Ya es Navidad en la voz de Mariah Carey

La cantante estadounidense regresa con «GTFO», adelanto de un nuevo disco que publicará antes de que acabe el año. Su vida ha sido una montaña rusa entre el éxito y la atenta mirada de un público que llegó a darle la espalda para acabar elevándola de nuevo hasta lo más alto de las listas musicales


La de Mariah Carey es cuanto menos una historia curiosa, aunque emparentada con la de otros artistas que tocaron techo en los 90, a saber: un éxito mundial desorbitado, una entrada en el nuevo milenio a trompicones y un renacimiento personal y musical estos últimos años. Es una especie de ritual hollywoodiense el del ser un ave Fénix, ese dejarse caer para luego levantarse, o ese quemarse para luego volver de entre el polvo.

Carey ha vendido casi 200 millones de producciones musicales en el mundo. Sí, es una de las cantantes que más ventas ha cosechado a lo largo de todos los tiempos.

En 1998, hace justo ahora dos décadas, fue galardonada con el premio a la artista con mayores ventas del mundo durante la década de los 90 en los World Music Awards. No es baladí, recordemos que fue una época de alto voltaje musical en la radiofórmula, con bandas de increíble reconocimiento y fenómeno fan a lo largo del planeta: Backstreet Boys, Take That, NSync; sin olvidar todo el movimiento grunge y roquero del momento.

La estadounidense se erigió como una apuesta segura. Los números no fallaban. Fue nombrada la artista femenina más vendida del milenio en el año 2000 y según la Recording Industry Association of America -la famosa RIAA-, Carey se ha colocado como la tercera artista más exitosa de Estados Unidos. Por delante solo se situarían Barba Streisand y Madonna.

Nada parecía enturbiar su carrera, hasta que el siglo XXI hizo su aparición y todo se fue al garete, literalmente. Un descalabro. Ni siquiera sus 14 números unos pudieron evitar la caída de lo que algunos se cansaron de definir como diva.

Un paseo sin fondo

Sus paseos por televisión y radio resultaron ser un auténtico pozo sin fondo ante la atónita mirada de sus fans, que veían a una Carey rota, sin fuerzas. En el 2001, la cantante es hospitalizada por cansancio extremo y problemas emocionales. Para cerrar el círculo, su primera película, Glitter, es un fiasco tanto en taquilla como en crítica, y aún hoy se recuerda como la típica incursión totalmente innecesaria de un músico en el cine. Un pecado, casi. Tampoco su siguiente disco, Charmbracelet, obtuvo el reconocimiento esperado.

La llama se apagaba y solo The emancipación of Mimi pudo reclamar el éxito que antaño poseyó, aunque para ello tuvo que recorrer un lustro con la cabeza gacha, al borde del colapso, o peor, del olvido mediático.

¿Y a partir de ahí? Los altibajos propios de la industria y, en su caso, más miradas puestas en sus actividades personales que musicales.

En Las Vegas encontró un refugio interesante. Como residente de uno de los casinos más importantes del patio de recreo de América, Carey solo necesita ofrecer un número de limitados de espectáculos al año y satisfacer a los fans que acuden a verla, junto al resto de turistas que pululan por la ciudad del pecado. La Red la sigue con entusiasmo y no pocos usuarios y medios de comunicación alertaron del notable cambio físico que sufrió la cantante hace poco.

Anécdotas

Con el tiempo, incluso se ha tratado de convertirla en un chiste, en un producto ya desfasado de la industria (incluso con cierta alevosía y muy mala leche). Todo vino justificado por el fallido concierto que la estadounidense dio en Times Square en las Navidades de 2016. Cosas del playback. Al siguiente año se redimió y ahora vuelve a ocupar una posición privilegiada. En España la cosa va de anécdotas, aunque su último número se sitúe en 1993. Algunos aún recordarán cuando cerró el Tibidabo de Barcelona para pasar una tarde con sus fans españoles, o como, durante otra visita, invitó a varios admiradores a merendar en el Ritz. Cosas que pasan.

Acompañada de Luis Miguel, tan revivido ahora con su exitosa serie, dio permiso a algunos fans malagueños para subirse en su limusina, en donde les puso en exclusiva Loverboy. ¿Más? Después de la emisión de un programa para la MTV en el que mostraba su casa, Carey indicó que «esta es la habitación para los fans». Tomado al dedillo, varios de sus admiradores aparecieron en su hogar reclamando dormir allí -eran españoles, por cierto-. La amabilidad de Carey, que supera con creces su divismo o la imagen que ha querido forjarse, queda demostrada tras aclarar el malentendido y pagarles una habitación en uno de los mejores hoteles de Nueva York a aquellos intrusos. Igual que Papá Noel, Mariah Carey regresa por Navidad con nuevo disco. Por lo pronto, ya ha estrenado GTFO, un adelanto en forma de videoclip. Su voz sigue viva y capaz de escalar en las listas de tendencias. Casi siempre lo ha hecho.

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