Enemistades en do mayor

La última gran disputa entre divas de la canción ha dividido el país: ¿estás con Malú o con Amaia Montero? Pese a que parece que entre artistas todo son halagos, las últimas décadas revelan peleas monumentales entre los dioses del cosmos del pop. Pero las folclóricas más cañís no se han quedado atrás y sus broncas son parte de la historia de España


Aunque no hay unanimidad al respecto, parece ser que el origen de la expresión «¡mucha mierda!» procede de la época dieciochesca, cuando los más pudientes acudían al teatro en coche de caballos y, cuanto mayor era la presencia de equinos (con las patas sucias), más espectadores. Es una opción creerse esta versión. O inclinarse, a tenor de las grandes disputas que ha regalado la historia del espectáculo, por un desahogo que esconde más verdad de lo que venden los artistas. La última gran polémica de la industria del pop, la que más enfrentamientos acumula entre las estrellas del panorama musical, tiene sabor castizo. Y olor a rancio. Castizo porque la protagonizaron hace escasos días dos de las mayores divas de la música mainstream en España: Malú y Amaia Montero. Rancio, u obsoleto, porque son los supuestos kilos de más de la excantante de La oreja de Van Gogh los que volvieron a dividir este país en dos.

Al parecer, la coach de La Voz quiso quitar hierro a la obligación que se le atribuye a una cantante por estar delgada poniendo el ejemplo de alguien que, a su juicio, no lo está y no pasa nada: Amaia Montero. Se lio el pitote y la vasca, que últimamente hace de su Twitter un hervidero de polémicas, se ofendió y escribió en esta red social: «A la Victoria’s Secret de Malú: ojalá todas fuéramos tan guapas y sobre todo tan delgadas como tú!».

En una era en la que la moderación y la corrección social están a la orden del día por el miedo a las acusaciones de los internautas en Instagram y Twitter, cada vez son menos las broncas entre artistas que salen a la luz, para desgracia de los muchos que ven en conocer los entresijos y enredos del star system un placer culpable extremo. Pero siempre hay donde rascar.

«¿Quién es Cardi B?» ha sido una de las preguntas más buscadas de Google en los últimos días. Y no es para menos, pues esta rapera acaba de protagonizar una pelea épica junto a la cantante Nicki Minaj. Enfrentadas desde hace tiempo, aprovechan cada ocasión para demostrar su enemistad, aunque quizás la última vez se les haya ido de las manos. En la fiesta organizada por la revista Harper’s Bazaar por la Semana de la Moda de Nueva York casi se lían a puñetazos. Eso sí, había un precedente. Pues la rapera le había lanzado un zapato de tacón a Minaj minutos antes. Cosas de divas millennials.

Y si de diosas de la canción va la cosa, hay metros de tela que cortar. Que si Beyoncé enfrentada a Rihanna por una supuesta infidelidad de su marido, Jay Z, con la de Barbados; o el pique entre Madonna y Lady Gaga por una acusación de plagio (Born This Way, de Gaga, se parece demasiado al tema Express Yourself según la reina del pop), sin olvidar a la diana que más dardos envenenados recibe de sus colegas de profesión: Taylor Swift. La cantante country está con frecuencia en el ojo del huracán y se le atribuyen malos rollos con Selena Gómez, John Mayer o Demi Lovato. Pero la mayor polémica fue, sin duda, la vivida con Kanye West, el marido de Kim Kardashian. Hace ya nueve años de aquella entrega de premios pero la imagen fue insólita. Taylor Swift acababa de recibir el premio MTV al Mejor Vídeo Femenino y al subir al escenario todo se torció cuando un indignado West la interrumpía robándole el micrófono para decir que quien merecía el premio era el Single Ladies de Beyoncé.

Parece que ninguno de los dos se ha recuperado de todo de aquella escena, y aunque son varias las veces que han asegurado públicamente que han hecho las paces, lo cierto es que alguna pullita que otra se siguen lanzando en las letras de sus canciones. Casi como, barriendo para casa, las folclóricas cañís en los ochenta. Con un lenguaje sibilino y una retranca que ya quisieran para sí muchos gallegos, Isabel Pantoja, Lola Flores o Sara Montiel dieron grandes titulares mientras pasaban del amor al odio casi sin perder el cardado. Para el recuerdo queda la frase de Marujita Díaz sobre Carmen Sevilla: «No es buena actriz, pero finge muy bien».

 

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