40 años de un disco que fue grabado a tiros

Iba a ser el álbum que cambiase la historia de la música, pero los Ramones y Phil Spector terminaron casi a bofetadas


Acaban de cumplirse cuarenta años de la publicación del disco que Phil Spector produjo para los Ramones: End of the century. El que fue en su momento el disco de la banda neoyorquina más caro de producir -con un coste 35 veces mayor que sus discos anteriores- y el que más vendió tras su salida al mercado (aunque a la larga su álbum debut le superó con creces) es recordado por el maravilloso puñado de canciones que contiene pero, sobre todo, por la leyenda que se creó alrededor de su tortuoso proceso de grabación.

Todo indicaba que sería un disco único, llamado a cambiar el rumbo de la música pop. Los mimbres eran perfectos. Por un lado, el productor con más renombre de la historia, el creador del muro de sonido y de las Ronettes, autor de un sinfín de clásicos del pop que contaba en su currículo con haber producido el mismísimo Let it be de los Beatles. Y por otro, el grupo más influyente del momento, unos neoyorquinos que tras pisar Inglaterra pusieron patas arriba el aristocrático panorama musical británico propiciando la aparición de una generación de andrajosos roqueros a la que se llamó punk. Phil Spector con los Ramones. No se podía pedir más, excepto un poco de cordura.

La banda había visto en la propuesta una oportunidad única para dar el salto definitivo a las listas de éxitos en Estados Unidos. No terminaban de cuajar en su propia casa. Y no parecía descabellada la colaboración, teniendo en cuenta que lo que hacían básicamente los Ramones eran canciones pop perfectas al estilo de las Ronettes, pero tocadas a toda pastilla. Sobre todo cuando el productor aseguraba que «los Ramones van a ser lo más grande desde los Beatles con este disco», según cuenta Ed Stasium, ingeniero de sonido de la banda, en el libro De gira con los Ramones, escrito por el road mánager del grupo, Monte A. Melnick. Pero el precio a pagar era alto. La grabación se hizo a base de tiros de todo tipo, con un Phil Spector cargando constantemente con cuatro pistolas y metiéndose por la nariz todo cuanto quedaba a su alcance para aguantar días y noches sin dormir. Un ambiente sano de trabajo, en resumen.

Admirador ferviente del productor

Spector tenía especial predilección por el cantante del grupo, Joey, un ferviente admirador del productor desde su infancia. Tanto es así que solía denominar a la banda como Joey y los Ramones. Y lo cierto es que la voz de Joey jamás sonó mejor, abriéndole nuevas posibilidades en temas con las revoluciones bajadas como Danny Says o la versión de Baby I love you, canción compuesta por el propio Spector e interpretada originalmente por las Ronettes. Ese tema es un buen ejemplo de lo que fue la grabación del disco: «Los Ramones ni siquiera tocamos en ese tema. Es una canción de Joey como solista», afirmaba cargado de amargura el guitarrista Johnny Ramone en su libro Commando, en el que describe la terrible experiencia de grabar con Spector, especialmente el acorde inicial de Rock n' Roll Highschool: «Me tuvo dos días tocando los acordes de apertura una y otra vez, así durante tres o cuatro horas seguidas. Hasta que le dije: 'Me voy', a lo que me contestó: 'Tú no te vas a ninguna parte'. Yo le repliqué : '¿Qué vas a hacer, dispararme?' Yo quería irme, pero ahí estaba ese hombrecillo con alzas en los zapatos, una peluca y cuatro pistolas, una en cada bota y dos en las sobaqueras», cuenta en su libro. La única manera que tuvo Johnny de escapar de aquella situación fue recibiendo la noticia de la muerte de su padre. «Al menos así saldré de aquí», le dijo a su mánager cuando este le dio la noticia. Según el ingeniero de sonido Ed Stasium «Johnny tocó This ain't Havana 353 veces exactamente. Lo tengo anotado en el diario de grabación». Así que la desesperación del guitarrista era cuanto menos comprensible.

El bajista Dee Dee Ramone fue, aun así, el que se llevó la peor parte. Spector le cogió especial manía y aseguraba que le había llegado a encañonar, cosa que el batería Marky Ramone pone en duda en su biografía Punk Rock Blitzkrieg: «Estando yo presente nunca apuntó a Dee Dee ni a nadie. Alguna vez sí que llegó a empuñar la pistola, pero no nos apuntó», aclara. Las cinco semanas que duró la grabación fueron definidas por el grupo como un secuestro ejecutado por un loco: «Phil nunca comía ni dormía. Supongo que era todo coca», aventuraba Johnny.

El resultado, para colmo, no fue el esperado. Y no tanto por la colección de canciones que contiene, a pesar de que el guitarrista aseguraba que «el disco contiene lo peor de cuanto hicimos. Ni siquiera tocamos en él, lo hace la Wrecking Crew (los músicos de sesión de Spector)». En eso último no le faltaba razón, pero los temas que contiene se convirtieron en clásicos inmediatos del repertorio de los Ramones. Eso sí, el disco no vendió lo suficiente en EE. UU. como para retirarse, que era lo que esperaba Johnny: «Se hizo visible que jamás seríamos el grupo de grandes éxitos que yo quería que fuésemos», afirmaba resignado. Hasta la portada, con una foto de Mick Rock en la que salen por primera vez son su chaqueta de cuero, enfadó al guitarrista.

Al final los Ramones no fueron los nuevos Beatles y Phil Spector solo volvió a verse rodeado de público en el juicio en el que le condenaron por asesinato. Pero a pesar de todas las penurias y del odio visceral que le guardaron siempre algunos miembros del grupo, hay que reconocer que End of the Century es una obra única que contiene los mejor de dos mundos incompatibles.

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