El año del trap. ¿Y ahora qué?

A lo largo del último año, artistas con diferentes raíces y estilos han encontrado en el trap un curioso vehículo de expresión tanto para su música como para su humor


Amenazaba en el 2016 con asaltar la industria discográfica y, finalmente, acabó por hacer suyo el 2017. Fuera de los grupos de estadio, las grandes estrellas ya consolidadas y otros géneros ya adaptados en todo el mundo como el reguetón; el trap se ha hecho con su hueco por derecho propio. Para las nuevas generaciones, será un estilo musical más dentro de su iPod o su reproductor de música de turno.

La última revolución de la música urbana ha creado su propia jerga, sus normas y una nueva manera de entender el single audiovisual. Es casi imposible imaginar una canción trapera sin un vídeo que lo acompañe, lo que ha hecho de Youtube su hogar para el éxito masivo. No se vende en discos, se consume en clics. Pero… ¿y ahora qué? ¿Qué viene después del trap?

Por de pronto, lo que comenzó como un género mirado con cierto desdén y hasta criticado duramente por su tendencia lírica a la hora de entonar consignas machistas, ha acabado por atraer la atención de todo el mundo. Nunca tanto se había abusado del autotune, y nunca la gente se lo había pasado tan bien experimentando con él, al comprobar cómo podía convertirse en un efecto decorativo y singular, más que de mero complemento a la falta de voz (con perdón del reguetón, que ya había avisado con formaciones como Ventura de que el autotune podía dar mucho de sí).

Quizás haya sido esa aparente distancia generacional insalvable lo que ha acabado por hacer que no pocos artistas se hayan lanzado a coquetear con él.

En Galicia, por ejemplo, Boyanka Kostova ha demostrado que en vez de drogas uno puede atraer el interés amoroso a través de recordarle el número de leiras que posee.

Con unas letras enfocadas en la cultura local y con la capacidad de convertir el legendario Corzo de Compostela en un guateque lisérgico de mallas y purpurina, el dúo formado por Cibrán García (Saibran Yiyi) y Chicho (O Chicho do Funk) ha llamado la atención de propios y extraños. Curiosamente, y en demostración de que el trap ha atraído el interés de músicos de cualquier género, o Chicho do Funk milita en Bulto; una formación que podría encajar dentro del noise o el punk más directo.

No es de extrañar que uno de los últimos fenómenos virales de la red sucediese a ritmo de trap. Christian Flores recibió el encargo de una popular web de tendencias para crear un vídeo musical.

Lo hizo, e Internet se rompió. Literalmente. Velaske, ¿yo soy guapa?, acumula millones de reproducciones y no es una casualidad que fuera englobado dentro del género del momento. La canción rezuma un humor histórico desmedido, y muestra al trap como un vehículo también para la risa o el cachondeo sin ningún tipo de connotación más allá que la uno quiera padecer.

Otro ejemplo de éxito proveniente de un artista no relacionado con el estilo musical hasta su incursión en el mismo. En plena efervescencia trapera, distintos artistas han ido tratando de crear su propio estilo con base en la música urbana. Así es como D’Valentina, de 17 años, define sus canciones. «Un brebaje entre el trap y el soul». Aunque la proporción no es equilibrada, apunta maneras; y destila un hecho: el trap aún tiene recorrido.

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