La leyenda de Ñu

Serxio González Souto
Serxio González O TUBURBIO

FUGAS

No debe de ser fácil hacer sonar una flauta travesera con pelos en la lengua. Tal vez por ello nuestro hombre no los tenga. Habla y hace música sin trapacerías, expresando un pensamiento y una forma de ver las cosas afilados como clavos recién pulidos, sin importar que sean o no hirientes. Es así como el colega ha perpetrado cagadas notables, como su menosprecio hacia uno de sus primeros guitarras, el amigo Rosendo, y una capacidad compositiva en la que, sin embargo, el de Carabanchel le ha acabado superando. O la acusación a bandas del calibre de Barricada, Los Suaves y Extremoduro de no haber hecho sino plagiar como clones desorejados la fórmula de Leño hasta dejarla seca. Ese mismo espíritu de galo irreductible es el que ha elevado a José Carlos Molina a un estatus de honesta genialidad que resiste cualquier comparación. Nunca, en sus 40 años de trayectoria, ha especulado con Ñu ni compuesto la baladita pringosa que podría haberle abierto las puertas de la radio gangosa y el single chungo en los días en que aquello daba dinero. Mañana debería tocar en Santiago, en la Capitol. Pero ha suspendido. Y lo ha hecho sin tomarnos el pelo con flipes y explicaciones raras. Es jodido retar a ese fútbol televisado al que sacan brillo con billetes podridos a la hora de vender entradas. Incluso al circo poselectoral en marcha. Habrá tiempos mejores.