Libros infantiles, juveniles y eternos

Laura Rodríguez Herrera, directora de Hércules de Ediciones, escribe sobre los libros con los que pegó el estirón


El 2 de abril, fecha de nacimiento del escritor Hans Christian Andersen, se celebra el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil. La finalidad de esta conmemoración es promocionar los libros infantiles y juveniles y la lectura entre los más jóvenes. Pero ¿cómo podemos conseguir que nuestros niños y niñas lean libros?, ¿cómo logramos que la lectura esté entre sus hábitos y que esta los acompañe siempre? En mi caso fue fácil: crecí en una casa llena de libros -mi padre ha trabajado siempre en el mundo editorial-, mis padres leían, me regalaban libros y leí mucho -y variado- desde pequeña. Algunos de esos libros han pasado a formar parte de mi vida y también de la vida de mi hermana; nos llevamos un año y la afición por la lectura es una de las cosas que compartimos.

Atrápame si puedes, de Michael Rosen con ilustraciones de Quentin Blake, es uno de esos títulos que están muy vivos en mi memoria. El primer día que fui con mi padre al estadio de Riazor -tendría yo 7 años- no me llevé solo un bocadillo o un zumo, llevé también mi ejemplar de Atrápame si puedes. Aún puedo verme en el rellano, mis padres mirándome ojipláticos y preguntándome: «¿De verdad que vas a llevar un libro al fútbol?». Pero, ¿cómo resistirse a un texto con rimas tan increíbles como «por la mañana temprano, guisantes en plato llano»? Han pasado 35 años y aún me resulta imposible no repetir estos versos cada vez que me como un plato de guisantes.

Otro libro precioso es Jim Botón y los Trece Salvajes, de Michael Ende, y que asocio a un mes de agosto en Castelo (Taboada, Lugo) -la aldea donde nació mi padre-. Nos habíamos quedado sin nada que leer, así que cuando mis padres fueron a hacer compras a Chantada -algo que entonces nos parecía como ir a Nueva York- les pedimos libros. Recuerdo la emoción al oír llegar el coche y al abrir las bolsas buscando nuestros tesoros. De Michael Ende me encantaron también Momo y La historia Interminable, un libro que descubrí gracias a mi hermana, ya que su profesora Rosa leía cada día un capítulo en clase y despertó el gusanillo en ella y en muchas de sus compañeras.

Otras lecturas que recuerdo con una sonrisa son Las travesuras de Matonkiki, de Elena Fortún, recomendado por mi madre, Coleta payasa ¿qué pasa?, de Gloria Fuertes, y O misterio das badaladas, de Xabier P. Docampo.

El Diario de Ana Frank también me impactó. Recuerdo que me lo trajeron los Reyes cuando cursaba 6.º de EGB. Estaba ansiosa por empezarlo, y no lo dejé hasta terminarlo esa noche. Sé que fuimos toda la familia en coche a pasar el día fuera, pero soy incapaz de recordar dónde estuvimos; solo tenía ojos para esa magnífica historia, que por razones de trabajo he recordado mucho estos días y que me sigue emocionando. Porque la buena Literatura Infantil y Juvenil deja huella y crea un imaginario al que siempre volvemos.

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