La revolución librera de Galicia

A veces muere una poeta y nace una librera. Gloria Fuertes ha abierto librería en Lugo, y es una de las últimas audaces en apostar por los libros en un «pequeño acto de rebelión». En el Día Internacional de las Librerías, ellas enseñan sus armas


Pregunten a un librero por qué lo es, por qué se ha decidido a abrir una librería en este mundo de lecturas pantallazo, y le caerá un chaparrón de historias. Buena letra. Crónica, ensayo, novela, cuento, poema; los géneros conviven en el relato de un oficio que parece no rendirse al desaliento de los números ni perder la cadencia literaria. Además de con libreros de fondo que cuentan décadas, y sostienen bibliotecas familiares, Galicia ha conocido en el último decenio un cambio de modelo, con audaces que defienden el protagonismo de las historias en papel, la pasión contracorriente del oficio de recetar libros.

Hay una red de libreras que no es solo social. Tiene en redes virtuales un escaparate 24 horas abierto en todas partes, pero crece en su conocimiento del lector, en una complicidad que supera el paquete sorpresa que es un libro. En esta revolución por que la literatura no vaya al ralentí de lo que imponen las prisas, los puños son las letras. Y el cambio en Galicia lo lideran libreras. Hace ya una década que Mercedes Corbillón, que acaba de estrenarse como editora con Señora de Provincias -con Bajo la lluvia no pesan las historias, de Carmen Quinteiro-, se entregó al oficio de vender libros, de prescribir lecturas en Cronopios. «¿Es solo un negocio? Yo, como cronopia que soy, le veo una magia especial a las librerías. Un no sé qué. Diría que es un hermoso negocio que tiene más de hermoso que de negocio. Si le quitases ese encanto, sin duda te dedicarías a otra cosa más práctica, que te daría una mayor rentabilidad o más inmediata», defiende Mercedes Corbillón.

«Abrir hoy una librería es un pequeño acto de rebelión», afirma Gloria Fuertes, que comparte con la poeta de Lavapiés nombre y devoción por las letras. «É tamén unha toma de posición», añade Cecilia F. Santomé, autora de Quérote. Eu tampouco, y librera junto a Gloria en Lectocosmos, que abrió hace casi dos años en el corazón de Lugo, junto a la Muralla.

LIBRERÍAS MUY VIVAS

«Yo me hice librera por afición. Vengo de otro sector, del retail, y tenía un negocio que me iba medianamente bien. Siempre que iba por ahí, no me apetecía comprarme unos zapatos o un bolso, sino que al final acababa siempre entre libros. Decidí que, si iba a invertir las ganancias que tenía en algo, sería este. En mi familia nadie se dedica a este sector, el oficio es nuevo para mí. Me llamo Gloria Fuertes de casualidad. ¡Y ha sido la cruz de mi infancia! Ahora es una manera de que la gente no me olvide. Mi madre dice que no se dio cuenta...», cuenta Gloria, una de las seis profesionales que están dando más vida y nuevas formas al negocio en Galicia. «Como lectora, echaba de menos otro tipo de librería. Salió el local, hicimos un análisis del negocio ¡y abrimos!», dice.

Celebramos el Día Internacional de las Librerías días antes de este 8 de noviembre. En un café con letras, en el emblemático Marfil de A Coruña, citamos, además de a las libreras de Lectocosmos y Cronopios, a Esther Gómez, de Moito Conto; a Cristina Barbeito, de Berbiriana, y a Irma Amado, de Numax.

 

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Junio llegó con un calor de esos que deja la ciudad desierta, todos queriendo estrenar la playa, la ropa ligera y volver a casa con la novela llena de arenas. En Cronopios la vida transcurría al ritmo fresco del aire acondicionado y con ese calma que dejan a veces las tardes de verano. J. llega y nos pide un libro sobre jaguares o felinos americanos. M viene con una chica que asegura en voz alta que ella jamás ha terminado un libro; Adri y yo nos miramos y deducimos que es una cita tinder que definitivamente va a salir mal. A. llega con una venda en el brazo, se ha caído y la farmacéutica de la esquina le ha hecho las curas. P entra con muletas, mientras pasea entre las estanterías, yo les leo desde el altillo: “En las marquesinas de las aldeas aún se dan mítines y misas y se guarda la leña, el butano y los abuelos. También se cuece el pulpo, se corta el pelo, se cometen crímenes y se pierde la virginidad. Todos los fotoperiodistas de prestigio se han acercado a las marquesinas para inmortalizar sus sofás, sus cortinillas de baño, sus espejos y sus mensajes reivindicativos, imprescindibles para saber por dónde anda la poesía. En ellas te fumabas tu primer cigarro, hacías los deberes, le metías la cadena a la bici y le tocabas las tetas a tu novia por encima del jersey mientras le prometías que, de mayor, la harías portavoz de tu grupo parlamentario.” #sábados #librerías #verano #altillo #literaturainfiel

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En diez años el negocio se ha reinventado. «Cuando abrimos en Pontevedra hace una década, este modelo no existía en Galicia -dice Mercedes Corbillón-. Yo había viajado y me había ido de librerías, y vi que había otro tipo, con una perspectiva más comercial y en las que la literatura se vivía de otra manera. Cuando digo comercial, me refiero no a libros comerciales, sino a ver el libro como un producto maravilloso, a montar escaparates atractivos o empaquetar con gusto».

Seis libreras gallegas celebran el Día de las Librerías en el Café Marfil, en A Coruña
Seis libreras gallegas celebran el Día de las Librerías en el Café Marfil, en A Coruña

EL PILOTO ENCENDIDO TODO EL DÍA

Las barreras y las distancias entre librero y lector han caído. «Tanto Alejandra coma min marchamos da Coruña. E en América Latina, en todos os lugares onde estabamos, como eramos lectoras e tiñamos o vicio de ir a canta libraría había, vimos que había outros modelos, que se podía estar sentada cun café ou unha cervexa mirando un libro tranquilamente. Gustounos. E cando decidimos cambiar de rumbo de traballo e de vida quixemos facer un proxecto diferente na Coruña. Acababa de abrir Linda Rama. Moito Conto abrira había un ano, e a fin de semana que nós inauguramos Berbiriana pechaba Nova Colón», relata Cristina Barbeito, librera junto a Alejandra de Diego Lata en Berbiriana, una de las casas de A Coruña para el ávido devorador de historias que busca más descubrir lo suyo que imitar tendencias. «Queriamos crear un espazo acolledor, que fose lugar de encontro social máis alá do grolo e do libro. De feito, dáse ese factor social, da libraría como lugar onde a xente se atopa, coñecidos e descoñecidos».

Hoy, en parte por las redes, se es librero todo el día, señala Esther Gómez, que receta libros en Moito Conto y celebra hoy el Día de las Librerías con un homenaje a los 25 años de En salvaxe compaña, de Manuel Rivas. Intensidad con todas las letras. «A mí lo que pasa en Cronopios me duele en carne propia», confiesa Corbillón. «Pero sempre houbo un pouco iso da libraría como a casa. Só que chegou a época dos centros comerciais e fíxose algo impersoal. Na Coruña, desde logo, sempre houbo librarías casa, no sentido de ter libreiros de referencia que prescribían libros, como Lume con Lola ou a Colón. Antes con iso abondaba, hoxe o libreiro ten que ser escaparatista, xestor de redes sociais, director de recursos humanos... O mundo do libro cambiou tanto que hai que estar co piloto aceso todo o día», asegura Esther Gómez.

Solo elegir las novedades siguiendo un criterio propio se come unos cuantos párrafos de la jornada. «Chegamos nun momento no que todo o mundo falaba de crise. E nun momento de crise a saída pasa por ofrecer algo diferente. A miña é unha visión da libraría moi pouco romántica -expresa la librera de Moito Conto-. Son pragmática, comercial, analítica. Eu antes de abrir fixen un plan de empresa minucioso. Se non veño a encher un nicho de mercado, dedicareime a outra cousa».

El mundo no tiene por qué acabarse en una librería, considera. «Pero si se nos pode acabar a saúde...! Revolucionamos o modelo de librarías? Somos creativas, si, pero tamén porque non queda outro remedio», afirma Esther Gómez.

La idea romántica de librería no ha perdido el eco en el corazón de los amantes del libro, pero se concilia, sin gran conflicto, con la necesidad de mantenerse. «Tes a obriga de ser rendible», refuerza Irma Amado, de Numax, que, como Versus en Vigo, o Punto e Coma en Ourense, ha roto los viejos esquemas del oficio. «Ser libreira é algo semellante hoxe a ser ama de casa, e non quero que isto se malinterprete», manifiesta la librera de Numax visibilizando el valor de las diversas tareas que sostienen el negocio de los libros.

«Refírome a iso de "Que casualidade que sexan mulleres! Hai un traballo de creación forte, pero unha libraría supón moito traballo físico. Son traballos de produción, de sobe e baixa, que requiren coñecemento especializado, pero tamén ser capaces de desenvolver 500 actividades ao mesmo tempo, que van desde a administración dun orzamento a ter en orde a casa. Non vale estar sentado nun despacho lendo», expone Irma. «Hai que abrirse, se non morremos», añade Esther. «Usar toda la artillería», asegura Gloria. En los 80 quizá con un buen fondo bastaba. «Hoy no. Queremos los cronopios, ¡pero que vengan las famas!», insta Mercedes Corbillón.

¿Qué es un buen libro?

La honestidad es un valor que no dejan a pie de página. Sus librerías no siempre se reconocen en los ránkings de la Cegal (la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros). «En Cronopios Pontevedra vendemos mucho más un Dolores Redondo que en Santiago. En Santiago a nosotros no nos entra el público de best seller, que ya lo querríamos...», admite Mercedes. Al superventas no le dicen que no, aunque gane fuerza un público que huye del superventas para dar con un libro más a medida. «Siempre compramos la novedad de Pérez-Reverte, pero no Las sombras de Grey, a menos que un lector lo pida», revela Cristina, de Berbiriana. «Pero todos agradecemos o libro que se vende só, non? Estaría ben ter dous ou tres Patrias ao ano, para sosterse», aporta Esther, de Moito Conto. Con todo, la apuesta propia y el sesgo personal de las libreras gallegas marca la diferencia, atrapa al lector, lo anima a volver a por recetas literarias a su librería de referencia. Hay historias personales ilustrativas sobre el poder de los libros que se quedarán en la memoria off the record de este café de libreras.

¿Qué es un buen libro? «¿Como lectora o como librera?», repreguntan. «Como librera, el que le gusta a quien lee un libro a la semana y al que lee tres al año», dice Corbillón. «Tanto como libreira como lectora, é o que provoca unha transformación, que fai un clic interior», aporta Barbeito.

Hay libros que se celebran como una boda, dicen, y otros que no tienen foco mediático. Enfocar en esos tesoros literarios que pueden pasar inadvertidos es parte del trabajo de este modo de ser, de vivir, ofreciendo libros.

Algunas de las sugerencias que ofrecen para celebrar este 8 de noviembre son Un corazón demasiado grande, de Eider Rodríguez (propuesta de Moito Conto); Mirarse de frente, de Vivian Gornick (sugerencia de Cronopios); Insurrección, de José Ovejero (propuesta de Berbiriana); Desierto sonoro, de Valeria Luiselli, o El niño que comía lana, de Cristina Sánchez-Andrade (Numax), y El trabajo de los ojos, de Mercedes Halfon (Lectocosmos). Esperan con cierta ansiedad El club de lectura de David Bowie (que saldrá en Blackie Books el día 20), celebran Los infelices, debut de Javier Peña, y lamentan que el tiempo no dé más de sí, como que no se lleve a cabo una modernización «dos sistemas de traballo, hai cantidades de albaráns ao mes». «Boto en falta grandes centros loxísticos», dice Esther, de Moito Conto.

«Yo echo en falta, quizá, asociarte más con librerías como la tuya, que abracen este concepto. Porque hay un tótum revolútum de negocios que no tienen nada que ver unos con otros. Nosotros no tenemos nada que ver con un kiosco que vende lápices, gomas y libretas Rubio... y unos cuantos libros. Creo que falta una asociación de libreros que se manejen de forma común, sin meter los libros dentro de un saco enorme de variedades», señala Mercedes, de Cronopios.

Si no sienten la sed de literatura, búsquense un librero o una librera de cabecera. Le recetará algo contra el aburrimiento, la ansiedad, el fanatismo o la ignorancia, algo para hidratar su tiempo y cuidar la caligrafía del porvenir.

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