El halcón o la pasión de vivir

Es difícil de entender cómo un libro que contiene belleza a raudales -también literatura de alto octanaje- permanecía inédito en la lengua de Cervantes.

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Hasta ahora era una hermosa historia que solo ciertos cinéfilos conocían. Y es que Kes, el filme que en 1969 rodó el realizador británico Ken Loach -era su segundo largo-, pese a ser abundantemente premiado, apenas gozó de circulación en España. La película adapta la novela A Kestrel for a Knave, publicada solo un año antes por Barry Hines -que se inspiró en su hermano menor y su propio entorno- y que por fin llega ahora al castellano de la mano de la exquisita editorial Impedimenta. 

Esta perplejidad acompañará al lector que emprenda este fascinante viaje a la Inglaterra de las pequeñas poblaciones mineras del condado de Yorkshire, donde el dolor no se valora de forma extraordinaria sino que es un condimento cotidiano más con el que se aprende a vivir. Es el sino de las familias de clase obrera, que la pujante industrialización británica nunca trató con demasiada consideración. Esa Inglaterra, por cierto, cuyos males -y diferencias sociales- acrecentarán todavía más las afiladas políticas liberales de Margaret Thatcher.

Más duro resulta si la víctima del plomizo devenir de los días es un niño. Ha crecido en esa ciénaga y nada lo sorprende, simplemente aguanta la violencia como puede. La familia desestructurada no es un concepto para estudios sociológicos, es una realidad que fragua desde que el padre abandonó el hogar, desde que la madre entró en una deriva de relaciones sentimentales vacías que el consumo excesivo de alcohol anima. La misma bebida alienta el rencor y la frustración en el hermano mayor, que desemboca en abuso y brutalidad, al desahogar la inclemencia de su trabajo en la mina en el castigado lomo del pequeño Billy Casper.

La escuela tampoco ayuda. La vieja pedagogía de la disciplina cuartelera, vara en mano, que tan excelentemente ejemplifica el señor Gryce, es la vía instaurada para enderezar golfillos. Sus compañeros también cebarán la crueldad, parapetada en el grupo, sobre el muchacho, víctima perfecta por su circunstancia de oprobio familiar.

 Autoestima

El muchacho, carne de cañón, dirige sus pasos hacia las malas compañías, la pendencia y el robo. Y solo corregirá el rumbo cuando cruza su camino con una cría de halcón (Kes) a la que decide amaestrar. Ese objetivo ocupará sus horas (no solo las de ocio) y las paulatinas conquistas irán restaurando su autoestima. Solo el profesor Farthing -excepción de intuición y empatía- es capaz de valorar su talento y sus progresos. ¿Será suficiente?

Kes es una novela poderosa, llena de ternura y tragedia, emblema de una generación que dio brillantes escritores norteños como Alan Sillitoe y John Braine, los llamados Angry Young Men (los jóvenes airados que denunciaban la situación de los más desfavorecidos y la hipocresía de las clases altas).

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