la pasión por la lectura es lo que me mueve. Es mucho más importante que yo y que mis libros»

-A la hora de parir el libro, te concentras tanto que te encierras en el Valle de los Caídos, en una hospedería.

-Sí, esta vez no porque estamos en pandemia, pero ahora mismo tendría que estar allí. La presión cada vez es mayor, entre los pódcast, la tele y tal, ahora no piso una librería sin hacerme fotos. Por un lado es precioso, es alucinante porque siento que estoy contribuyendo a generar ilusión en la gente, ese es mi auténtico trabajo. Promocionar la pasión por la lectura es lo que me mueve. Es mucho más importante que yo y que mis libros.

-Eres muy centrado, si te pones, vas a full. ¡Puedes estar 16 horas seguidas!

-Sí, ja, ja. Yo estoy tarado, cuando me meto de verdad en mi trabajo, me sobra todo el mundo. Me altera comer, dormir, afortunadamente tengo gente que procura cuidarme, aunque sea a distancia. Me meto en la historia mucho. A lo mejor estoy dando vueltas por el pasillo a las tres de la mañana y me voy a la ducha. En la ducha se me ocurren muchas ideas, por eso me ducho cuatro veces al día cuando estoy escribiendo. Y más en los meses de calor, ahí estoy más despierto.

-«Espía de Dios», «Reina roja», «Loba negra», «Cicatriz», ¿cómo escoges los títulos?

-Pues no soy yo. Es verdad que los de la trilogía son míos, pero normalmente son mis editoras. Yo soy bastante malo. Tú puedes llevar dos o tres años trabajando con uno en la cabeza y de pronto te dicen: 'A este que se llamaba Pedro le vas a llamar Juan', y no es fácil. Nadie me pregunta por esto y les debo mucho a mis editoras.

-¿Y tus personajes, Antonia Scott o Jon Gutiérrez? ¿Esos son tuyos?

-Sí, se me da mejor poner nombres a los personajes. Los trabajo mucho, tengo toda su biografía: sé lo que les gusta comer, leer, si hacen deporte, a qué hora se levantan, cómo caminan por la calle, si tienen algún rasgo físico, enfermedades pasadas. Les hago una ficha policial completísima para saber quién es esa persona y no improvisar. Antonia Scott era Antonia Scott.

-¿Le has puesto la cara de alguna actriz?

-Sí, pero no te lo voy a decir. En realidad mezclo a tres personas vivas, algunas reales y otra famosa.

-¿Le has dado manuscritos a leer a tus hijos?

-Sí, son muy cabrones, me han salido muy gallegos, esa famosa indeterminación de si subes o si bajas, se acaba cuando hay confianza. Cuando Andrea me vio en el programa que presento, El condensador de fluzo, lo primero que me dijo fue:' Lo has hecho mejor de lo que esperaba'. El gallego es indeterminado hasta que hay la determinación de la sinceridad brutal.

-¿Hay mucho de gallego en tus libros?

-Por supuesto. He vivido diez años en la comunidad más bonita de España. El sentido del humor gallego lo reconozco muy mío, es una mezcla, a veces es más bestia, más madrileño, y otras lleva la retranca gallega. La trilogía es una saga con mucho sentido del humor. En Loba negra hay un momento en que a Antonia dice: ‘Me has echado drogha en el Nescafé'. El Tojeirismo solo lo entienden algunos.

 -Me ha sorprendido tu cambio físico y tu humor. Proyectas otra imagen.

-Ha sido un cambio muy bestia. La muerte de mis padres me transformó, descubrí —casi os enterasteis en directo en el programa de Broncano— que mis padres no eran mis padres, no biológicos, y todo eso me cambió. También conocer a mis amigos del pódcast. Yo me siento mejor. Me ha dado fuerza. El proceso de vivir es descubrir quién eres, el de escribir, descubrir cómo hablas.

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