Cifu, de Celtas Cortos: «Los años nos transforman, pero eso no supone una traición»

Va para tres décadas que sabemos de estos vallisoletanos «con influencias atlánticas». Y ahí siguen, en plena vigencia. Hoy en el Festival de la Luz


El próximo 20 de abril se cumplirán 30 años del envío de la carta sonora más famosa del rock español. Pero, ojo, Celtas Cortos ha sido y es mucho más que aquella misiva. Bien harían los descreídos en prestarle una escucha a su último trabajo, Energía positiva, un disco nada acomodaticio en el que abordan una variopinta colección de sonoridades, desde el rock más afilado a coqueteos con lo latino, amén de sus consabidas influencias del folklore íbero y celta. Y con las letras más mordaces, explícitas y comprometidas de sus tres décadas de carrera.

-Y eso que dice que «hoy sale caro sacar la lengua a pasear». ¿Han tenido que pagar algún precio por hacerlo?

-Sí, por supuesto. Hemos estado en unas cuantas listas negras. Y eso, dependiendo quien sea el gobernante de turno, te genera evidentes perjuicios laborales.

-Una de las canciones del disco es «Ataque con poesía». ¿Sigue siendo esa «arma cargada de futuro» que decía Celaya?

-Aunque sea utópico, estoy convencido de ello. Igual es ya un planteamiento viejuno, pero yo he mamado de ese manantial.

-En «Los dibujos de las nubes» reivindica la ingenuidad. ¿Tanto la echa de menos?

-Me cuesta mirarme en ese espejo. Tienes que desnudarte mucho para verte en ese estado. Vivimos atrapados por el reloj. Sí, reconozco que a veces me cuesta detenerme a mirar una flor o un insecto.

-El disco concluye con «Pregón para un pueblo», seguramente la letra más combativa en la historia de Celtas Cortos.

-Uno pretende remover un poco el barrizal en el que estamos viviendo en estos momentos tan agresivos para la ciudadanía. Y si sirve para agitar el pensamiento de una sola persona, bienvenido sea.

-¿Están viviendo una segunda juventud?

-Me temo que aún seguimos tirando de nuestra eterna adolescencia [se ríe]. Pero eso sí, mucho más centrados que cuando de manera sistemática se nos juntaba la noche con el día. Teniendo en cuenta que no hay discográficas detrás y que para nosotros las radios están cerradas a cal y canto, mantenernos ahí, en la lucha, con más o menos visibilidad, sin haber dejado de trabajar en 30 años tiene un mérito tremendo. Siempre hemos dicho que somos corredores de fondo. Y unos cabrones currantes, también.

­-¿Cómo les llegaron esas influencias celtas siendo tan de tierra adentro?

-Desde el momento mismo de nuestra génesis hemos estado muy cercanos a la música tradicional. Tanto a la de nuestra tierra como a la de otras. Y ahí estaban grupos como Milladoiro u Oskorri o artistas como Alan Stivell. De ahí nos viene.

-Se van a cumplir 30 años de aquel 20 de abril. Si ya en el 90 decía que no quedaba casi nadie, ¿quién queda hoy?

-Quedan muchas esencias de lo que fue el germen de todo esto. Evidentemente los años a todos nos transforman. Pero eso no quiero plantearlo como una traición. Al contrario, aportan más sabiduría, más criterio y más consciencia de que hay que vivir y disfrutar el momento.

-Entonces le «entró la melancolía». ¿Cómo andamos hoy con ese tema?

-Depende del día, soy bastante cambiante. Pero aunque este es un momento dulce, para ese epígrafe siempre hay algún espacio.

-Por cierto, en «20 de abril» le decía a la destinataria, «si te mola, me contestas». ¿Le llegó a contestar?

-Bueno, no fue por carta, pero la vida hizo que nos encontráramos.

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