El fractalista hace memoria

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa EL RINCÓN DEL SIBARITA

FUGAS

24 abr 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Benoît Mandelbrot (Varsovia, 1924-Cambridge, Massachusetts, EE.UU, 2010) fue casi toda su vida una especie de outsider para las matemáticas académicas, un intruso que, desde la libertad que le daba su trabajo como investigador para IBM, no acababa de encajar en el establishment. Por eso, conviene acercarse sin prejuicios a El fractalista. Memorias de un científico inconformista (Tusquets), el extraordinario testimonio de una vida entregada a abrir nuevos senderos en las matemáticas.

Como él mismo admite en estas páginas, cuando le preguntaban a qué se dedicaba solía responder escuetamente: «Soy un fractalista». Y es que su contribución a la geometría fractal, que estudia objetos de irregular belleza, como las nubes o la línea de costa, y su definición del llamado conjunto de Mandelbrot, son sin duda los mayores hallazgos de una carrera mayúscula, en la que también contribuyó a las finanzas, con su análisis de la variación de los precios, para la que aplicó esa misma flexibilidad y creatividad que empuñó para poder medir y estudiar los cúmulos de galaxias. 

La libertad del científico 

A fin de cuentas, Mandelbrot recurrió a la frase de uno de los mayores sabios de todos los tiempos, Georg Cantor, que para defender su investigación de los números transfinitos había escrito: «La esencia de las matemáticas reside en su libertad». Y así, este inconformista científico francés se fue planteando las preguntas que llenaron su vida y que todavía hoy generan nuevos problemas, hipótesis y conjeturas.

Todo empezó un día de 1951 cuando su tío Szolem le entregó una lectura inusual para que se entretuviese durante su viaje en metro:

-Toma esta separata. Es el tipo de tontería que solo te puede gustar a ti.

Era una reseña de una revista matemática que el joven estudiante devoró de regreso a casa. De ese viaje en metro nació la ley Zipf-Mandelbrot sobre la distribución de las palabras. Y nació, sobre todo, una vocación inagotable para explorar las matemáticas de la naturaleza.