Emma Ríos, multiinstrumentista al lápiz

«Bella muerte» merece un lugar aparte en la estantería, junto a los cómics inclasificables. Por su tercera entrega, «La rata», la dibujante gallega se ha llevado un Eisner. Así es esta obra

La portada de la última entrega de Bella Muerte, por la que Emma Ríos se ha llevado un premio Eisner, entre dos páginas del libro
La portada de la última entrega de Bella Muerte, por la que Emma Ríos se ha llevado un premio Eisner, entre dos páginas del libro

Resultaría tentador colocar Bella muerte, la serie que están realizando la estadounidense Kelly Sue Deconnick y la arousana Emma Ríos, en la estantería de cómics junto a otros wéstern. Resultaría también fácil optar por llevarlo al lado de los del género fantástico. O al de detectives, la novela negra. Pero lo más conveniente es ponerlo en un lugar aparte, donde se encuentran los inclasificables. Esos que no conviene perder de vista y cuya segunda lectura esconde algún respingo.

Es esta una obra extraña, sí, que exige concentración al lector, también, pero que supone una enorme gratificación para los amantes del noveno arte. Porque eso es lo que supone este trabajo: la expresión máxima de la narrativa del cómic. Reivindicando los recursos propios del género, tanto en el guion como en la ejecución técnica y en el coloreado final (de Jordie Bellaire). Bajo un argumento inspirado inicialmente en el oeste, con pinceladas góticas y detectivescas, con saltos en el tiempo y el espacio entre Estados Unidos y Francia, Deconnick y Ríos van montando un cómic-cebolla con varias capas alrededor de una serie de muertes que en esta tercera entrega, La rata tiene momentos sublimes. De entrada, por su portada la dibujante gallega se ha llevado uno de los últimos Eisner, los galardones más relevantes del sector en Estados Unidos (la gran potencia mundial del cómic, con permiso de Francia y Japón). Ya estuvo nominada antes por esta misma serie, por esa capacidad de síntesis en la capa del libro. Lo que viene detrás de esa presentación es un dibujo exigente (consigo misma, pero también con el lector), donde conviene detenerse para no perder el ya de por sí complejo argumento de Bella muerte.

Emma Ríos en una foto del 2015
Emma Ríos en una foto del 2015

Este La rata que acaba de sacar al mercado Astiberri -igual que los otros dos tomos- arranca de nuevo con esas dos inquietantes figuras, una mariposa y un conejo, que sirven de narradores para llevar ahora la historia hasta Los Ángeles, para meternos en la casa de un espiritista a quien le llevan la noticia de la extraña muerte de su sobrina, uno de los elementos que vienen de capítulos anteriores (aviso: no se pueden leer independientemente estos cómics, a riesgo de perderse desde la página uno).

Lo que viene después es una interrelación entre dos mundos, los vivos y los muertos, una cinta de película inconclusa y el Hollywood de sus primeros años. En la trama se siguen intercalando pasajes secundarios en los que Emma Ríos demuestra su capacidad para ponerse la piel de dibujante con varios estilos, una suerte de multiinstrumentista, moviéndose entre la ilustración a página completa para relajar la tensión, hasta dobles páginas construidas al detalle.

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