Mafalda for president!

Con faldas y humor negro, la hija rebelde de Quino hizo más por la igualdad que muchas personas de carne y hueso. Mafalda cumple 55 con la «tira» de cosas que poner en su sitio


Con Mafalda hasta en la sopa, como fideos la mar de felices gracias a Quino, crecimos sanos y contestones muchos niños de mi generación, enanos curiosos de al menos tres generaciones. Viendo el jaleo del mundo, hasta podríamos hacer otra ONU, una Organización de los Niños Unidos que crecieron a las faldas de Mafalda, sin miedo a volar, a despegar con los pies y la cabeza la sombra del suelo. Si sabes qué es la inseguricracia, que la Libertad no es una idea sino una niña con personalidad propia, si crees que Susanita, más que un ratón, tenía un instinto maternal bien grandullón, si has estado en Almacén Manolo y aceptas Felipe como sinónimo de Llanero Solitario, celebrarás conmigo, con tira y sin pretextos, a Mafalda. Porque no está de más. Porque viene a cuento siempre. Podemos enfocar la fiesta en que este año cumple los 55 o aprovechar la edición de Femenino singular, que reúne ahora en Lumen sus viñetas más combativas por la igualdad, pero abras por donde abras la boca de Mafalda, sale una agudeza. Y no me refiero a los alfileres que sujetaba su madre en la boca cuando le cosía el bajo del mandilón... Y va Mafalda que le dice: «No lo tomes a mal, mamita, pero es la primera vez que veo salir agudezas de tu boca». Mafalda viendo en la nata de la leche una «falta de control de la natalidad». Mafalda y sus conversaciones con el mundo. Mafalda y la guerra. Mafalda y el cole. Mafalda y su sopa infinita de letras. Mafalda, su pesimismo y tú.

Cuando veo en una librería la edición de sus tiras completas y mi hija me dice: «Mamá, con ese pelo pareces Mafalda... ¡o Cristóbal Colón!», tengo una revelación, el redescubrimiento del bocadillo perdido. ¿Recuerdas? Qué sinsabor. «Tenemos hombres de principios, lástima que no los dejen pasar del principio». «¿Y no será que en este mundo hay cada vez más gente y menos personas?». «Lo malo es que la mujer, en vez de un papel, ha jugado un trapo en la historia de la humanidad». «Mamá, ¿qué te gustaría ser si vivieras?». «Si no fuera por eso que del ombligo al sur tienen las nenas... la humanidad ¿por dónde nacería?». Mafaldadas.

Al hilo de esta última salida a la calle de la nena argentina que nos enseñó a decir «¡la pucha!», a pasmar en el «living», a pronunciar erre que erre la palabra burócrrratas y a desconfiar de la autoridad fuera y dentro de casa, cabe preguntarse lo que ella le planteaba a las herbiñas del campo bajo el gobierno de la alta flor: ¿De verdad se sienten políticamente representados?». Qué gran pregunta.

Sus contrapuntos

Con su índice apuntón, Mafalda rompe el encapotado cielo político, aún viene a cuento este más de medio siglo después de nacer de la mano de Quino, y de la del semanario argentino Primera Plana tras una curiosa gestación publicitaria. Mafalda nació, en rigor, como cara publicitaria para una firma de electrodomésticos, pero dejó lo de ser modelo de aspiradoras, que no le pegaba nada, para aspirar a presidente (así, con e, está en sus viñetas), quizá uno de los sueños de la niñadulta que en lugar de cunas para muñecas hacía divanes de psicoanalista para su bola del mundo, que nos contagió la pasión por la playa y por los Beatles en cassette, que nos echó la sal del sentido crítico hasta en la sopa y que prefería jugar al Gobierno que a las casitas.

Muchos niños nos hicimos adultos, sin trampas, de forma seriamente idealista, y siempre navegando el aire en el columpio del juego, con Mafalda. «Apenas uno pone los pies en el suelo, acaba la diversión», advirtió.

En Libertad está el horizonte de Mafalda, el futuro. En su madre, Raquel, el pasado que le pone la pila a su despertador feminista. En Susanita y Manolo, su contrapunto. «¡Yo voy a ser ama de casa y voy a apechugar con las tareas domésticas! ¡Voy a ser mujer, y no una de esas afeminadas que trabajan en cosas de hombres», le sale en un arranque la más maternal de sus amigas, la que calcula el PIB de un país en base a su producción hijícola. Otras susanadas memorables que echarse a la cara en la era del metoo, estas: «Lo malo del dedo índice es que no sirve para llevar anillo... ¡Ni para anillo ni para decir sí! ¡No es un dedo muy casamentero que digamos!». «¡Y dale con la política! ¡¡Me tenés podrida con la política!! ¿Sabés lo que parecés? ¡La nuera de la política!», le suelta a una incrédula Mafalda.

¿Es Mafalda feminista?, arranca la nota editorial a la selección de tiras (140 páginas) de Femenino singular. «Siempre he acompañado las causas de derechos humanos en general, y la de los derechos de las mujeres en particular», asegura Quino, premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2014. Los años pasan y de pronto son décadas. Qué chaparrón de nostalgia...

Cuando la conocimos tenía 6 años, así nació para el público. Cuesta menos imaginarla ahora que de bebé, sin hablar. ¿Vería hoy el mundo igual que ayer? Me la imagino de profe de Filosofía, en plan Merlí. O a lo Caitlin Moran. Asumiendo el poder. «Muy saludables los nuevos vientos que soplan. ¡Lástima ese maldito olor a naftalina», nos quita Mafalda las palabras de la boca.

Viendo el culto al líder masculino que se estila, mi voto sería para la nena rebelde de Quino que lo pelea todo con falda.

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