De letrista de Alejandro Sanz a triunfar como escritora infantil

Raquel Díaz Reguera, una de las autoras de literatura infantil más reconocidas en España, publica una nueva entrega de su trilogía feminista


No entiende la vida sin música, cree que es el único idioma que hace que «seamos capaces de pasar de la alegría más desbordante al drama más tremendo» en cuatro acordes. «No hay nada que pueda cambiarte el estado de ánimo más rápidamente para bien y para mal», señala Raquel, que junto a su hermana Nuria, ha escrito muchas letras. Durante más de diez años fue letrista de Víctor Manuel, Miguel Ríos, Pastora Soler o Alejandro Sanz, entre otros. También hizo los coros de Ruido de Sabina. «Cuando llegamos a Madrid, soltamos las maletas y nos fuimos al estudio, Cinearte, donde estaba grabando Joaquín. Éramos muy amigas de Antonio García de Diego, su productor. Cuando entramos, estaban cantando la primera versión, era el año 95 o 96, y nos sumamos. Los coros somos Javier Ruibal, mi hermana y yo», cuenta Raquel.

Dice que ella no dejó el mundo de la música, sino al revés. La evolución al plano digital dejó a muchos profesionales al margen. Esto, sumado a la muerte de su abuela, «que fue un antes y un después», y que tuvo a su primer hijo, hizo que explorara otros horizontes. «Empecé a trabajar en millones de cosas, soy diseñadora gráfica, y cogí algunos proyectos, iba buscándome un poco la vida. Cuando vuelvo al mundo de los cuentos, a raíz de tener a mi primer hijo, me di cuenta de que el álbum ilustrado se había convertido en un objeto de arte. Estudié el formato y monté mi primer libro, ¿Hay algo más aburrido que ser princesa rosa?, que se lo escribo a Violeta (su segunda hija). En realidad, nunca dejé de escribir, pero lo que antes eran canciones empezaron a ser cuentos», señala.

Desde entonces, diciembre del 2010, no ha parado. Lleva más de 50 títulos a sus espaldas, casi todos escritos e ilustrados por ella, y muchos se han convertido en auténticos bestsellers. «Creo que mi virtud elaborando personajes es que consiguen generar empatía. El perfil suele ser dinámico, activo y protestón, y esto hace que se mueva un motor dentro de las clases», señala la escritora, que es recibida en los colegios como Beyoncé. «El mérito -confiesa- es de los profesores. Cuando han trabajado tu figura, tu trayectoria, te reciben como una heroína. Es otra manera de trabajar el álbum ilustrado, que va más allá del papel. Hay profes que hacen una labor espectacular. Es muy fácil entusiasmar a los niños, solo hace falta una dinámica distinta a la de la ficha».

Raquel considera a los maestros su público principal, ya que «los cuentos son herramientas para llegar a determinados temas». «Cuando a los niños les hablas en primera persona, se sienten atacados, se ponen a la defensiva, pero, si dibujas un personaje que tiene problemas o que lucha por algo, se unen a la causa y se pueden ver reflejados», explica. ¿Qué le pasa a Uma?, uno de sus títulos, es un claro ejemplo. «Trata sobre el acoso escolar, y cuando lo cuentas en el cole, enseguida ves la fotografía de la clase. Hay una jerarquía tan marcada que creo que los libros son herramientas muy útiles para hablar de ciertas cosas», apunta Raquel.

Hay algo en lo que esta sevillana no había reparado hasta que la gente se lo dijo y es que sus protagonistas siempre son mujeres. Confiesa que siente una necesidad de escribirle a su hija, pero también tiene mucho que ver el papel que han jugado las mujeres en su vida. «Quiero mucho a mi padre, adoraba a mi abuelo, pero desde pequeña siempre he sentido pasión por mi abuela, por mi madre... He visto que tenían que afrontar más allá que ellos. El motor de mi vida ha sido el entusiasmo, y he crecido con mujeres que me han dicho: ‘Si quieres, puedes’», señala Raquel, que añade que la llegada de Violeta no hizo más que empoderar esa visión femenina.

mensaje feminista

No hay duda de que sus libros son un reflejo de su trayectoria vital: mujeres entusiastas, luchadoras... Así son precisamente las protagonistas de Violeta&Co cambian el mundo, su último trabajo y la tercera parte de una saga, que la autora no da por concluida, que pone de manifiesto las diferencias entre géneros. «Desde el día que llegamos al mundo nos distinguen por unos patucos azules o rosas. Algo estamos haciendo mal, porque a partir de ahí todo es diferente. En la forma de vestir, hay una preocupación permanente por vestir a las niñas de manera delicada y frágil. Todo lo dinámico para ellos, y lo que te convierte en un florero es nuestro. Los libros de niñas siguen siendo para niñas. Sin embargo, las niñas hemos leído libros protagonizados por hombres y no tenemos ningún problema en ver, leer o hacer algo donde el protagonista sea un hombre. Son miles de cosas desde que nos levantamos», relata la escritora andaluza.

De los 53 libros que lleva publicados en apenas 10 años -hay cuatro o cinco en los que solo es ilustradora-, en la gran mayoría combina sus dos pasiones. Sin embargo, ella se siente más escritora. «Lo que más me fascina es escribir historias, consigo estar en otro planeta. Como ilustradora siento mucha envidia de mucha gente que lo hace mejor que yo, y como escritora, seguro que también la hay, pero sí creo que tengo una imaginación muy desbordada. Es curioso porque los libros que escribo e ilustro funcionan muy bien». Tan bien como el tándem que forma ella con el público.

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