«El del indie no era nuestro circuito»

Cautivaron al público con una fusión cuasi imposible de folclore alcarreño y bluegrass. Y ahora acaban de firmar la declaración de amor póstuma más hermosa que se haya grabado nunca

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Quique Cubero, un alcarreño de emociones curtidas y pasiones infinitas, se le rompió el alma y la vida. En el 2016 un cáncer se llevó a su mujer, Olga. Le quedaba la voz y una tristeza eterna que fue transmutando en canciones. Su hermano Roberto le animó a convertirlas en un disco.

Quique dibuja la tristeza, que así se titula, se aleja en cierto modo de esa cautivadora sonoridad a caballo entre el folclore castellano-manchego y el bluegrass de los anteriores trabajos de Los Hermanos Cubero, para convertirse en la declaración de amor póstuma más hermosa, intensa y subyugante que se haya grabado nunca. «Escribir estas canciones fue una terapia, una válvula de escape. Nunca pensé que se fuesen a grabar ni a hacer públicas», confiesa Quique Cubero.

-No os importó siquiera que se alejasen de ese sonido tan característico que habíais creado.

-La premisa fundamental del proyecto Los Hermanos Cubero ha sido siempre hacer lo que nos apeteciera, sin ceñirnos a un corsé ni a las pautas de un estilo concreto. Y eso es lo que hemos hecho. Pura libertad artística.

-¿Mantendréis el formato cuarteto?

-No, es algo circunstancial. Es una forma de marcar este momento concreto que estamos viviendo y de darle más emoción a estas canciones.

-Dices en una de las canciones que deambulas entre ruinas. ¿Ya has encontrado dónde reposar?

-No, todavía no. Plasmar en el disco los sentimientos de los distintos estadios por los que he ido pasando me ha ayudado. Pero aún no tengo reposo.

-¿Qué ha pasado para que un dúo que revisita el folclore tradicional alcarreño se convierta en icono de modernidad y forme parte del cartel de festivales indies?

-Para nosotros ha sido una sorpresa. Desde luego no estábamos mirando a ese público. Nosotros teníamos más en mente el circuito del nuevo folclore. Cuando en Hagamos algo de ruido, en nuestro primer disco, decíamos aquello de «gustaremos hasta a los modernos de Madrid» no era desde luego una premonición, era algo irónico. Pero, mira, al final se cumplió. Aunque no sepamos por qué ha pasado ni qué han visto en nosotros.

-¿Os sentís más cerca de La Musgaña, de Nick Cave o de Bill Monroe?

-Tengo ratos para todo. A Nick Cave no le he seguido mucho, pero lo puedo escuchar igual que a Bill Monroe, a Barón Rojo, a Ñu o a Jethro Tull. Pero si me tengo que decantar, me quedo con La Musgaña.

-En vuestros anteriores discos, más allá de la ironía, las letras tenían también mucho de compromiso. Pero es que ¿hay algo más subversivo que el cancionero tradicional?

-Desde luego. En el country y en el folk siempre hay una carga social y emocional muy fuerte. En la cultura del pop es todo más melifluo.

-Parafraseándote, ¿ya sabes qué haras el «resto de tu vida»?

-En lo profesional sí que hay planes para hacer un disco totalmente distinto a este y a los anteriores. En lo personal, voy día a día. Los quehaceres que me impone criar a mi hija me evaden. Por lo menos hasta que llega la noche.

-Tu hija es la autora del dibujo que ilustra la portada del disco.

-No fue algo premeditado. Un día me encontré con ese dibujo entre sus papeles del cole. Le pregunté qué era y me dijo que le habían pedido que dibujara la tristeza y dibujó su casa, su madre y un corazón roto.

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