Moncho Borrajo: «Los gallegos nunca terminamos de contar el chiste»

El cómico entra «A pelo» en A Coruña, donde promete mostrarse a «cara descubierta». «Los mediocres van camuflados», asegura


Irreverente, inigualable y, todo hay que decirlo, bastante hablador. Ramón Borrajo Domarco (Baños de Molgas, 1949), por todos conocido como Moncho Borrajo, no se arruga con ningún tema. Escritor, pintor, actor, cómico y compositor, pocos frentes se le escapan a este hombre polifacético que recibió el premio Fugas por su «difusión y puesta en valor de la cultura y el humor gallego» en el reciente Encuentro Mundial de Humorismo, celebrado en A Coruña. Moncho vuelve a la ciudad para realizar dos pases de su nueva obra, A pelo, donde el cómico tratará temas sencillos del día a día desde el punto ácido que le caracteriza.

-¿Es Moncho Borrajo una persona que hace muchas cosas a pelo?

-Pues mira, sí. Toda la vida he ido con la cara por delante y para decir verdades como puños y que te veten, pues hay que ir a pelo [ríe]. Los mediocres van camuflados.

-Explicaba en otra ocasión que quiere que le conozcan, no que le reconozcan. ¿Cómo se consigue eso?

-Se consigue intentando ser coherente. Una persona que evoluciona pero que no cambia. Para que te conozca la gente no debes llevar careta. Cuando te reconocen es porque tienen una imagen de ti y cuando te conocen es que quieren saber de ti. Conocer es profundizar.

-¿Conocer más allá del personaje?

-Exacto. Cuando vas al teatro vas a conocer al personaje, la persona te da igual. Pero en mi tipo de espectáculos es algo más personal, donde se dice lo que se piensa. Y eso que hay diferencia entre el Moncho del teatro y el Moncho de la calle. Soy una persona muy poco agresiva, timidísima, no sé ni ligar, ¡me pongo colorado! Un psicólogo me dijo que el teatro me salvó de pegarme un tiro, que era mi propia terapia porque podía decir en alto lo que me daba la gana [ríe].

-¿Y eso no le ha provocado problemas?

-Me ha causado muchos disgustos. El otro día leía que le habían cancelado una actuación a Pastor y a su hijo, y no sé de qué se sorprenden. A mí me sigue pasando continuamente. Hay un montón de teatros de España donde no trabajo dependiendo del partido político que gobierne. Yo me he metido siempre con el poder, venga de donde venga. Se empeñan en meterme en una casilla de «facha» o de «rojo de mierda», ¡Que se pongan de acuerdo, macho! Solo están de acuerdo en que soy maricón, y eso es porque lo he dicho yo [ríe]. No pueden encasillarme y eso les jode muchísimo.

-¿Hay poco humor político?

-No hay humor político porque los políticos tienen menos correa que el cinturón de una avispa. Los hemos convertido en estrellas de rock, si hablas de ellos se enfadan, y si no lo haces, también. La invención de lo políticamente correcto ya indica que el humor está bajo cero. La gente quiere trabajar en la televisión, y si te metes con el poder ya te puedes ir olvidando. A mí ya ni me nombran. Lina Morgan me dijo: «Moncho, no te enfades porque no salgan críticas tuyas, es que ya no saben qué decir». Ahora me lo tomo a risa.

-¿El público no pide este tipo de humor?

-Mira, vivimos en una sociedad donde se alaba la incultura, estamos participando en el premio a la ignorancia. Cuando un señor presume en televisión de que es inculto y le aplauden ya es el colmo. Y si a esto le añadimos que no puedes hacer humor de nada con esto de la corrección política...

-¿No se autocensura? ¿No tiene límites?

-Sí, hay tres temas con los que nunca he bromeado: militares, defectos físicos y religión. Si un señor arzobispo dice que los homosexuales somos unos tarados, lógicamente me meto con él, pero nunca con la religión a la que representa.

-¿Aprovecha para hacer activismo?

-Claro, soy homosexual y todo el mundo lo sabe. También soy cristiano y cuando se meten con mis creencias también me defiendo. En mis espectáculos siempre he ido de frente y siempre he hablado de cosas de las que tengo la certeza que son verdad, y reivindico mis pensamientos.

-Y el humor gallego también.

-Fuera de Galicia no se entiende. Los gallegos nunca terminamos el chiste. Siempre digo: mi padre quería un niño y mi madre una niña, y Dios que es justo... [risas] ¡Pues en Andalucía no lo pillan!

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