¡Bienvenidos al Circo del Sol, el mayor espectáculo del mundo!

Sobre el escenario, medio centenar de artistas (acróbatas, payasos, contorsionistas...) dibujan con su talento el mundo de fantasía de «Ovo», que llega a Galicia el día 21. Detrás del telón, donde tuvimos la oportunidad de colarnos por unas horas, y en los estudios que el Circo del Sol tiene en Montreal se mueve una empresa high-tech que no deja nada al azar


Así comenzaban las funciones de los circos de antaño, en los que un engolado presentador anunciaba con grandes fanfarrias las actuaciones de domadores con leones escuálidos, de trapecistas con remiendos en las costuras de sus trajes y de payasos a quienes ni el maquillaje conseguía ocultar los rostros amargados por dios sabe qué vidas pasadas. «¡Bienvenidos al mayor espectáculo del mundo!», exclamaba aquel hombre del sombrero de copa, frac rojo y botas de cuero hasta la rodilla mientras el resto de la troupe saludaba haciendo círculos alrededor de la arena y los padres, desde la grada, se esforzaban en que sus chavales sacasen alguna sonrisa y quizás unos primeros aplausos. En Ovo, el montaje que el Circo del Sol traerá a A Coruña con trece funciones entre el 21 y el 30 de diciembre las ovaciones quedan para el final, después de dos horas en la que los espectadores están con la boca abierta y salen a la calle con la convicción de haber presenciado uno de los mejores espectáculos que se pueden contemplar ahora mismo en el mundo.

Y así lo pudimos comprobar hace solo unos días en el Sud de France Arena de Montpellier, totalmente abarrotado, donde asistimos al estreno en esta ciudad de Ovo, el título que ha reunido ya a más de cinco millones de personas desde que se estrenó en el 2009 en su versión en carpa; y que ahora, adaptado a una ambiciosa escenificación en pista, es sin lugar a dudas el espectáculo -«un libro de niños: lo abres y te invade», lo califica uno de sus artistas más emblemáticos, Gerry Regitschnig- más enérgico, alegre y colorido de los que el Circo del Sol tiene actualmente por todo el mundo.

Ovo (para nosotros no hace falta traducción) es el título y el elemento clave en la trama de este relato fantástico creado por la escritora brasileña Deborah Colker que se desarrolla en un ecosistema poblado de insectos. La aparición de una hormiga que carga un huevo a sus espaldas siembra la discordia en este microuniverso de felicidad. La historia se representa a través de las piruetas de los acróbatas, las risas que provocan los payasos, los efectos especiales y la música en directo que acompaña el espectáculo, trepidante en algunos momentos, intimista en otros, brillante en su totalidad.

Pero cuando las luces se apagan y el interrogante final (¡¡sorpresa!!) ya flota en el aire hay otro espectáculo, el del back-stage del Circo del Sol, en el que nosotros tuvimos la oportunidad de colarnos durante unas horas, al día siguiente de la función de estreno. La magia se queda en el escenario. Y entramos entonces en la fábrica de los sueños, que se manufacturan con estrictos horarios de trabajo y una organización diseñada al milímetro que Nicolas Chabot, responsable de prensa de la gira de Ovo que vendrá en unos días a Galicia, comprueba a cada rato en su portafolios: «En quince minutos los payasos estarán ensayando en la sala del fondo, pero ahora mismo tenemos a las contorsionistas en el escenario principal», nos advierte. Y allí nos dirige. Y allí nos tiene preparada una pequeña charla con Aruna Batta, de Mongolia, que la noche anterior nos asombró con las increíbles posturas que dibuja con su cuerpo. Aruna, que como el resto de los artistas se entrena a diario, haya o no espectáculo, tiene que comenzar a calentar su cuerpo media hora antes de cada representación. Así lleva haciéndolo desde los seis años. «¿Si echo de menos una vida normal?: para mí esta es la vida normal», asegura con una amplia sonrisa y en un casi perfecto castellano. Y en realidad, si no fuese porque cada noche duermen en un hotel y cada dos o tres semanas están en una nueva ciudad, la vida cotidiana de los artistas del Circo del Sol no es tan distinta a la del empleado de una empresa clásica: tienen sus horarios de trabajo, de comidas, de entrenamientos, de ocio, jefes que organizan y exigen al máximo nivel... Y al frente, Heather Reilly, directora de producción que ya ha estado encargada de otros cinco shows de la compañía, aunque este es el primer montaje que lidera en su versión en escenario fijo, pues siempre había trabajado en espectáculos de carpa. Todo el proceso de adaptación de Ovo a su escenificación en un espacio del estilo del Coliseum coruñés llevó algo más de dos años. El resultado, en palabras de Heather, es un Ovo «mucho más brillante, más potente, más vivo, del que la gente sale feliz». La clave del éxito que arrastran, después de haber actuado con este título en Estados Unidos, Canadá, varios países de Europa y ocho meses en Londres, es, en opinión de Tim Benett, director artístico, «la combinación del lenguaje universal que habla la historia de Ovo, pues es un story-line que todo el mundo comprende, con actuaciones enérgicas y coloridas de los artistas».

En realidad, detrás del Ovo que veremos en A Coruña está el sello distintivo de la gran empresa de sueños que es el Circo del Sol, cuyos hilos se mueven desde el gran centro operativo que la compañía tiene en Montreal. Allí se diseña hasta el último detalle de la media docena de giras (además de los espectáculos fijos que tienen, como en Las Vegas) que está haciendo Cirque du Soleil en estos momentos alrededor del mundo, con distintos títulos. Un montaje que gira en torno al futbolista Messi es uno de los proyectos inmediatos de sus cerebros. Más de mil personas trabajan en la central canadiense en los más distintos cometidos, desde la confección del vestuario, la elección de los artistas y de sus actuaciones, el márketing y, en general, todo el engranaje que impulsa esta máquina circense, incluyendo lo que ellos denominan la marca, ese intangible diferenciador con respecto a otros espectáculos del género. La marca, por ejemplo, es la que obligó durante cinco semanas a Devin de Bianchi, el equilibrista italiano que en Ovo interpreta a una libélula, a someterse a duras pruebas de entrenamiento en Montreal antes de que pudiese incorporarse al espectáculo.

Un mantra

No estamos hablando de un principiante. De Bianchi, que tiene 25 años, lleva haciendo estos números desde los diez, pero solo algunos de sus mejores ejercicios fueron aprobados para Ovo y, además, tuvo que adaptarse a otros nuevos con la dificultad añadida de hacerlo con un vestuario que es muy colorido, pero que está muy lejos de ofrecer la comodidad que otorga una vestimenta deportiva. Solo unas horas después de haber arrancado los aplausos del público, De Bianchi se ejercita en el gimnasio propio de la compañía. Y esta noche volverá al escenario metido en su traje de libélula. Sin embargo, él repite el mantra que le hemos escuchado a otros artistas del Circo del Sol: «Este es el mejor trabajo del mundo». También lo cree Gerry Regitschnig, el más veterano del montaje que vendrá a A Coruña. Este payaso austríaco, que cada noche se pone en la piel de Master Flipo, el jefe de los insectos, asegura que está deseando regresar a España para actuar. Y no solo porque sienta un especial cariño por este país (que lo tiene porque vive desde hace diez años en Bilbao) sino porque ?apunta? aquí el público es mucho más cálido que en otras partes «¿Habéis visto la función de ayer?», nos pregunta en un correcto castellano sobre el espectáculo de la noche anterior en Montpellier. «Ya veis que a los franceses les cuesta soltar la carcajada. En España la gente empieza a gritar «bravo» y eso te anima mucho». Mientras Gerry charla con nosotros, un equipo de gimnastas chinas, con su entrenadora al frente, hacen girar sobre sus pies unas figuras en forma de kiwi. Luego, unas saltan y se colocan encima de las otras y siguen moviendo las piezas.

Reconocemos el número que abre Ovo, desprovisto ahora del colorido que tiene sobre el escenario y bañado en cambio de mucho sudor. Y un grupo de payasos ensayan un número que, comprobamos, es también parte de la obra. Sin embargo, nos llama la atención que una de las actrices, la que interpreta a la mariquita que le quita el sueño a Master Flipo, no es la que habíamos visto sobre escena. Nicolas Chabot, jefe de medios de la obra, nos lo explica: «Aquí tenemos para todo un plan A, B, y C... y D si es necesario», asegura con una sonrisa pícara. Esto quiere decir que está prevista la posibilidad de que alguien enferme o se lesione, o sea destinado a otro montaje, por lo que siempre hay un sustituto en perfectas condiciones de asumir el relevo en el trabajo. De hecho, nos revela, en Montreal hay equipos de artistas ensayando números completos que podrían incorporarse de inmediato a alguno de los espectáculos del Circo del Sol.

Cocina propia

Todo esto nos lo cuenta Nicolas mientras comemos en el restaurante que la compañía ha instalado en el Sud de France Arena de Montpellier. Siempre viajan con su propio equipo de cocineros, con su menaje y con menús establecidos de antemano, que pueden variar ligeramente dependiendo del tipo de productos locales. El bufé que tenemos delante es variado: carnes, pastas, verduras, frutas, zumos... Algunos comen en grupo y charlan amigablemente, otros prefieren la soledad, con la única compañía de su teléfono móvil. Un equipo viaja a cada nueva ciudad unos días antes del espectáculo para organizar todos los detalles de este y otros capítulos de la vida cotidiana de los artistas, para que cuando los 23 tráileres con los que viajan hayan descargado todo el material, el escenario esté montado y el centenar de personas que trae la obra se encuentren instaladas en el hotel, el trabajo de los grandes protagonistas de Ovo, los que vemos sobre el escenario, se resienta lo mínimo. Por la noche, como sucederá en las 13 sesiones que el Circo del Sol ofrecerá en A Coruña, la música y el color invadirán de nuevo el aire. Bienvenidos al mayor espectáculo del mundo.

CUÁNDO Y DÓNDE

Del 21 al 30 de diciembre Coliseum de A Coruña. Entradas desde 38 euros a 80,50, dependiendo de la sesión y la localidad.

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