La última osadía de Kubrick

Se cumplen 20 años del estreno de «Eyes Wide Shut», testamento de un director genial, interpretada por Tom Cruise y Nicole Kidman


Una carrera tan inclasificable como la de Stanley Kubrick no podía cerrarse de otra forma que no fuese igual de hermética, sorprendente, fascinante e irregular. Como testamento cinematográfico, Eyes Wide Shut es indefinible. La última película del genial director estadounidense cumple 20 años. Y aunque parezca imposible, en aquel lejano 1999 se disputaba el título de la película más esperada del año con Star Wars: La amenaza fantasma. La precuela de una franquicia que se ha convertido en un parque temático, compitiendo con una reflexión bastante perversa sobre la fidelidad y el sexo. Recaudó 155 millones de dólares en todo el mundo, a pesar de que la crítica la recibió con bastante tibieza (sobre todo en Estados Unidos). ¿Estamos ante la película menos valorada de Kubrick? ¿Tal vez las expectativas, después de casi una década en silencio, eran demasiado altas? Puede que a la cinta le pasara factura todo el misterio que rodeó el rodaje, el sexo explícito que se suponía que iba a mostrar... pero desde los primeros acordes del vals de Shostakóvich que abre y cierra esta historia, Kubrick va a enviar al espectador a un viaje muy ambiguo en el que nada es lo que parece.

La idea de adaptar la novela Relato soñado, de Arthur Schnitzler, rondaba la cabeza de Kubrick desde hacía décadas. Según cita Rodney Hill en el libro Los archivos personales de Stanley Kubrick (editado por Taschen), ya en 1960 reveló que le parecía difícil encontrar un escritor que entendiera el alma humana de una manera tan auténtica, con un punto de vista comprensivo y al mismo tiempo algo cínico. Pero el proceso para poner en marcha la película se alargaría mucho más... treinta años más, de hecho.

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DE VIENA A NUEVA YORK

A principios de los 90 comenzó a trabajar en el guion con Frederic Raphael (guionista de Darling, Lejos del mundanal ruido o Dos en la carretera). Ambos explicaban que una de las principales dificultades fue trasladar una historia de la Viena de principios del siglo XIX al Nueva York de los 90. Y el rodaje no llegó hasta finales del 96. Ocho años después de La chaqueta metálica, Kubrick se puso manos a la obra. Con calma y meticulosidad, como siempre: comenzó a filmar en noviembre del 96, y terminó a mediados del 98. Quince meses que convirtieron este proyecto en el rodaje ininterrumpido más largo de la historia, según el Libro Guinness. Quince meses que contaron con la total dedicación de su pareja protagonista, Tom Cruise y Nicole Kidman. El director Sidney Pollack (que interpreta uno de los papeles claves) los puso en contacto. Y como Kubrick quería que un matrimonio real interpretara a la pareja, resultaban la elección perfecta. Durante dos años se fueron a vivir a Londres, centrados en un rodaje tan intenso que, a pesar de los desmentidos, muchos vinculan con el fin del matrimonio. Más allá de cuestiones personales, la película y la relación con el director marcó a ambos actores. Kidman dijo más tarde que para ella había supuesto un punto de inflexión, y que su vida se dividía en dos etapas: antes y después de esta película, por todo lo que Kubrick le enseñó. A pesar de los rumores de que era extremadamente controlador con los actores, ella sintió que le daba libertad para interpretar a Alice y recordó después que aumentó su confianza en su capacidad como actriz. Cruise aseguró que aquel trabajo era todo lo que como actor quería hacer. Y que cada vez que veía la película encontraba algo sorprendente. Y es que esta no es una cinta para ver solo una vez. Ni dos.

LOS LÍMITES DE LA REALIDAD Y EL SUEÑO

La fidelidad, las fantasías sexuales, lo más sórdido de la noche... se mezclan con la vida tranquila de un matrimonio aparentemente ejemplar. Pero todo es tan frágil que una confesión inocente puede hacer temblar los cimientos de la pareja. Y llevar a su protagonista a un viaje a los infiernos (propios y ajenos) que culmina en esa estilizada orgía, con su iconografía religiosa. Cruise pasea entre los grupos que practican sexo como en un sueño. Y es que nada es lo que parece, y los límites entre lo onírico y lo real se mezclan en toda la historia. Sidney Pollack confesó que no creía que hubiera grandes dosis de realismo, ni siquiera que Kubrick lo pretendiera.

Aunque el secreto de lo que pretendía se lo llevó a la tumba sin ver estrenada la película: para culminar la leyenda de este testamento, Kubrick murió en marzo del 99, con el montaje apenas terminado. Un final tan inesperado y brutal como la lapidaria frase que cierra Eyes Wide Shut.

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