«Trump, no me mientas»

La cantante que más discos ha vendido en la historia sigue con hambre: a sus 76 años, Barbra Streisand regresa en noviembre con un nuevo trabajo, «Walls», en el que mira de frente al presidente de Estados Unidos y le saca las vergüenzas


Siempre se ha movido en el pantanoso camino que recorren las estrellas con pretensiones sociales: porque Barbra Streisand (Brooklyn, 1942) es una diva al uso, de esas que clonan a su perro favorito, que piden multas de 50 millones de dólares por tomar una fotografía aérea de su casa o que hacen construirse un centro comercial en los bajos de su vivienda de Malibú, para no tener que mezclarse con el resto de los mortales; y al mismo tiempo se ponen al frente de causas que la acercan a los colectivos más desfavorecidos. No es de extrañar que en un programa de televisión de Oprah Winfrey ella misma se definiese así: «Soy una persona con dos caras». El retrato perfecto. A lo largo de su vida y de su carrera profesional, la insoportable Streisand ha defendido la integración de las mujeres en el mundo laboral (tuvo que luchar durante años antes de que los productores le dieran luz verde para su película Yentl), la educación y la sanidad para todos, la libertad sexual o la integración racial. En 2020 comenzará a dirigir un centro cultural junto al World Trade Center de Nueva York. Algunos cálculos apuntan a que en los últimos años ha conseguido recaudar más de 25 millones de dólares para estas batallas.

Ahora, «la chica de Brooklyn», como ella misma se denomina, regresa a la primera línea de la música con un trabajo, Walls (Muros) que saldrá a la venta el 2 de noviembre y que ya es toda una declaración de intenciones desde su título. La cantante que durante su juventud sintió cierto complejo por el tamaño de su nariz (se ha negado con terquedad a someterse a la cirugía estética) le llama ahora Pinocho a Donald Trump en toda la cara. Su tema Don´t lie me (No me mientas) está dedicado al pintoresco presidente estadounidense, que ya recibió durante la campaña electoral las críticas más feroces de la artista. Y es que a sus 76 años, Barbra Streisand sigue con hambre de éxitos y de reivindicaciones, a pesar de que su biografía le habría permitido hace mucho tiempo dedicarse a pasear tranquilamente a sus famosos perritos clonados: lleva vendidos más de 140 millones de discos y en sus estanterías tiene, además de dos Oscar, varios Grammys, Emmy y Globos de Oro. Y eso que los escenarios no son precisamente su pasión. Barbra Streisand sufrió durante décadas un pánico escénico que casi le «revolvía las tripas». «Uno de los motivos por los que sigo actuando es que actualmente existen pastillas contra el pánico escénico. Ojalá alguien me hubiera hablado de ellas hace años», confesó recientemente. Tampoco en el resto de aspectos vive la vida de una estrella mundial al uso. Evita las alfombras rojas («¿Por qué he de posar ante un cartel publicitario? No me gusta que me hagan fotos. Punto»), tanto como las entrevistas («No me gusta hablar de mí, ni tampoco del trabajo»). Pero, le gusta opinar sobre temas actuales, sobre todo a través de su web y de Twitter. Apoyó a Hillary Clinton y ahora se pone frente a Donald Trump: «No puedo respetar a un racista, sexista y xenófobo que nos perjudica a todos con su comportamiento». En Don’t Lie me Streisand canta: «¿Cómo ganas si todos perdemos? / Cambias los hechos para justificar». «¿Cómo duermes cuando el mundo sigue girando? / Todo lo que construimos se ha deshecho / ¿Cómo duermes cuando el mundo está ardiendo? / Todos responden a alguien».

Su carrera comenzó en los 60, en los clubes de Broadway. Criada en una familia judía. desde muy temprano soñó con ser actriz. Fue a clases de interpretación desde que tenía 14 años. Durante una actuación en un club conoció al dúo de compositores Alan y Marilyn Bergman, que escribirían para ella hits como The Windmills of Your Mind, Solitary Moon o That Face. «Nunca olvidaré lo primero que me dijo Marilyn: ‘¿Sabes lo maravillosa que eres?’»

REDFORD, SU PREFERIDO

Además, la polifacética artista ha cosechado grandes éxitos en la pequeña y la gran pantalla. Su primera película de envergadura en Hollywood, Funny Girl (1968) le valió su primer Oscar a la mejor actriz, y sus shows de televisión dieron la vuelta al mundo. Películas como The Way We Were, Hello Dolly», Nut», What’s Up, Doc? y Yentl son ya clásicos. Según ha confesado en alguna ocasión, su pareja de cine preferida es Robert Redford. «Nos observábamos con precisión y nos interesábamos uno por el otro, creo que los espectadores lo notaban». Superado su pánico escénico, aun tenemos tiempo para disfrutarla. Más Barbra que nunca.

Sigo actuando porque hay pastillas contra el pánico escénico

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