Ainhoa Arteta:  «Soy visceral, tengo pronto y hasta soy un poco palabrotera»

La soprano es la invitada estelar del festival Ikfem, de Tui, en el que actúa el miércoles. Arteta ofrecerá un recital de «canciones del recuerdo» de músicos del XIX


Mujer de armas tomar, en lo artístico y en lo personal, nunca ha sido Ainhoa Arteta (Tolosa, 1964) de las que fácilmente se dejan encasillar. A la intensidad lírica de su trayectoria añade la soprano desde hace una semanas otra más mundana y banal, desde las cocinas de Masterchef. El miércoles 7, en el teatro de Tui, propone un viaje por las «canciones del recuerdo» con grandes autores del repertorio español (Enrique Granados, Antón García Abril, Ernesto Halffter, Guridi...), acompañada al piano por Javier Carmena. ­

—¿Es el piano la compañía perfecta para la voz?

—Hombre, hay muchas compañías para la voz, pero para un recital, el acompañamiento perfecto es el piano, por supuesto.

—Ha elegido un repertorio que titula «Canciones del recuerdo». ¿Qué tienen esas canciones?

—Tienen muchas raíces. Y en un momento tan difícil para la cultura como el que estamos vivimos no nos podemos olvidar de nuestras extraordinarias raíces culturales. Son la base de todo.

—¿Cómo está afectando esta crisis a la música culta?

—Pues estamos intentando hacer todo lo que está en nuestras manos para cumplir los protocolos que nos imponen. Y te aseguro que hoy en día si en algún sitio uno no se puede contagiar, es en un teatro. Así que lo vivimos con ilusión pero con una angustia tremenda todo el día, porque los mensajes son continuamente cambiantes. Hoy [por el jueves], estreno La Tempranica en el Teatro de la Zarzuela, y mañana [por el viernes] El barbero, de Falla. Y estamos temblando porque nunca sabes si al día siguiente se va a poder abrir el teatro o no. Pero la incertidumbre ya no es solo a nivel cultural. Es que se están cargando la economía del país. La economía y la cultura sí que están en la uci.

—Ha anunciado que en el concierto de Tui irá vestida de Agatha Ruíz de la Prada…

—Es que la admiro muchísimo, me parece un icono de la moda española. Hace mucho tiempo que le vengo diciendo que me gustaría vestirme con su ropa y mira, ha llegado la ocasión. Me encanta Agatha porque le pone color a la vida.

—Un ropaje moderno para una música clásica.

—Sí, pero es que este repertorio de música clásica es el repertorio más moderno que ha tenido España. Todo lo contemporáneo, lo rompedor y lo moderno, no solo en música sino en las artes en general, surgió a partir de esta era. Por lo tanto, en ese afán rupturista y luchador, estos compositores y Agatha tienen mucho que ver.

—Y de la música actual, ¿hay algo que le interese?

—Claro que sí. Pero soy consciente de que hay músicas que aún tienen que crecer en mí. Soy de las nunca prejuzgo, sobre todo con el arte. Por eso, aunque hay ciertos géneros que me chirrían pero los respeto y pienso «seguramente necesito tiempo para que me entren». Tengo muy claro que los artistas, da igual en la música que en la pintura o en arquitectura, siempre van por delante del hombre de a pie. Y si cada vez que presentaron sus obras hubiesen hecho caso al sentir popular nunca habríamos avanzado.

—Su último disco está dedicado a las canciones de «La otra orilla». ¿Qué tiene la música popular lationoamericana que tanto la seduce?

—Son canciones que tienen mucho que ver con la pasión. La música popular vasca o la gallega tienen más que ver con la tristeza o con cierto bucolismo. Sin embargo, la cultura musical latinoamericana nos llegó cargada de pasión. Yo siempre digo que era la canción protesta de aquella generación. Yo recuerdo escuchar cantar estas canciones a mi madre en la cocina con unas ganas…

—En su cuenta de Instagram se define como «mujer, soprano y madre». ¿Por ese orden?

—A ver, mujer sí porque evidentemente lo soy. Soprano, porque antes de que llegaran mis hijos ya era cantante. Y madre, por supuesto. Si la gente supiera lo que es ser soprano y madre… Eso sí que es un triple salto mortal. Nuestra profesión es muy sacrificada para todos, pero los hombres lo viven con una ayuda extra, que son sus mujeres. Nosotras lo tenemos más difícil. Es muy complicado que un hombre que esté a nuestro lado asuma el rol que le corresponde.

—Siguiendo con sus redes sociales, hace unos días compartía un texto de Walt Whitmen que decía «No dejes nunca de soñar». ¿Cuál es su sueño ahora?

—Pues mira, no es actuar en no sé qué teatro, ni nada de eso. A nivel personal, mi sueño es poder seguir disfrutando de lo que más me gusta, que es cantar y estar con mis hijos. Y a nivel más general, es que los seres humanos abandonemos el egoísmo y esa obsesión que tenemos por complicarlo todo. Pero bueno, eso más que un sueño es una quimera.

—¿«Masterchef» ha hecho que asome su vertiente más visceral y pasional?

—A ver, ese programa está grabado y de muchas, muchas horas de grabación se extraen solo unos minutos. Yo en los dos primeros programas no me reconocía. Ni yo, ni la gente que me conoce. Decía «no, esa no soy yo». Es cierto que soy muy visceral, que tengo un pronto, que tengo carácter y hasta que soy un poco palabrotera, pero no soy nada rencorosa ni de malos rollos. Y soy una mujer divertida a la que le encanta reírse. Y en los primeros programas no aparecía ni una sola imagen en la que estuviera riéndome. Por fin en el tercer programa ya se me ha visto reír y se ha visto un poco más lo que soy yo.

—¿Por qué se decidió a participar en el concurso?

—Pues porque se cancelaron todos mis conciertos. Y tengo tres personas que dependen de mí. Y como no me gusta echar a nadie dije «pues voy a hacer lo que nunca pensé que haría». Es cierto que alguna vez había pensado que si me metía en un programa sería en este, por lo bien que cocinaba mi madre y la rabia que me daba que yo no supiera ni pelar una puñetera cebolla. Pero es que para estar en Masterchef necesitas mucho tiempo. Hacer este programa habría sido incompatible con mi actividad de conciertos y galas.

—¿Y qué se lleva de él?

—Primero, he aprendido a cocinar, que era mi meta. Y me llevo también muchísimos buenos momento y muchas risas. Estando todos los días con Flo, con Josie y con la Terre, es que no puedes parar de reírte. Al final ha resultado ser un regalo. Y no te puedo contar más porque el resto de la información la tengo encriptada.

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