40 años de un disco que fue grabado a tiros

FUGAS

Iba a ser el álbum que cambiase la historia de la música, pero los Ramones y Phil Spector terminaron casi a bofetadas

06 mar 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Acaban de cumplirse cuarenta años de la publicación del disco que Phil Spector produjo para los Ramones: End of the century. El que fue en su momento el disco de la banda neoyorquina más caro de producir -con un coste 35 veces mayor que sus discos anteriores- y el que más vendió tras su salida al mercado (aunque a la larga su álbum debut le superó con creces) es recordado por el maravilloso puñado de canciones que contiene pero, sobre todo, por la leyenda que se creó alrededor de su tortuoso proceso de grabación.

Todo indicaba que sería un disco único, llamado a cambiar el rumbo de la música pop. Los mimbres eran perfectos. Por un lado, el productor con más renombre de la historia, el creador del muro de sonido y de las Ronettes, autor de un sinfín de clásicos del pop que contaba en su currículo con haber producido el mismísimo Let it be de los Beatles. Y por otro, el grupo más influyente del momento, unos neoyorquinos que tras pisar Inglaterra pusieron patas arriba el aristocrático panorama musical británico propiciando la aparición de una generación de andrajosos roqueros a la que se llamó punk. Phil Spector con los Ramones. No se podía pedir más, excepto un poco de cordura.

La banda había visto en la propuesta una oportunidad única para dar el salto definitivo a las listas de éxitos en Estados Unidos. No terminaban de cuajar en su propia casa. Y no parecía descabellada la colaboración, teniendo en cuenta que lo que hacían básicamente los Ramones eran canciones pop perfectas al estilo de las Ronettes, pero tocadas a toda pastilla. Sobre todo cuando el productor aseguraba que «los Ramones van a ser lo más grande desde los Beatles con este disco», según cuenta Ed Stasium, ingeniero de sonido de la banda, en el libro De gira con los Ramones, escrito por el road mánager del grupo, Monte A. Melnick. Pero el precio a pagar era alto. La grabación se hizo a base de tiros de todo tipo, con un Phil Spector cargando constantemente con cuatro pistolas y metiéndose por la nariz todo cuanto quedaba a su alcance para aguantar días y noches sin dormir. Un ambiente sano de trabajo, en resumen.