«Lo de tener un pie en la tradición y otro en la vanguardia es una gilipollez»

Lo suyo no es fusión sino colisión. ¿Es Niño de Elche la salvación del flamenco o su apocalipsis? Desde luego su discurso musical estético y conceptual ha calado «jondo»


Solo hay un territorio en el que mover los marcos supone mayor afrenta que en Galicia: el flamenco. Y Niño de Elche no es que los haya movido, es que los ha hecho saltar por los aires. En realidad a él lo que le habría gustado ser es dadaísta ruso. «Eso sí que era vanguardia», dice. Pero nació en 1985, en Elche, y se crio entre guitarras y cantes. Hoy, mientras los puristas re remueven en sus minas, él lo mismo se adueña de sus sagrados templos para compartir tablao con Los Planetas que se apropia del prime time televisivo para profanar el escenario de OT junto a C. Tangana. ¿Irreverencia? ¿Provocación? Niño de Elche prefiere llamarlo, sencillamente, «libertad».

-¿Se siente en estos días como el contrapunto de Rosalía?

-No, yo no hago shows con bailarinas, ni tengo una voz tan preciosista ni soy tan guapo como ella (se ríe). Yo nunca he llegado a gente tan joven, ni tengo sus referencias musicales. Rosalía es un fenómeno único.

-¿Que se mantendrá en el tiempo?

-El fenómeno no sé. Rosalía seguro que sí porque es una grandísima artista que ha llevado el flamenco a unas zonas por las que no había transitado hasta ahora. Y eso siempre es positivo.

-¿Por qué se autodefine como «exflamenco»?

-Ser ex me recuerda que he transitado por ese espacio en el que muchos suponen que reside el flamenco pero que ya me siento fuera de él.

-Si le llamasen ortodoxo, ¿se lo tomaría como un insulto?

-No. Seguramente lo harán dentro de unos años (se ríe).

-Hace unos días lo vi en un reportaje que se titulaba «Las fronteras del flamenco». ¿Cree que las tiene?

-Todo tiene fronteras. No porque existan de un modo natural sino porque las creamos. Pero los territorios fronterizos son siempre los más fructíferos. Es donde más mezcla hay.

-¿Se siente cómodo en ese «filo junto al precipicio», que citaba una crónica, o prefiere estar un metro atrás?

-Cuando creo nunca tengo sensación de precipicio. Esa es una visión externa. Yo el vértigo lo siento desde una perspectiva más interior.

-¿Le excita la exposición al riesgo?

-Siempre es mucho menor de lo que parece. Como eslogan está muy bien. Pero citar la palabra riesgo en las prácticas artísticas es un brindis al sol. Si a mí se me tiene como un artista arriesgado no es por mi gran valor, sino por el poco valor del contexto.

-¿Por qué dice que el flamenco es un género bastardo?

-Es una expresión artística muy arraigada en lo social, en lo político, en lo económico... En esa esquizofrenia de baja y alta cultura. Y en esos desplazamientos, en esos flujos surge la degeneración. Pero como algo positivo. Porque tras la degeneración surge la regeneración. Es algo intrínseco.

-¿Podríamos decir entonces que el flamenco es un género degenerado?

-Sí. Sobre todo el flamenco clásico. El de hoy es mucho más socialdemócrata, más políticamente correcto. También por eso me siento exflamenco.

-Cuando se habla, por ejemplo, de flamenco-fusión, ¿le da la risa?

-Es que conceptualmente hablar de flamenco fusión es una barbaridad. Es exclusivamente una marca mercantil. Conmigo se utilizan una serie de conceptos que, si me pongo a analizarlos seriamente, claro que me da la risa.

-Uno de ellos es el de irreverente. ¿Se puede crear desde el respeto?

-¡Nooo! Eso es imposible. Uno no puede estar comprometido con la creación si tiene respeto. Sobre todo si tiene respeto a lo que dicen que hay que tener respeto. Hay un discurso en muchos flamencos que considero no solo megaconservador sino incluso reaccionario que es lo de tener un pie en la tradición y otro en la vanguardia. Cualquiera que haya estudiado un poco sabe que eso es una gran gilipollez, un estúpido y vano intento de caer bien a todos. Puedes tener gusto por el pasado y por lo actual, pero no estar comprometido con los dos.

-Su compromiso parece claro...

-Mi compromiso es con la libertad.

-¿Tanto como para decir que «el flamenco es un espacio de libertad nunca visto en ningún otro arte»?

-Sí, lo es. Aunque paradójicamente también es uno de los más retrógrados. El flamenco, como España, te puede dar lo mejor y lo peor.

-¿Qué es lo mejor del flamenco?

-Los artistas y su práctica.

-¿Y lo peor?

-Ciertas violencias y pasiones que genera. Pero es que de eso va la vida.

-Dice que le dan miedo las entrevistas porque igual la semana que viene piensa otra cosa. ¿Cuál es su dogma inapelable, ese que lo seguirá siendo también la semana que viene?

-La libertad como acción, la individual y la social. Como faro del conocimiento. Eso no cambiará, seguro.

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