El 2016 fue un gran festival, pero ¿y ahora?

CARLOS CRESPO

FUGAS

XOÁN A. SOLER

Algo se remueve en las entrañas de la música gallega. Reunimos a algunos de sus protagonistas para intentar descifrar las claves del fenómeno... Si es que existe.

30 dic 2016 . Actualizado a las 12:35 h.

El sentir es común e inequívoco. El año que concluye ha sido excepcional para la música hecha en Galicia. Jamás hubo tantos conciertos y festivales, inaudita ha sido la presencia de grupos gallegos emergentes y de estilos tan dispares hollando más allá del Padornelo, ni nunca nuestras bandas gozaron de semejante beneplácito entre la crítica estatal como han refrendado diversas listas de los mejores discos del 2016. Pero ¿se trata de eso precisamente, de una excepcionalidad o se están afianzando las bases de una sólida escena musical propia?

No semejaba fácil para los nuestros la renovación el sobresaliente estatus que aún mantienen los próceres (Triángulo, Xoel, Iván...). Sin embargo ahora asoman quien sabe si tibias o poderosas razones para el optimismo. ¿Hay argumentos para sostenerlo?

Para tratar de poner luz a la cuestión reunimos a seis personas que están viviendo el fenómeno desde sus entrañas: Lano Caamagno, bajista de Familia Caamagno, posiblemente el grupo que este año ha pasado por más festivales en Galicia; Iván Arias, responsable de la discográfica Matapadre y del Wos Festival; Anxela Baltar, la mitad de esa banda de incalculable proyección que es Bala; Marcos Arias, responsable de la pontevedresa sala Karma y del festival Surfing the Lérez; y Rubén Lino y Daniel Vilaverde, artífices de ese irreverente colectivo que bajo el apelativo de Poetarras asalta pantallas y escenarios a golpe de rap y retranca. A todos ellos los reunimos en torno a la mesa circular del compostelano y solemne Café Casino en una conversación que en su contexto original tuvo lugar íntegramente en gallego.