Emular el trabajo de un artista para investigarlo y conocerlo mejor es un tarea educativa frecuente. Lo que ya no es tanto es que ese trabajo llegue al, en este caso, vídeoartista, y que éste se deshaga en elogios. Fue lo que le sucedió a un grupo de alumnos de Celanova con Bill Viola. Curtocircuíto acoge el 8 de octubre el estreno del cortometraje en cuestión, dirigido por el realizador Aser Álvarez, premio Mestre Mateo 2013 al mejor documental
02 oct 2015 . Actualizado a las 05:00 h.La recurrente respuesta que tantas veces provoca la contemplación de una creación artística de vanguardia fue en este caso la espoleta que puso en marcha una fascinante aventura educativa y creativa con múltiples finales felices.
El «eso también lo hago yo» espetado por un alumno del IES de Celanova tras la visualización en clase de una de las videocreaciones del neoyorquino Bill Viola, considerado una de las figuras mundiales más influyentes en la generación de artistas que utilizan los nuevos medios electrónicos audiovisuales, desencadenó un reto colectivo que ha alcanzado una dimensión, desde luego, impensable y desconocida en aquel momento para José Rivela, el profesor de Plástica que respondió al alumno con un «pues vamos a verlo».
El desafío estaba lanzado, la cuestión era cómo dar rigurosa cuenta de él. Es entonces cuando entran en juego el artista contemporáneo Eugenio Ampudia y el director y guionista celanovés Aser Álvarez, ganador del premio Mestre Mateo al mejor documental en el 2013.
De la confluencia de estos tres personajes y del afán creativo despertado en los alumnos por la iniciativa surge el proyecto de realización de un documental en torno a la figura y la obra de Viola.
El cortometraje tiene al agua, uno de los temas centrales en la obra de Bill Viola, como leitmotiv central. Alumnos y profesor la sintieron sobre su propia piel. Unos, empapados en el claustro del monasterio de San Salvador de Celanova, que alberga el instituto. El otro arrojado y sumergido en el pilón de la plaza del pueblo.
Con el trabajo en plena fase de producción llegó el momento de arrojar la botella al océano en forma de correo electrónico dirigido al propio Viola, un tipo al que le acompaña fama de inaccesible. La sorpresa llegó por el mismo medio. El videocreador respondió al visionado del avance del trabajo de los estudiantes con un correo en el que se manifestó «profundamente conmovido por la experiencia» al tiempo que expresaba su gratitud «por este revelador homenaje a su trabajo».
Pero la implicación de Viola fue aún más allá. El propio artista sugirió cómo podría ser la banda sonora del trabajo. Sugerencia, por supuesto, excepcionalmente acogida por sus creadores.
En su texto Viola también expresó su deseo que los alumnos «continúen su exploración personal de acontecimientos que forman su propio futuro tanto como artistas, pensadores, ciudadanos de la sociedad y seres humanos». Y se despide aseverando, ni más ni menos, que «es totalmente posible que el próximo Picasso esté sentado en su aula».
Looking for Viola, que así se titula el documental, se estrena el próximo jueves en Santiago para a partir de ahí iniciar una andadura que lo llevará por varios festivales nacionales e internacionales.