Su legado tardó en cuajar. Michael Rother (Hamburgo, Alemania, 1950) llegó demasiado pronto a un mundo, el del rock, que parecía estar preparado para ciertas vanguardias en Centroeuropa. Pero el tiempo le ha dado la razón y la influencia de sus atmósferas repetitivas al frente de Neu! ha terminado por detectarse en grupos de todo tipo y pelaje. Un pionero devenido en leyenda que encabeza el cartel de un festival urbano único
11 sep 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Cambió el rumbo de la música a principios de los años setenta cuando, aburrido de repetir los mismos patrones que establecía el rock convencional decidió ampliar sus horizontes y acercar los ritmos populares a terrenos más vanguardistas. Lo hizo con los inicios de Kraftwerk pero, sobre todo, con NEU! y Harmonia, desde una Alemania en la que todo valía siempre que sonase innovador y que terminó arrastrando a su terreno al mismísimo David Bowie. Recala en Santiago, dentro del festival WOSINC Michael Rother, el padre del rock cósmico, krautrock o como quiera llamársele a aquellos ritmos repetitivos que parece que vuelven a estar en auge, muy interesado por la ciudad que lo espera: «¿Dices que habrá también una parte gastronómica en el festival? Eso suena muy interesante».
-¿Escucharemos temas de todas sus bandas en el recital de Compostela?
-Básicamente es lo que estoy intentando hacer estos últimos años, conformar un programa cogiendo algunas ideas básicas del pasado, pero todo enfocado en los elementos más rítmicos. Es lo que veo cuando actúo por el mundo. Por ejemplo, recientemente en China me quedé alucinado al ver cómo la gente saltaba y bailaba, era todo felicidad, y eso es lo que me interesa transmitir ahora con mi música, seleccionando temas de Neu!, Harmonia e incluso de mis proyectos en solitario. La verdad es que lo estamos disfrutando muchísimo, porque no siempre fue así de fácil, ¿sabes? Harmonia fue un desastre comercial absoluto en los setenta. Así que cuando veo ahora a cientos de fans reconociendo aquellas canciones es algo increíble. Lo último que quiero es hacer un show nostálgico, volver cuarenta años atrás pensando que cualquier tiempo pasado fue mejor. Esa no es mi intención. Lo que quiero es captar el espíritu de las grabaciones originales y combinar las ideas básicas de entonces con el concepto de música que tengo a día de hoy. Y para eso me permito muchas libertades. Tiene sentido que conserve elementos que la gente pueda reconocer para que lo disfruten, pero eso no quita que cambie todo lo que me apetezca, que juegue con el sonido porque es lo que realmente me divierte cuando toco en directo.
-Parece que se entienden mejor sus propuestas ahora que entonces. Incluso han surgido varios grupos que reivindican el krautrock.
-Seguro que conoces más bandas así que yo, porque para ser honesto debo reconocer que no sigo lo que ocurre en la música actual. El tiempo que le dedico a la música es para trabajar en mis proyectos y escucho muy poca música a lo largo del día. Por ejemplo, últimamente escucho casi exclusivamente unas viejas grabaciones de música tradicional paquistaní. Es profundamente hipnótico, con unas atmósferas únicas que consiguen hacerme llorar. Y eso es de lo poco que escucho con atención cuando no estoy trabajando.
-¿Qué le hizo ver que el rock no daba más de sí y que había que ir más allá?
-Empecé a perder interés y dejé de divertirme cuando era un adolescente porque me di cuenta de que no quería seguir copiando a los demás, que era lo que hacía hasta entonces. Quería que mi música tuviese su propia personalidad. Así que empecé a buscar nuevos sentimientos en la música, pero no los encontraba por ningún lado hasta que di con los chicos de Kraftwerk. A partir de entonces la cosa se simplificó y vino sola, fue justo cuando dejé de intentar ser el nuevo Jimi Hendrix, cuando dejé de copiarle. Ahí empecé a ser creativo.
-¿Cree que eso podría haber pasado en otro lugar que no fuese Alemania?
-Mira, en los últimos tiempos he tenido que hacer entrevistas con periodistas muy jóvenes que no saben cómo eran las cosas antes de la era Internet. Recuerdo sentirme totalmente al margen del resto del mundo. No tenía ni idea de cómo se estaba recibiendo mi música en distintos lugares del mundo, si se entendía... No había un feedback directo. Creo que no fue hasta finales de los noventa, en un concierto de Stereolab, y leyendo en diversos lugares que Sonic Youth citaban a Neu! como referencia cuando me di cuenta de que mi música había calado. Pero volviendo al tema, ¿habría sido todo esto posible si hubiese nacido en Chile o Australia? Sinceramente, no creo. En Alemania a finales de los sesenta había algo que suelo definir como virus del cambio, que afectaba a la cultura pero también a la política. Crecer en aquella época y aquel país rodeado continuamente de los ecos de la guerra hizo que los jóvenes tuviésemos una visión más inconformista. Queríamos cambios y eso influyó en nuestro concepto del arte. Todo el drama que vivimos nos marcó y se tradujo en nuestra música. No creo que en Australia existiese un sentimiento semejante.
-De ahí deriva la simpatía que el punk mostró por NEU!, a pesar de ser cosas totalmente opuestas.
-Supongo que existirían algunas similitudes entre la situación de Alemania a principios de los setenta y la de Inglaterra a finales de la década, al menos en lo tocante a la reacción de los jóvenes frente a las estructuras conservadoras. Pero ese sentimiento de no hay futuro del punk inglés jamás lo compartí. Sí he leído que gente como los Sex Pistols sacaron ideas de Neu! Mi compañero Klaus Dinger era muy diferente a mí, era muy explosivo, arrastraba mucha frustración y un montón de experiencias vitales que le impedían ser feliz, y eso lo trasladaba a su música. Canciones como Hero y el modo en el que canta en ella, esa emoción cruda, esa rabia incontrolada y tan poco sofisticada sí que parece que marcó a la generación punk.
-¿Estuvo a punto de colaborar con David Bowie en la grabación de Heroes. ¿Por qué no llegó a buen puerto?
-No tengo ni idea de lo que podría haber salido de ahí, pero habría sido curioso, ¿no? Es un misterio sin resolver. Bowie me llamó y yo le dije directamente que sí, pero alguien de su entorno lo estropeó. Creo que fue porque había quien consideraba que los fans no entendían su cambio hacia músicas más experimentales de influencia alemana. Tiene sentido que alguien de su entorno intentase ayudarle evitando mi colaboración. Pero te aseguro que ambos estábamos entusiasmados con la idea de trabajar juntos. Y esta era una oportunidad fantástica. Con el tiempo volvimos a tener contacto y le pregunté qué es lo que fue mal. Me respondió simplemente que no lo sabía. De todos modos el disco le quedó magnífico y la labor de Robert Fripp a la guitarra es prodigiosa. Así que, ¿quién sabe? A lo mejor habría aportado algunas atmósferas al álbum, pero tal y como está me sigue pareciendo muy bueno.