«En el tango es el hombre el que acaba solo mamándose en un bar»

Tres décadas de honesta y coherente trayectoria han demostrado que suyo iba muy en serio


Quizá la clave estuvo en enfrentarse al tango con actitud y estética roquera. Corrían los años de la movida y uno de sus iconos cañís, Antonio Bartrina (en el centro), se fijó en la música de los arrabales porteños. Pudo parecer una extravagancia más, tan propia de aquellos vertiginosos ochenta. 

-«Veinte años no es nada», decía en tango. Pero 30 ¿ya van siendo algo?

-¿Sabes lo que pasa? Que la vida pasa tan deprisa que cuando te has dado cuenta ya han pasado 30. Pero sí que es algo, claro, es una vida entera.

-Vienen en formato de trío: voz, guitarra y contrabajo. ¿No se echa de menos el bandoneón?

-Es otro planteamiento. Los conciertos con bandoneón son más grandes, más abiertos. Lo que estamos haciendo ahora es mucho más íntimo, más hacia adentro.

-¿En el tango todos los caminos conducen a Gardel?

-Sí, porque fue el primero que los cantó. Antes de él los tangos eran instrumentales. Así que para mí es como si lo hubiera inventado él.

-Se habla mucho del machismo en la música. En el tango el hombre es casi siempre el que sale peor parado.

-Sí, en el tango al final el hombre es el que se acaba comiendo las lágrimas y mamándose solo en un bar. En aquellos años a Argentina llegaba mucha emigración y la mayoría eran hombres. Había muchos más hombres que mujeres. Así que al que le abandonaban era un drama.

-Malevaje convirtió el tango en algo moderno. ¿Cómo lo hizo?

-De un modo inconsciente. Tenía claro que en el Madrid de los 80 no podíamos hacer lo mismo que se hacía en Buenos Aires en 1930. Entre otras cosas porque en España no había músicos de tango así que eché mano de mis amigos que eran músicos de rock. Con lo cual el rock también afloraba por ahí. Esa fue una de las claves para que mucha gente joven se subiera al carro del tango. Bueno, eso y que en aquel momento en este país por fin se empezaba a vivir.

-En alguna ocasión ha dicho que «ser joven en los 80 fue gloria bendita». ¿Siente nostalgia de ese tiempo?

-No sé si es nostalgia. Tuvimos la suerte de vivir una etapa fascinante, de cambios radicales. Aunque ahora, con el paso del tiempo, nos estemos dando cuenta de que no lo fueron tanto.

-Cómo cambian las cosas. Hace unos meses les suspendieron la presentación de su disco en Madrid porque el teatro en el que se iba a celebrar prefirió acoger ese día una fiesta del programa «Gran Hermano».

-Y tanto... Es muy triste. Yo al principio me agarré una mala hostia que no veas. Tenía ganas de morder. Pero luego se me fue la mala lecha y me embargó una tristeza terrible.

-Dice que su vida ha sido «tango y milonga, amores apasionados, de los que saben a blues y zarzuela y a tragos largos de rock and roll» ¿Hasta cuándo?

-Mientras pueda. Aunque ahora ya tengo muchos años y tengo que tener cuidado con ciertas cosas.

 

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