Muerdo: «Baiuca y Tanxugueiras están entre lo que más me interesa»

Su quinto disco lo reafirma como figura del mestizaje, a caballo entre los Andes y el Mediterráneo, entre la sutil electrónica y lo orgánico


No hacía falta ser un lince. Fin de la primera vida tituló Muerdo su cuarto disco. Pero aconteció que la segunda vida empezó de un modo inesperadamente abrupto. El confinamiento pilló a Pascual Cantero (Murcia, 1988) al otro lado del charco y lo que iba a ser una breve estadía acabó convertida en una larga temporada introspectiva de composición. El resultado es La sangre del mundo, once canciones que transitan sin complejos por entre ritmos mediterráneos, andinos y tropicales, y que afianzan a Muerdo como una propuesta íntimamente ligada al folklore y los sonidos étnicos, a la que en esta ocasión, y despojado de prejuicios, añade sutiles ornamentaciones electrónicas.

­-No se puede decir que su «segunda vida» se iniciara conforme a las expectativas.

-Las expectativas son una cosa horrorosa. Hacen que luego no disfrutes de las cosas ni de la realidad. Prefiero el día a día.

-¿A quién pone o quiere poner voz con su voz en este disco?

-No, no quiero poner voz a nadie. Al contrario, lo que quiero es reivindicar todas las voces ya extintas, las de toda esa gente que un día emprendió el mismo camino que yo, el de expresarse a través de la música, la poesía y el arte. No busco yo poner voz a los sin voz. Eso me parece una cosa muy pretenciosa y muy antigua

-Da la sensación de que ha emprendido un viaje que, como las músicas y los cantos que le inspiran, es de ida y vuelta.

-La verdad es que sí. No existiría ningún género hispanoamericano si no hubiese existido ese tránsito entre las dos orillas. Y yo me he sumado al viaje tratando de aportar, en lo musical, ideas de este siglo.

-«América Latina es mi mejor escuela», ha dicho. ¿Qué encuentra allí que no halla aquí?

-Nada en especial. Simplemente tener un territorio de miles y miles de kilómetros en el que se habla español amplia mucho las posibilidades de expandirme. Poder trabajar en Chile, Argentina, Colombia o México a mí me cambió la vida. Ha sido de lo más grande que me ha pasado en mi trayectoria musical y personal.

-Su disco enlaza con algo que está pasando allí, que es esa fusión entre lo orgánico y lo electrónico, entre la raíz y la modernidad, pero siempre con una manera muy poética de contar las cosas.

-Sí, la idea del disco era esa, conectar lo orgánico y lo electrónico, rescatar ese folklore, acercarme a él con respeto e investigarlo. Y es cierto que es algo que está muy presente allí. Pero tengo que decir que dos de los proyectos que ahora mismo más me interesan y que van en esa dirección son gallegos: Baiuca y Tanxugueiras. Están haciendo una fusión brutal. Y dejando en evidencia que no hace falta irse a Latinoamérica, que aquí también tenemos unas raíces y un folklore maravillosos.

-Le ha quedado un disco optimista a pesar de las circunstancias.

-Yo soy un optimista empedernido. Tengo la gran capacidad de sacarle algo positivo a todo. Y eso también se refleja en mi música, evidentemente. Este es un disco muy ambiental, muy atmosférico. Curiosamente, y aún trabajando con electrónica, es el menos bailable que tengo. Pero sí que es un disco positivo. Creo que es lo que necesitamos. Ya estamos a diario bombardeados por estímulos negativos con los que nos quieren bajar la energía al piso y llenarnos de miedos. Contra esto hay que poner luz, positividad y esperanza.

-«La situación actual nos ha llenado de confrontación y odio», dice. Que lejos se ven los tiempos en los que creímos que la pandemia iba a sacar lo mejor nosotros.

-Aquella idealización de la pandemia nos vino dada por unas élites que lo que pretendían era que nos comiésemos mejor la situación. No se puede idealizar un momento en el que la gente está cerrando sus negocios o no tiene para comer. No, de esto nadie sale mejor. Al contrario, la pandemia ha sacado lo peor de nosotros.

-En sus canciones no elude temas sociales pero los reviste de poética. ¿Es un disco más humanista que ideológico?

-Totalmente. Es que estoy hasta el coño de la ideología. Es que vivimos en un mundo en el que constantemente nos están confrontando. Nos mandan a pelearnos entre nosotros a las redes sociales mientras ellos se toman las cañas juntos en el bar del Congreso. Y además es que no quiero que mi voz sea utilizada. Ni por ningún grupo político ni por ningún colectivo social. Me niego a comprar esos packs ideológicos que nos venden. De si eres feminista, tienes que ser feminista, vegano, animalista, antitaurino... Pues no, prefiero tener mi propio criterio y expresarlo de la manera que considere correcta.

-En «Si lo crees» se marca un estriptis integral en toda regla.

-Sí, es algo me ruborizaba y me daba mucho pudor. Pero creo que está justificado. Es un mensaje, sobre todo a la gente que empieza ahora. Yo me pongo en la situación de que si aquel 2011, cuando me fui a Madrid con una mano delante y otra detrás, hubiera sido este 2021, me querría matar. La situación es dantesca para un cantante que empieza su carrera. Por eso quería dar ánimos a la gente que empieza ahora y contar mi historia. Porque es una historia de superación, en la que ha habido momentos jodidos, pero a pesar de ello, aquí estamos.

-Hay que ir pensando en dejar de lado el término de cantautor al hablar de Muerdo.

-A ver, yo empecé en el circuito de los cantautores, le estoy muy agradecido y tengo muchos amigos en ese mundo. Pero yo, la verdad, no me siento representado dentro de ese término. Tampoco es que reniegue ni lo estigmatice. Simplemente hoy no me representa. Creo que hago algo más rico musicalmente, más mestizo, más étnico, que se sale de lo cantautoril.

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