Celso Bugallo: «Tengo un premio mejor que el Goya»

Quiso ser James Dean y entre los papeles que le ha dado su oficio elige el de «Los lunes al sol». Hoy estrena «El arte de volver», único filme español en el Festival de Venecia, confiesa a qué película votó para el Oscar y nos sorprende: «No tengo televisión, ni siquiera señal»


Celso Bugallo (Sanxenxo, 12 de marzo de 1947) tiene un cariño especial por dos personas que fue: Amador, de Los lunes al sol, y José, de Mar adentro, que le dio el Goya en el 2005. No se fíen de Wikipedia en su fecha de nacimiento. No nació el 1 de enero, como dice la enciclopedia online, sino el 12 de marzo. Su número, cuenta, es el 47, y su color, todos. «Amo todos los colores», dice con amplitud. Hoy, el que fue padre de Sito Miñanco en Fariña estrena El arte de volver, la única película española este año en el Festival de Venecia. ¿Qué tiene de especial El arte de volver?, ¿qué le atrapa como espectador? «Yo no la he visto todavía. Rodé durante la primera semana de marzo y la particularidad es que la secuencia que teníamos que hacer Macarena García y yo tenía una duración de 23 minutos sin interrupción. Estuvimos casi una semana preparando esta secuencia tan bonita e importante para la película, ¡y fue una experiencia estupenda!, estar 23 minutos rodando sin que digan: 'Corten'».

­-Es una peculiaridad infrecuente...

-Sí, es infrecuente. Me gustó esa característica de la secuencia, que es poco habitual en el cine, y ha ido todo bien. Hemos logrado conferirle un nivel de calidad y de realidad a ese momento.

­-¿Cómo le llega este papel para el largometraje debut de Pedro Collantes y por qué dice que sí?

-Pedro me llamó no sé por qué. Me dijo que estaba muy ilusionado con que yo participara en ella.

­-«La vida es una, y hay que estar donde uno quiere estar», dice su personaje. ¿Siente lo mismo? ¿Le ha dicho eso a alguien en algún momento de su vida?

-No he tenido la oportunidad de comentárselo a nadie. Pero sí, sí estoy de acuerdo con esa forma de pensar de una persona mayor que tiene un recorrido importante en vivencias. Y creo que es una frase natural. En la película, él se lo dice a su nieta (Macarena García), a la que ve muy preocupada respecto a qué hacer con su vida. Una frase de aliento.

­-Lo curioso es que la pregunta que se hace ella es «¿Dónde quiero estar?». ¿Se ha sentido alguna vez sin saber cuál era su lugar?

-No exactamente, pero creo que he intentado acercarme a ese sentimiento.

-«El practicante», que hemos devorado este año en «streaming», ha sido otro de sus estrenos del año, junto a Mario Casas.

-Pues en El practicante me ocurrió lo mismo que en El arte de volver. El director, no sé por qué, decidió escogerme para hacer el papel del vecino.

-¿Qué tal el rodaje con Casas?

-No pensé que podía ser tan interesante trabajar con él. Por la opinión que se había generado en torno a él, por sus películas anteriores, no me convencía demasiado, pero cuando vi lo que hacía trabajando con él me convencí de que podíamos hacer un trabajo estupendo. Él abarcaba un personaje que nunca había hecho en su carrera, diferente. He visto en él cosas realmente extraordinarias.

-¿Estamos viendo nuevo talento y garra en el producto audiovisual español?

-Yo creo que sí, que nuestro cine está muy bien de salud. Este período de nuestra historia ha logrado mejorar los guiones, la actuación, la calidad... Estamos viviendo un momento importante a pesar de la rareza que nos toca.

-¿Es de los optimistas, cree que aprenderemos algo tras el bofetón de la pandemia?

-Toda experiencia lleva consigo un conocimiento, aprendizaje. Puede ayudarnos a enfocar mejor la vida desde el punto de vista social, humano. Creo que no hay mal que por bien no venga. Saldremos adelante. Lograremos vencer esta pandemia.

-Es gallego, pero el flechazo con la vocación lo vivió en Logroño...

-Fue en Logroño, sí. Allí descubrí el teatro, porque mis padres emigraron en los años sesenta y los hijos nos fuimos con ellos. Son circunstancias de la vida, y que a veces favorecen mucho el desarrollo de la persona. Muy joven, en un momento de soledad y reflexión me dije: «¡Ya sé a qué he venido a este mundo!».

-¿Fue de adolescente?

-Con 22 años.

-Pero antes, a los 16, vio «Rebelde sin causa» y Dean le cambió la vida.

-Sí, pero eso fue en Bilbao, antes de vivir en Logroño. Ver a James Dean en ese trabajo me impresionó, me marcó muchísimo. Me fascinó la personalidad del intérprete y eso cambió mi vida. Luego, me empecé a interesar por otro tipo de cosas, de películas, empezaron a gustarme los personajes de Marlon Brando... A lo largo del tiempo, vas fijándote más, vas cambiando un poco, sacando conclusiones de cómo es este oficio.

-¿Cómo es?

-Interesante, bonito, estupendo.

-¿No le ve ningún pero?

-¡No, ninguno! Al contrario.

-¿Si volviese a nacer, sería actor?

-Yo creo que sí. Ser actor es estupendo, y este oficio cumple con una necesidad importante desde el punto de vista social, enseña cosas sobre el ser humano, sobre la vida... Y las cuenta de una forma sincera, honesta. Creo que el cine favorece la cultura y el pensamiento.

-¿Qué papel suyo es su favorito?

-El que más me ha gustado ha sido el de Amador en Los lunes al sol, del que estoy más orgulloso. Y también el de José, el hermano de Ramón Sampedro.

-¿Dónde tiene el Goya?

-En un sitio muy visible, en casa, encima de un mueble, como otros premios... Ahí está, como cualquier otra cosa, eh. Puede venir un fontanero o un técnico a casa y no se da cuenta de que hay un Goya ahí.

-¿Es el premio que más quiere?

-No, tengo un premio mejor... Un escrito de Fernando León, uno de sus storyboards. Lo tengo guardado, eso no lo hace cualquier director de cine con un actor.

-¿Con qué director repetiría?

-Voy a hacer memoria. Con Fernando, y con Amenábar, ¿por qué no?

-¿Está enganchado a alguna serie?

-No. De hecho, yo no tengo televisión. Tengo un equipo mínimo de cine para, como académico, poder ver las películas de los Goya. Pero no tengo señal televisiva de ningún tipo.

-¿Qué le pide al 2021?

-Yo lo que le pediría al 2021 sería un par de trabajillos más, salud y buen apetito.

-En el cine empezó con 52 años. ¿Por qué tantos años después del teatro?

-No sé explicarlo. Pero recuerdo que estaba en Ámsterdam y José Luis Cuerda me estaba buscando. Llamaron a mi madre y ella fue la que me dio la noticia de que Cuerda me estaba buscando para un trabajo, ¡y me vine corriendo para Galicia! Tuvimos los dos una conferencia en Allariz y me dijo: «Tienes que cortarte el pelo». Ahí conocí a José Luis y a Fernán Gómez. Me pareció un milagro.

-¿Tiene el cine gallego una personalidad que promete recorrido?

-Sí. Las esperanzas e ilusiones que tiene un director de un determinado país están ligadas a la singularidad del espacio. Creo que esto ahora se está desarrollando con fuerza. Se ve con La isla de las mentiras o con O que arde.

-¿Tiene más cabida hoy el «cine frágil» del que habla Oliver Laxe?

-Hay un cine que tiene que luchar mucho para poder ser visto, y eso siempre ha ocurrido. Pero quizá ahora ocurre menos. Ahora confiamos en que ese cine merece la pena.

-¿Qué opina usted, le darán el Oscar a «La trinchera infinita»?

-Yo no voté por ella, voté por O que arde.

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