Christina Rosenvinge: «La nostalgia es muy destructiva»

Nadie, ni siquiera ella, podía imaginar que de aquella juvenil chistera saldría, andando los años, un Premio Nacional de las Músicas Actuales como el que ha recibido. Pero el jurado ha reconocido su valiente pirueta en su tránsito de pop star a musa indie. Y los frutos que ello ha conllevado, unos discos que miran de frente al presente, cargados de un innegable poder de seducción


La suya es una trayectoria atípica, reconducida a golpe de osadía y cabezonería. Podía haber sido una estrella del pop, pero ¿quién se acuerda ya de Álex de la Nuez, su juvenil y envidiado partenaire? Christina Rosenvinge (Madrid, 1964) se empeñó, sin embargo, en sobreponerse al relumbrón de su pasado y hoy es Premio Nacional de las Músicas Actuales. No sin dificultades. Hubo de superar trabas propias y ajenas, frustraciones, soledades y cantos de sirena que la invitaban a navegar por océanos sonoros menos inciertos y, a buen seguro, más rentables. La jugada era arriesgada pero funcionó. Con travesía por el desierto de por medio, claro. Pero hoy Christina Rosenvinge trata -y es tratada- de tú a tú en la élite de la escena de la música alternativa en España (léase discográficas, promotoras, grupos y festivales). Y lo ha conseguido sin ceder un ápice en sus postulados. Al contrario, ganando en carácter y personalidad. Tanto en sus discos como en sus conciertos. Algo que, en los tiempos que corren, bien merece un reconocimiento.

-Más allá del revuelo mediático, ¿en qué has notado la concesión del premio?

-Creo que me ha felicitado toda España. Desde compañeros de colegio o los taxistas hasta la señora rumana que me vende la fruta [se ríe]. Para mí lo más importante es que este premio me pone en una situación muy sólida para trabajar de cara al futuro.

-¿No mete presión?

-No, ninguna. Bueno, no es que no meta presión, es que hoy estoy perfectamente preparada para soportarla.

-Que te den ya un premio así, ¿te hace sentirte mayor?

-No, ¿por qué? Es un premio que no tiene que ver con la edad sino con la consistencia del trabajo.

-El jurado destacó tu «proceso de búsqueda de una personalidad musical propia». ¿Cómo ha sido ese proceso?

-Es un proceso que no acaba, es constante. Y es algo que también ha tenido su precio. En vez de acomodarme en una fórmula que ya sabía que tenía éxito y que conectaba con el púbico, he ido reactualizando mi propuesta musical, siempre creando un diálogo con el tiempo presente. Hay muy pocas concesiones a la nostalgia. Y eso hoy el mercado lo penaliza. Pero si me hubiera quedado haciendo Chas toda la vida, si no hubiese hecho Lo nuestro o Un hombre rubio seguro que no me habrían dado este premio.

-Santiago Auserón dice que la nostalgia está sobrevalorada.

-No solo está sobrevalorada sino que es muy destructiva. No estoy dispuesta a quedarme anclada en decisiones que tomé cuando tenía 20 años. Hay demasiadas cosas que me interesan del presente como para estar pensando en el pasado.

-¿Qué dirección crees que tomará en un futuro próximo ese proceso de búsqueda?

-Pues no lo sé porque para escribir el libro que saldrá en primavera lo que he hecho ha sido una revisión. No de la música sino de mis letras. El libro está formado por relatos que juegan con las letras de mis canciones, por un ensayo sobre la escritura de letras y por mis diarios de composición.

-¿Qué es lo que más te ha llamado la atención de lo que has descubierto en esa «revisión»?

-Lo que he descubierto de mirar hacia el pasado por primera vez en mi vida es que hice en cada momento lo que sabía hacer. Y he aprendido que cada uno tiene que aceptar sus limitaciones.

-¿Cuáles son las tuyas?

-Yo tengo un problema con el estrés. No soy de estas personas superambiciosas que saben manejar el éxito. Cuando lo tuve, siendo muy joven, me costaba mucho dirigir todo el entramado que tenía a mi alrededor. De hecho me di cuenta de que no estaba preparada para eso, di un paso atrás y volví a empezar. Hoy estoy convencida de que hice bien. No es que no quisiera comerme el mundo, es que no podía, no estaba preparada para ello.

-Decía Fito que el éxito era grabar un disco cuando él quería y no antes. ¿Qué significa para ti el éxito?

-Lo que dice Fito es una gran verdad, desde luego. Para mí el éxito es no tener que pensar en el dinero. Tomar mis decisiones sin tener que pensar en la economía. Eso es lo que me da la libertad. Poder decir voy a hacer esto en vez de aquello otro aunque vaya a ganar menos dinero es un lujo que se puede permitir muy poca gente. Doy gracias por eso, te lo aseguro, todas las mañanas de mi vida.

-Volvamos al premio. El jurado también destacó «la credibilidad de tu genuina carrera profesional». Eso es la caña, ¿no?

-Sí, claro. Lo que destaca esa frase, que es muy bonita, es precisamente que he tomado mis decisiones en base a criterios artísticos más que a criterios económicos. Y no ha sido fácil, ¿sabes? He rechazado ofertas de mucho dinero por hacer algo que no me apetecía hacer. Y he tenido muchas dudas, claro. Cuando una es madre de familia piensas que a los que tienes detrás eso igual les venía muy bien. Pero mantener tu credibilidad como artista es fundamental de cara a sembrar en el futuro. Esa es una discusión que tengo de modo recurrente con la gente del negocio musical.

-¿Puede deberse precisamente a esa falta de credibilidad el vacío que se ha apoderado actualmente de las músicas comerciales mayoritarias?

-En la música comercial hay de todo. Hay gente con una integridad artística maravillosa y otros que se dejan arrastrar por el negocio. Yo, de hecho, empecé en el pop comercial. Y he mantenido una lucha constante contra los prejuicios. Empezando por los sexistas. Nadie pensaba ni creía que aquella chica que cantaba Chas podía tener una proyección musical como la que vino después.

-En varias ocasiones has dicho que en la música faltan referentes femeninos. ¿Te sientes ya uno de ellos?

-Quizá sí. Muchas mujeres me han dicho que por primera vez habían visto a una mujer que se parecía a ellas haciendo lo que ellas querrían hacer, y que eso les había dado valentía. Somos simios e imitamos modelos. Y mientras que los hombres tienen muchos en los que inspirarse, desde el chico guapo y sexy haciendo reguetón al cantautor paliducho haciendo canciones románticas, los modelos musicales femeninos son escasísimos.

-¿Cuáles fueron los tuyos?

-Cuando yo era pequeña en el rock estaba Patti Smith y nadie más.

-En ese sentido, en Latinoamérica nos están dando una lección.

-Absolutamente. En Latinoamérica las mujeres están liderando el movimiento musical. Y además están conectadas entre ellas. Es maravilloso. Hay unas potencias creativas tremendas que van desde la vanguardia, como lo que hace Camila Moreno, hasta otras, como Natalia Lafourcade, que recuperan la raíz y la tradición.

-¿Crees que Rosalía puede ser un referente femenino para las nuevas generaciones?

-Ya lo es. Indudablemente es un referente femenino poderosísimo. Y está muy bien. Es muy buena, tiene muchísimo talento y tiene control sobre lo que está haciendo. Tengo muchas ganas de ver hacia dónde evoluciona. Pero no solo está Rosalía. Hay mucha gente joven haciendo cosas brutales. Esta semana he estado en un concierto de Maria Arnal i Marcel Bagé y me parecieron sensacionales.

-Las letras de tu último disco las has escrito poniéndote en la piel de un hombre. ¿Qué has descubierto del género masculino adoptando ese rol?

-Que el machismo es una coraza que el hombre se pone encima de la piel para defenderse no de las mujeres sino de los otros machos. Y no es una coraza innata sino construida. Es algo que se aprende, normalmente en la adolescencia. De ahí la trascendencia de la educación. Sobre todo en la escuela porque en sus casas muchos de esos adolescentes lo que ven es perpetuarse ese modelo.

-En estos últimos años te has colado en los carteles de muchos festivales. En ellos compartes escenario y camerino con grupos a los que casi doblas en edad. ¿Cómo es la relación con ellos?

-En el mundo de la música se desdibuja mucho la cuestión de la edad. Yo no me veo brutalmente de otra generación. Igual es porque nunca he estado entre gente de mi edad y por eso no tengo ese tipo de discurso. Hablo con mucha gente más joven que yo, pero que parecen mucho mayores por su discurso inmovilista. El otro día coincidí en una charla con dos cantautores y estaban hablando de los millenials. «Pero bueno, estáis hablando como nuestros padres», les dije. «Os hace falta un poco de cultura». No podemos ver lo que están haciendo las nuevas generaciones como algo ajeno a nosotros. Para ello tan solo tenemos que entender su vocabulario y el lenguaje musical que están utilizando. Y no es tan difícil.

-¿Sientes que ya has llegado «muy lejos, casi casi hasta el final», como decías en «Voy en un coche»?

-[Se ríe]. Muy lejos sí, pero hasta el final no. Aún me queda.

-También decías en 1988 que «los sueños no se pueden dominar». Pero algunos pareces tenerlos muy controlados.

-Bueno, es como aquello de ten cuidado con lo que deseas porque puede acabar cumpliéndose, ¿no? Ahora mismo siento que hago lo que quiero hacer. Y sí, eso es un sueño cumplido.

-Por cierto, ¿qué fue de tu chistera?

-La chistera no sé donde acabó pero guardo mucha de aquella ropa. Tengo un baúl de los recuerdos al que le tengo mucho cariño. Es muy divertido, yo no lo suelo abrir pero a veces cuando viene gente a mi casa se disfrazan con eso.

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