Dani Rovira: «Lo que soy como cómico se lo debo a los bares»

El éxito le desbordó de buenas a primeras en su faceta de actor. Y en ello sigue. Pero sin olvidar sus orígenes en la comedia. Este finde llega a Galicia en compañía de Iñaki Urrutia y JJ Vaquero


Lo mismo se manifiesta esquivo e huidizo que insoportable y plomizo. El éxito, valiente cabrón, es así de caprichoso. A Dani Rovira (Málaga, 1980) le costó unos añitos y más de un berrinche sobreponerse a él. En su descargo, eso sí, hay que reconocer que le llegó de un modo apabullante y arrollador. Y quizá donde menos se lo esperaba, en la pantalla de un cine. Más sosegado, prudente y hábil a la hora de dosificar exposiciones y energías, el malagueño está en trance de consolidar su carrera de actor. Veremos qué pasa a partir del 23 de este mes, tras el estreno de Superlópez, su nuevo papel superprotagonista. Entre tanto revive y renueva su compromiso con sus orígenes, con la comedia y el monólogo. «Soy carne de escenario. El calor del público, la complicidad cercana y el feedback inmediato es como una droga. Es combatir contra un monstruo con mil cabezas y ganar, casi siempre, la batalla», dice.

-Tus inicios, como los de muchos monologuistas de tu generación, fueron en los bares. ¿Hoy hay algún momento en el que aún llegues a echar de menos aquel contacto tan cercano y directo con el público o prefieres la prudente distancia que hay entre el escenario y el patio de butacas?

-Todo tiene su parte buena. Pero es verdad que, si en los teatros somos libres, en el escenario de un bar o de una sala de comedia, somos libres y encima con un cuchillo entre los dientes. A muchos de nosotros los bares nos han hecho ser los cómicos que somos. Yo soy los bares que he hecho.

-La comedia y el monólogo siempre han sido un territorio de libertad. Aunque tu humor ha sido siempre bastante blanco, ¿qué te parece lo que les está pasando a otros compañeros que están siendo censurados o vilipendiados?

-Creo que de esta pregunta no me vas a sacar ningún titular [se ríe].

-Bueno, por lo menos dime si ahora te cortas más en tus espectáculos a la hora de decir según qué cosas.

-En un teatro siento mucha más libertad que en televisión, en redes sociales, en la radio o incluso con la prensa. Lo que pasa en el teatro se queda en el teatro. Y la gente que viene, viene a disfrutarte, no a sacarte los ojos.

-Hace tres años ganaste el Goya al Actor Revelación. Una vez revelado, ¿tienes ya la sensación de haber satisfecho las expectativas?

-En el cine no tenía ninguna expectativa, así que todo lo que me está viniendo es bonito y de agradecer. Estoy disfrutando mucho con los proyectos que me han ido ofreciendo

-En aquella época insistías en que lo de actor eran palabras mayores. ¿Ya te atreves a presentarte como tal cuando conoces a alguien?

-Me suelo presentar por mi nombre... Cuando todavía surgen esas maravillosas ocasiones en las que alguien no me conoce. Me es incómodo presentarme por mi profesión. Normalmente nadie dice: «Hola, soy Gerardo, subdirector de recursos humanos en una empresa de programadores informáticos». Pero si lo tengo que hacer siempre me gusta decir que, ante todo, soy cómico.

-Muchos compañeros tuyos (Goyo Jiménez, Broncano, Piedrahíta, Joaquín Reyes, Quequé…) se han hecho un hueco en televisión. Tú lo intentaste hace unos cuantos años con un par de patinazos. ¿Te ha dejado de interesar ese medio?

-Por ahora no ha habido ningún proyecto que me haya interesado. Voy a El Hormiguero por mi compromiso con las protectoras y la lucha contra el maltrato animal y a La Resistencia porque David [Broncano] es muy amigo mío y me dan libertad de ir cuando puedo y cuando no puedo, no. Además no quiero romper la racha de estar en todos lo programas donde él ha estado [se ríe].

-Otra de las facetas por la que más te has significado es por la defensa de los animales. ¿Eres de los que cuanto más conocen a las personas más quieren a su perro?

-Hay personas realmente maravillosas en el planeta, créeme. La gran mayoría, de hecho. Los muy hijos de puta son muchos menos. Pero su mal y sus fechorías hacen más ruido y se propagan mucho más rápido entre la sociedad. Y luego hay un buen porcentaje de gente, que ni fu ni fa. Que no son mala gente, pero van a lo suyo. A estos son a los que hay que contagiarles la bondad y el arrimar el hombro.

-Decir que «pertenecer a un país donde se celebra la tauromaquia te da vergu?enza» ¿es un acto de valentía, de rebeldía o de justicia?

-Es un acto de amor incondicional a todos los seres vivos de este planeta.

-También has dicho que a «los políticos les vendría bien un poco de humor y reservar momentos para el sexo». ¿Por ese orden?

-No seré yo quien organice la agenda política de nadie. Que cada uno se organice su felicidad como quiera, mientras no hagan daño a nadie.

-¿Qué es lo que más te puede sacar de tus casillas?

-El abuso hacia quien no se puede defender. A la infancia, a los animales, a nuestro planeta... Aunque este último, el día que se defienda en serio nos va a mandar a todos a freír espárragos.

-¿Y qué te puede apaciguar en un momento así?

-Mi casa, mis perros, mi lectura, una copa de vino, una chimenea, salir a correr... Son las herramientas que tengo más a mano. Y saber que con nuestra Fundación Ochotumbao, Clara [Lago] y yo estamos aportando granitos de arena y ayudando en lo que podemos.

-Has grabado «Ocho Apellidos Vascos» y «Ocho Apellidos Catalanes». Si te propusiesen grabar «Ocho Apellidos Gallegos», ¿lo harías?

-Todo depende. Si hay una buena historia que contar, ¿por qué no?

-Como experto en estereotipos autonómicos, ¿cómo definirías a un gallego?

-A mí, menos dos o tres, el resto de los gallegos me caen muy bien. Me producen ternura. Estoy feliz cuando estoy en Galicia. Uno de mis mejores amigos es gallego, mi querido David Perdomo. Y si los gallegos tienen morriña, a mí me da morriña que gallegos que quiero tanto vivan lejos de Madrid.

-Las redes sociales te han llevado alguna vez por la calle de la amargura. ¿Cuál es su principal peligro?

-Las redes sociales es la cosa que más me gusta de las cosas que no me gustan. Y con esa espada de Damocles vivimos todos los que las usamos. Disfrutándolas y sufriéndolas a partes iguales.

-¿A qué edad dejarías que un hijo tuyo abriese una cuenta en Twitter?

-No tengo hijos, así que ese marrón se lo dejo a quien los tenga.

-Preséntanos a tus dos compañeros de viaje. ¿Qué es lo que más te fascina y lo que menos soportas de JJ Vaquero y de Iñaki Urrutia?

-Urrutia y Vaquero son fascinantes sin ningún tipo de discusión. Me fascina su talento para la comedia, desde lugares muy diferentes. Su sentido común y su capacidad de admirar y sorprenderse de manera sincera y auténtica ante gente talentosa. Lo digo porque eso me parece siempre de una generosidad y humildad que no es fácil de encontrar. Lo que no soporto de ellos es que siempre estén tan liados que no tengamos más tiempo para vernos. Ellos podrán decir lo mismo de mí... Por lo de liado, me refiero.

-Por cierto, ¿por qué habéis titulado el espectáculo «Monólogos interruptus»? ¿No nos quedaremos con las ganas?

-[Se ríe] No, para nada. La esencia de este espectáculo es que nos conocemos tanto y tenemos tanta confianza y complicidad, que vamos a probar a interrumpirnos, matizarnos y meternos el dedito en el ojo entre nosotros en aras de la comedia y de que el público lo pase lo mejor posible. Eso podemos hacerlo nosotros porque nos queremos mucho. Y ya sabes que, donde hay confianza, da asco.

HOY Y MAÑANA, 20.30. VIGO. AUDITORIO MAR DE VIGO. ENTRADAS AGOTADAS

DOMINGO, 19.00. SANTIAGO. PALACIO DE CONGRESOS Y EXPOSICIONES. DESDE 19,60 EUROS

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