Amor y música, ¿un idilio roto?

Grande Amore, Rozalén, Cora Velasco y Tony Lomba nos hablan de su relación con la canción de amor y de cuáles son sus favoritas


S i hay un género que ha conseguido surfear todas las tendencias que se han ido sucediendo a lo largo de la historia la música popular, es, sin duda, el de la canción de amor. Desde aquel romanticismo colorista, naíf e idealizado de los 50, pasando por la elegancia crooner de los 60 y el infinito caudal de sentimentalismo musical que llegó desde la otra orilla del charco (boleros, rancheras, bossa nova...), la maleva poética de los cantautores setenteros, el auge apasionado de la canción melódica de los 80 o la ardiente arribada de la escuadra italiana y toda su secuela de latin lovers, hasta llegar a los últimos y solitarios románticos finiseculares., una especie en peligro de extinción.

 Y es que semeja que la música del siglo XXI pretende despojarse del amor como de la caspa. O por lo menos de determinado concepto del amor. Basta con detenerse un minuto en las letras de cualquiera de las canciones más escuchadas en la última década. Pasión y sexo perraco, el que quieras. ¿Amor? Pasopalabra.

¿Se ha roto definitivamente el idilio entre la música y el amor? «Non o creo», dice Grande Amore, músico compostelano que ya lleva en su nombre toda una declaración de principios. Si bien, reconoce, es necesaria una actualización del género. «Soar hoxe como Los Pecos ou Franco Battiato é impensable. Pero recuperar aquel espírito é super guai».

Y lo dice él, que junto a Ortiga y firmado como Los Rastreadores, acaba de publicar un disco en el que juega con el pop, el rock y el tecno de los 80 bajo la premisa de no dejar de parecerse a todas esas personas que le cantaban a la fiesta y al amor mucho antes de que él naciese.

De entre sus artistas del género predilectos destaca a Nino Bravo. «Cando souben que morrera, ralleime. Debía ter 6 ou 7 anos. Díxenlle aos meus pais 'morreu o máis grande'».

Deja Grande Amore en el aire un deseo: «Oxalá houbese un Tony Lomba na nosa xeración». Así que recurrimos a la fuente original. El crooner vigués de la voz rota, el máximo exponente de la canción ligera perversa y canalla, confiesa que él, en realidad, es más de desamor. «Cuando estás enamorado te vuelves un poco baboso. Pero cuando te están tirando del tuétano es cuando de verdad creas». De hecho, añade, «en la historia de la música hay muchas más grandes canciones de desamor que de amor».

Reconoce Tony Lomba, no sin cierto desaliento, que la canción romántica y la melódica están en su momento más bajo. «No hay sutileza. Y si algo yo no soy, es cursi. Pero ahora todo se reduce a frotar».

Y establece como el episodio más sublime del género el Bella stronza (Bella idiota), de Marco Masini. Sin olvidarnos de su otro gran ídolo, Nino Bravo.

Canciones con nombres propios

También Rozalén se decanta por el desamor como estado más inspirador a la hora de crear. «Confieso de entrada que yo no soy muy romántica», advierte. «Pero cuando estoy enamorada estoy más pendiente de amar que de escribir o de componer. Sin embargo, el desamor y la tristeza son muy inspiradores. Porque es cuando una está pa dentro. Estás como más recogidica».

Reconoce la artista manchega que es desde la melancolía y desde la tristeza, «en los días grises», cuando más inspirada se siente. «Pero aun así, cuando escribo de desamor me gusta hacerlo con guasa, con despecho, así como divertido».

No son muchas las canciones románticas que Rozalén lleva grabadas a fuego en su ADN. «Las que más me han llegado son las que cuentan historias, en las que pasan cosas concretas. Historias de una noche, historias de un romance... Se me vienen a la cabeza Y nos dieron las diez, Ojos de gata, El muelle de San Blas... No tanto canciones de esas de 'te echo de menos, me muero por ti', sino aquellas que narran historias que tienen nombres propios».

Tampoco presume de romántica, al menos en su quehacer musical, la pontevedresa Cora Velasco. «Hablas con alguien que no ha escrito nunca una canción de amor», advierte de entrada. «Y a la que ni siquiera le gustan los modernos románticos, tipo Quique González y demás».

Sin embargo, no esconde Cora que, a sus 29 años y en determinados contextos, puede llegar a sentirse atraída por la canción de amor, especialmente por aquellas más explícitas y horteras. «Con 15 años no puedes decir que te gusta Bailar pegados. Pero de repente se te despierta algo que estaba escondido y dices 'fuera complejos'. A ver, no es la música que pongo en los auriculares cuando voy por la calle, pero el otro día me descubrí en casa escuchando y cantando el Corazón partío».

Sobre el porqué su generación le ha dado la espalda al género, Cora Velasco sostiene que «a lo mejor es porque lo han escuchado demasiado en casa. Y de lo que están más necesitados es de algo más explícito, más de revolución sexual». Pero, añade: «No me hagas demasiado caso. Yo soy una rara avis».

Quien sabe, quizá no tanto.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

Amor y música, ¿un idilio roto?