¿Por qué gusta tanto este Operación Triunfo?

Muchos lo comparan con su primera edición debido a la revolución televisiva que está siendo. Ha conectado con un nuevo público, ha hecho de los canales de streaming su casa, y antes de acabar ya tiene ganadora­

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No ha acabado aún, pero el tsunami del éxito que esta última edición de Operación Triunfo (OT) creado por su terremoto de seguidores, ya ha tocado tierra. Nada ni nadie lo ha podido parar. Ni unos últimos años sin pena ni gloria en la parrilla televisiva, ni los detractores de toda la vida, ni tan siquiera el hecho de que casi nadie sea capaz de nombrar a los últimos tres ganadores. OT 2017 ha arrasado. Invadió las conversaciones de la sobremesa durante Nochebuena, conquista semana tras semana el timeline de Twitter, y, si ninguna fuerza sobrenatural lo impide, alzará ganadora a una cantante de futuro y arte prometedor. ¿Qué ha ocurrido? ¿No estaba muerto OT? Quizás solo estaba de parranda. Indiscutiblemente, la productora del programa sabía que había que renovarse o morir. El formato como tal estaba seco. No es casual que OT 2017 haya sido asociado con ese término tan popular actualmente como es millennial. Una generación nueva, de incierto porvenir, y a la vez gran defensora de todo aquello que le gusta. Por fin, esa masa social se ha visto reflejada en un reality. Sus protagonistas no son treintañeros que vociferan sobre temas que ni les van ni les vienen. No. Son más jóvenes, casi críos, y no aparentan más, ni lo necesitan. Hablan de banalidades, pero también de cosas serias, aderezadas con preocupaciones generacionales.

Todo se precipitó después de que Marina, expulsada hace unas semanas, besara a su novio transexual en prime time. Las redes aplaudieron, y se confirmaba algo que llevaba circulando un tiempo por doquier: Este OT era muy distinto a lo acostumbrado. No solo se ha visibilizado la causa LGTB, sino que ha dado momentos tan necesarios como el de dos profesores escuchando a una alumna participante abrirse y contar el acoso que esta había sufrido en el colegio. Semana tras semana, el concurso de la cadena pública ha ido ofreciendo diversas lecciones magistrales en materia de tolerancia y libertad. No, no tiene qué gustar a todo el mundo, ni las canciones que se interpretan, ni cómo se interpretan; pero la naturalidad de sus protagonistas ha encandilado a buena parte del respetable. Y eso es meritorio. También lo es saber dónde buscar público. Si Mahoma no va a la montaña, le toca mover ficha a esa última. El canal 24 horas que RTVE ofrece a través de YouTube y Sky es un éxito absoluto. Igualmente la ágil subida de fragmentos y cortes de las actuaciones y otros momentos del programa de manera inmediata a la Red, en múltiples plataformas. OT quiere viralidad, y aunque es casi imposible de cuantificar esta última, de una manera eficaz, debido a la cantidad de variables, lo cierto es que mientras se escribe este artículo, el canal de YouTube de 24 horas tiene 80.000 espectadores. Son las cuatro de la tarde de entre semana. Suena fácil, pero no lo es. Un grupo de chavales en una grada metálica improvisan el Viva la vida de Coldplay. No hay guion. Es la típica escena de una fiesta en la que varios de la pandilla saben tocar. Resulta agradable verlo, más aún cuando la televisión actual se ha empeñado en vender arquetipos de una juventud tronista, y de música enlatada y destinada solo al mero relleno, sin atisbo de naturalidad ni improvisación. Es en directo, y a todo el mundo le gusta ver a alguien cantar en directo. No hay trampa. O, al menos, no lo parece.

Amaia, esa ganadora

Pase lo que pase con esta edición de OT, o durante su gala final, o tras ella; Amaia Romero (a la que muchos ya llaman Amaia de España, entonando de aquel primer Operación Triunfo, y su Rosa ganadora) ya se ha alzado victoriosa sobre el resto. Ella es responsable directa del triunfo del programa, no solo por sus actuaciones visiblemente sobresalientes; sino por poseer una personalidad cautivadora, amable frente a la camara, y realista. Raro es el espectador que no ve en Amaia esa amiga, o prima, o sobrina que uno ha de tener o conocer por pura estadística. Estar en la televisión, pero comportarse como en el salón de casa, o en el parque con unos cuantos amigos, o en una habitación con un piano sin cámaras. Eso transmite. Bromista y auténtica. Su forma de ser y expresarse es el súmun para cualquier usuario de Twitter dispuesto a compartir o crear algun meme con ella como protagonista. No a malas, claro. Simplemente cae bien. También influye el saber que la cantante y pianista (instrumento en el que para colmo se desenvuelve muy hábilmente) ha fracasado en concursos musicales anteriores. No se rindió, continuó estudiando y trabajando hasta caer en este OT. Su enérgico canto ha llamado la atención, pero no reside ahí la magia de sus actuaciones. En realidad es todo el resto lo que de verdad suma. Es su interpretación, sus ojos, la manera de moverse delante del micrófono y hacer suyas canciones tan determinantes en un concurso de esta índole como Shake it Out de Florence and the Machine. ¿Y que le gusta Marisol? Lo dice, y no pasa nada. ¿Que luego toco un fragmento del Para Elisa de Beethoven al piano? Pues también. ¿Que descubro a media España el talento de cantautores como El Kanka? Suma y sigue. Un talento desbordante y empático. Así, Amaia ya ha ganado Operación Triunfo. No importa qué ocurrirá mañana, si sacará disco, si será en inglés o castellano, o si incluso el público que ahora la mantea seguirá ahí cuando la retransmisión de Youtube se apague. De momento, suya es la victoria.

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