Sandra Ollo, editora de Acantilado: «Se estaban perdiendo libros extraordinarios»

El sello de los lectores exigentes cumple 20 años demostrando que la buena literatura vende, incluso en plena lucha contra la pandemia


Una figura lanzándose al vacío cual tuffatore. El logotipo de Editorial Acantilado es sugerente. Cuando el siglo XX se despedía, el profesor de literatura y artífice de Quaderns Crema, Jaume Vallcorba, fundaba una editorial para el lector exigente. Era diciembre de 1999 y el salto parecía suicida. Acabados impecables en duradero papel italiano que tienden la mano a contemporáneos europeos apenas traducidos aquí. Nombres que se combinan con nuevos escritores en lengua castellana en un diálogo «claro y transversal», desliza Sandra Ollo (Pamplona, 1972), desde el 2014 al frente de la casa de las portadas negras con encabezados rojos y naranjas. El coronavirus es la muesca en una cifra redonda: 20 años en los que han comprobado que autores como Montaigne o Stefan Zweig, además de clásicos, conservan su gancho.

­-¿Hay un plan de choque en Acantilado ante el COVID-19?

-Es un momento de los más difíciles que nos ha tocado vivir, pero lo encaramos con serenidad y paciencia. Gestionar la incertidumbre es un reto. Hemos hecho un plan de tesorería ajustadísimo y una reordenación de la programación.

-Con las librerías cerradas, no se pueden comprar libros, pero sí en su web.

-Sí, pero esas ventas son muy menudas. La editorial está cerrada y servimos los escasos pedidos que entran como podemos.

-¿El encierro puede ser una oportunidad para reencontrarnos con los libros?

-Ojalá sea cierto. Muchos lectores han redescubierto la extraordinaria compañía vital que suponen. Una situación de encierro nos puede servir para pensarnos mejor. A menudo justificamos muchísimas omisiones de nuestro modo de vivir con el «no tengo tiempo». ¿Y qué hacemos ahora con él? Es una pregunta que nos deberíamos hacer todos.

-¿Alguno de los autores que recuperaron llegó a anticipar una situación así?

-Tenemos un libro extraordinario de Rafael Argullol, La razón del mal, que describe una situación muy similar a la presente. El desarrollo del argumento de la novela es escalofriantemente igual a lo que sucede hoy. Es una reflexión sobre cómo somos, como sociedad y como individuos.

-¿Qué libro recomienda para estos días?

-Acabo de leer Otra vida por vivir, de Theodor Kallifatides, publicada en Galaxia Gutemberg. Me ha encantado. Ahora estoy con La vida en tiempo de paz, de Francesco Pecoraro, de Periférica y es un libro extraordinario. De nuestro catálogo, cualquiera de ellos. En todos se encontrarán respuestas para vivir mejor, para entender más, para ser más libres.

-¿Cuántos títulos editan cada año? ¿Cuál es el filtro que han de pasar?

-Sobre 40 y hacemos cerca de 100 reimpresiones. Lo que buscamos es sencillo: buenos libros. Los editores tenemos una gran responsabilidad con los libros que ponemos en las librerías y ofrecemos a los lectores. El cribaje y la selección se hacen fundamentales. Pero hay muchas formas de entender la edición. Desde luego, nuestra manera de hacer es otra: ofrecemos al lector no lo que quiere, sino aquello que todavía no sabe que quiere. Le invitamos a descubrir, a que nos secunde en nuestro viaje, a que charle con nosotros a través de los libros. Se publica demasiado, sí. Hay muchísimos libros que no tendrían que llegar a las librerías.

Lo que buscamos es sencillo: buenos libros. Tenemos una gran responsabilidad con los libros que ponemos en las librerías

-El fundador, el fallecido Jaume Vallcorba, dijo en 1999 que se dirigían al lector «exigente». ¿Cómo es ese lector?

-Aquel que quiere ir más allá de lo evidente. El que necesita algo más, aquel al que no le intimida un nombre impronunciable en una cubierta, aquel que vive con asombro el mundo y quiere entenderlo, el que aspira a lo bello y a pasarlo bien.

-Tolstói, Roth, Iordanidou... ¿El lector de hoy quiere, y compra, a estos autores?

-¡Por supuesto que los quiere! Lo que sucede es que en ocasiones no sabe que los quiere. En otros casos, los teme, cree que son autores «complicados». Nosotros se los acercamos con traducciones cuidadas y limpias y en una edición que acompaña la lectura, en lugar de dificultarla. Decimos que el esfuerzo vale la pena.

-¿No se vendía bien a los clásicos?

-Creo que, a menudo, se presentaban al lector ediciones poco atractivas y empecinadas en marcar una distancia, apartados de notas muy prolijas y estudios sesudos y académicos que parecían circunscribir el libro a un ámbito muy concreto: el del estudio. El lector se alejaba, se asustaba y se perdía libros extraordinarios que, presentados de otra manera, que no quiere decir menos rigurosa pero sí más amical, le son fundamentales. Al fin y al cabo, el adjetivo «clásico» aplicado a un libro no se refiere a los años transcurridos desde el momento de su publicación, sino a un texto que se tiene por modelo y que merece ser leído y considerado.

Selma Ancira: «Saber vivir la vida es una obligación, eso es lo que quiso decirnos Tolstói»

mila méndez

El nuevo fenómeno literario lo firma un clásico, y es el libro con el que el maestro ruso renegó de éxitos como «Guerra y Paz» o «Ana Karenina»

Con un padre actor, en su casa los dramaturgos rusos eran como unos tíos que vivían en otro pueblo y de los que se hablaba con familiaridad. Cuando llegó el día de escoger carrera, Selma Ancira (México, 1956) determinó que había llegado el momento de conocerlos. Así llegó al ruso. Cartas del verano de 1926 la empujó a la traducción. Era una necesidad compartir con los lectores hispanohablantes aquel universo que había descubierto. La traductora de Pushkin, Dostoyevski o Pasternak, galardonada este año con el Premio Hispanoamericano de Traducción Literaria, ha hecho posible la publicación, por primera vez en español, del único libro con el que Lev Tolstói quiso ser recordado, El camino de la vida (Acantilado). De todas las citas del maestro ruso, ella ha fijado una en su muro de Twitter. «Cuanto más verdaderamente sabio es un hombre, más sencillo es el lenguaje en el que expresa su pensamiento». Trata, dice Ancira, «sobre la sencillez de la sabiduría».

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