Un original «thriller» nórdico con varias lecturas

Mikael Niemi firma un libro intrigante que consigue atrapar al lector
Mikael Niemi firma un libro intrigante que consigue atrapar al lector

Es sueco y es thriller, pero no tiene nada que ver con Stieg Larsson y su saga Millennium. Mikael Niemi ha escrito un libro de intriga criminal que encierra en su interior otros interesantes niveles de lectura. Cocinar un oso nos sorprende ya desde su original título y nos atrapa con su investigación policial al más puro estilo Sherlock Holmes. Pero además es una novela histórica basada en la figura real del pastor Lars Levi Læstadius y es también todo un manifiesto a favor de la palabra y de la lectura. Y sobre todo, que nadie se asuste, es una novela amena.

La acción se desarrolla en 1852 en los bosques del norte de Suecia. Una joven desaparece y es hallada muerta. Los indicios apuntan a que ha sido atacada por un oso. Pero el pastor Læstadius, gran aficionado a la botánica y experto observador (como Holmes), no está muy convencido de esta teoría. Junto a su ayudante, el joven Jussi, emprende una investigación paralela a la policial que causará una conmoción social.

La voz del pastor y de su ayudante son las que narran en primera persona la mayor parte de los hechos. Y lo hacen con una prosa literaria y esmerada que brilla incluso cuando aborda algunos pasajes de maltrato infantil especialmente crueles. La marginación de los pobres, la maldad humana y la fe religiosa son algunos de los temas que trata la novela. Y sobre todo el poder de la educación y de los libros. «Pero si existen las bibliotecas, entonces ¿necesitamos iglesias? », pregunta Jussi a su maestro en una frase muy reveladora.

La fuerza de los personajes se completa con magníficas descripciones de la naturaleza que escapan al bucolismo y romanticismo para incidir en lo más prosaico e incluso en lo desagradable. Aquí no hay pajarillos cantando, hay mosquitos insufribles, ciénagas infectas y personas marginadas, humilladas, silenciosas y borrachas. Niemi cuida los detalles y se demora en describir los usos domésticos de la época, como la presencia de la sauna en las casas, la llegada de la patata como esperanza contra la hambruna o los inicios de la fotografía como sustituto de los retratos.

Un thriller muy diferente que va más allá de la clásica caza del asesino. Y que recuerda por momentos a aquel magnífico éxito de Umberto Eco con El nombre de la rosa. 

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