Hitchcock, el genio que lo controlaba todo

FUGAS

Completa, didáctica, bien planeada y organizada en un espacio de 800 metros cuadrados, la exposición es una mirada global a las claves esenciales de la obra del maestro británico

25 nov 2016 . Actualizado a las 05:30 h.

Es la escena más famosa de la historia del cine. El asesinato en la ducha de Psicosis (1960) forma parte del imaginario de quienes la han visto una, dos, tres, o decenas de veces. Alfred Hitchcock (1899-1980) la concibió sin música. Pero el gran compositor Bernard Hermann le sugirió añadir una pieza carente de melodía y compuesta solo por sonidos agudos de violines para darle mayor dramatismo. El director británico se resistía, pero finalmente cedió al comparar los dos resultados. La exposición que la Fundación Telefónica dedica al cineasta permite ver esos impactantes segundos sin el añadido musical, de tal forma que se oyen las cuchilladas, los gritos de la mujer que interpretó Janet Leigh y el ruido que hace el agua al caer. Hay quien dice que así es más terrorífico. Según contó a François Truffaut en El cine según Hitchcock, el rodaje de la escena duró siete días y tuvieron que realizar setenta posiciones de cámara para obtener 45 segundos de película. No estaba satisfecho hasta que quedaba tal y como él lo había pensado. Ejemplifica el control absoluto, obsesivo, que ejercía sobre todos los elementos de su obra.

Esa película revela también cómo logró burlar a la censura de la época: mostró un pecho desnudo, un largo beso de dos personajes semidesnudos y a una estrella en sujetador en el cartel promocional. Los censores se contentaron con cortar una escena de cama.

Hitchcock. Más allá del suspense muestra lo que los grandes críticos y luego directores franceses de la revista Cahiers du cinéma vieron con claridad: que el británico era no solo un maestro del género sino uno de los creadores más geniales del siglo XX, que gozó de una libertad absoluta gracias al éxito comercial de sus películas. Obras maestras como Psicosis, La ventana indiscreta (1954) o Vértigo (1958), que su biógrafo Donald Spoto califica como “tríptico de dolor, engaño y muerte, creados desde las profundidades de la frustración íntima y los anhelos” provocan una gran fascinación visual en el espectador por la potencia de sus imágenes.

BENITO ORDOÑEZ

A la entrada de la exhibición destacan seis fotogramas que son primeros planos de detalles que acaban ocupando toda la pantalla, una de las técnicas que utilizó y que ya empleaban los surrealistas y los fotógrafos de la nueva objetividad de la década de los 20. El moño de Kim Novak en Vértigo, el ojo de Janet Leigh muerta en Psicosis, el guante ensangrentado de Los pájaros o la navaja de Recuerda (1945).

Los diagramas

La exposición se centra en su forma de trabajar, las bases fundamentales de su proceso de creación y su lenguaje cinematográfico, su capacidad para rodearse de grandes colaboradores, desde los actores a los guionistas, sobre los que ejercía un control férreo, o el papel clave de los personajes femeninos. Hitchcock hacía diagramas, en los que plasmaba los ascensos y descensos de la acción, como en la larga secuencia del autobús de Cortina rasgada (1966), que dura 12 minutos. También se pueden ver los storyboards y bocetos con los que planificaba las escenas. Su manera de contar historias era muy visual. Para ello, utilizaba las más variadas técnicas, la superposición de capas en Los pájaros o trampantojos con imágenes simbólicas cargadas de apariencias para no dar pistas al espectador. Pero, como le dijo a Truffaut, las acciones y miradas de los personajes son las que cuentan la historia visual. En la segunda versión de El hombre que sabía demasiado hizo avanzar la cámara en planos sucesivos por la casa mientras Doris Day canta Que será será, como si fuera la propia música la que se movía por el espacio hasta llegar al niño secuestrado.

BENITO ORDOÑEZ

Hitchcock unió el éxito de sus filmes en taquilla con la calidad artística. Construyó su inconfundible personaje como reclamo comercial. Llegó a crear una sociedad que tenía como objeto dar a conocer a la prensa las noticias sobre sí mismo. Para promocionar Psicosis, aparecía en un cartel en el que se señalaba el reloj y advertía que nadie podía entrar en la sala una vez iniciada la película. Eso era una revolución en una época en que el cine se veía en sesión continua. En el tráiler publicitario salía él enseñando los escenarios, sin ningún fotograma. Era una película Hitchcock y eso bastaba Aunque una vez más logró sorprender al público al matar a la protagonista a los 40 minutos de iniciada la película. Otra de sus características es que buscaba crear una “emoción de masas”, como le dijo a Truffaut. Hitchcock produjo Los pájaros, que costó 800.000 dólares y recaudó más de 11 millones.

Él y las mujeres

Las relación entre sexos es uno de los temas clave de su obra y el deseo uno de los motores principales de sus filmes, muchas veces a través del voyeurismo, de él mismo, los personajes y los espectadores, como ejemplifica en grado máximo La ventana indiscreta. Como decía Truffaut, “Hitchcock no participa en la vida, la mira”. Capítulo aparte merece el papel de la mujer en su filmografía y la relación del director con sus actrices. Su actitud variaba entre el respeto y la fascinación hacia la imagen sofisticada de Grace Kelly y la humillación a la que sometió en Los pájaros a Tippi Hedren, hasta el punto de que uno de ellos le picó cerca del ojo. En sus recientes memorias, Hedren revela que sufrió abusos y acoso sexual por parte del director. En Vértigo, elegida la mejor película de la historia del cine y con la que solo logró cubrir gastos, Scottie se enamora de una mujer ideal, rubia por supuesto, que no existe y trata de recrearla a partir de otra que es terrenal. James Stewart es claramente el alter ego del propio autor. Muestra también mujeres activas e independientes como la que interpreta Eva Marie Saint en Con la muerte en los talones (1959), que lleva la iniciativa en la larga charla con Cary Grant en el restaurante de un tren.

También se explora la presencia en su obra de la modernidad plástica y arquitectónica y se repasa la larga nómina de creadores con los que trabajó o en los que se inspiró, como Picasso, Dalí, Mies van Rohe o Le Corbussier o modistos como Christian Dior o Balenciaga. El recorrido se cierra con el último cameo de Hitchcock en La trama (1976), en el que se ve su inconfundible silueta negra tras el cristal de un premonitorio “registro de nacimientos y defunciones”. “Los directores de cine viven con sus películas mientras las están rodando. Son sus hijos. Y todo parece indicar que las películas más emocionantes son realmente artísticas cuando han sido creadas enteramente por un solo hombre», dejó escrito.