Lleva casi 55 años encima de los escenarios con un éxito y, sobre todo, una aceptación entre el público que no conoce parangón en el panorama musical español. Más allá de las tendencias, más allá de los vaivenes de la industria, el prodigio de Linares ha sabido mantenerse a flote con una fórmula infalible: no renunciar a su cancionero clásico ni a sí mismo. Hoy llega a Galicia y vuelve a abarrotar
10 abr 2015 . Actualizado a las 09:35 h.Vuelve Raphael a Galicia y lo hace de nuevo llenando los recintos en los que actuará este fin de semana. Pero más allá del mérito que supone colgar el cartel de Sold out cada vez que visita nuestra comunidad -aunque lo haga cada vez más a menudo-, la gran incógnita está en ver qué tipo de público asiste a sus recitales. No solo habrá compañeros de generación -quizá sean los menos- ni fans acérrimos desde sus éxitos de los años ochenta. Existe una nueva remesa de raphaelistas que apenas tienen la edad de los hijos del artista. Y este cruce generacional, esta comunión más allá de los tiempos, es algo de lo que solo puede presumir el cantante de Linares, que con los setenta ya superados sigue un frenético ritmo de actividad artística que muchos jóvenes querrían para sí.
El colmo de la omnipresencia de Raphael lo vivimos el pasado verano en el Sonorama Ribera, festival de música alternativa que se celebra en Aranda de Duero. En medio de un cartel en el que estaban El columpio asesino, Belako o Iván Ferreiro, se cuela este señor con los 70 ya cumplidos y un estilo musical que dista diametralmente del resto de propuestas. O quizá no tanto, porque ahí estaban también Niños Mutantes, que versionaron Como yo te amo en su disco Grandes éxitos de otros en el 2007. El caso es que la polémica fue sonada y alcanzó a todos los medios -bien por los organizadores y programadores, objetivo cumplido-, con cruce de acusaciones entre los que defendían la autenticidad de la propuesta e incluso llegaban a afirmar que el de Linares es «uno de los nuestros», y aquellos que veían una concesión esnob al horterismo patrio o una mera treta comercial para que se hablase del festival.
Resulta complicado calcular el porcentaje de asistentes que fueron a ver a Raphael, el de aquellos que aprovecharon su asistencia al festival para disfrutar de su actuación y los restantes que se plantaron en Aranda de Duero a pesar de que tocaba Raphael. Pero aquello se llenó de gente coreando los estribillos más conocidos del cancionero raphaelista, vitoreando al cantante y dejándose llevar por su infinita energía. Y mientras, el artista codeándose en el backstage con todas las bandas del momento, recibiendo pleitesía de muchas de ellas y asegurando que para independiente él, que siempre ha hecho lo que ha querido.
Un episodio similar y anterior en el tiempo se vivió en la ciudad de A Coruña en el verano del 2009, cuando el concello decidió incluirlo como cabeza de cartel del Noroeste Pop Rock, festival que se celebra en la playa de Riazor y por donde han pasado en los últimos años Suede, Madness, los Enemigos o Mika. Las voces críticas retumbaron por toda la bahía, acusando al cantante de no ser ni pop ni rock. 20.000 personas se encargaron de acallar esas protestas. 20.000 almas entre enfervorecidos fans y curiosos que pasaban por allí y decidieron quedarse. La lección quedó perfectamente aprendida: Raphael es pop, sin duda. Pero si se pone, también es rock. Y del noroeste, si hace falta.
Precisamente en A Coruña tiene fieles desde cuando los conciertos eran en blanco y negro. En la mítica sala de fiestas El Seijal actuó en el verano de 1967 un imberbe Raphael y fue tal el éxito que el concierto, que era en la parte exterior del recinto, fue seguido por sus fans -entre ellos las hijas de Franco, de vacaciones en Meirás- incluso desde dentro de la sala, asomados como podían a las ventanas. Un éxito que ha repetido en todas y cada una de las ocasiones en las que ha actuado desde entonces en la ciudad.
Espectáculo total
El secreto quizá radique en sus propios conciertos. Pocos ejemplos más claros de espectáculo total pueden encontrarse en un solista a lo largo y ancho del globo terráqueo y habría que remontarse a los desaparecidos Elvis y James Brown para encontrar a alguien con semejante control sobre la escena. Trascendiendo el terreno musical, yendo más allá, incluso, de una portentosa voz que conserva casi como el primer día, Raphael aporta a sus shows un toque teatral que, superada la grima que pueda suscitar tanta impostura, si uno entra en su juego, convierte cada recital en un espectáculo único.
Llega con su cancionero habitual, pero actualizado en su último disco, De amor & desamor. Y ese es otro de los grandes aciertos del artista: no renunciar a ninguno de sus grandes éxitos, por muchas veces que los haya interpretado. Sigue sacando partido a unas composiciones que sabe que son irrepetibles, que sabe que son lo que quiere el público de él. Y si hay que dedicarles dos horas y media, pues se les dedica. El repertorio lo merece.
Tras estos conciertos gallegos emprenderá una segunda parte de su gira que le llevará de nuevo a América. Dos meses estará por la otra orilla del Atlántico. ¿Cuánto durará esta hiperactividad? El retiro, ni se lo plantea. Por el momento parece que hay Raphael para rato, según afirma el propio cantante.
Conciertos
Vigo. Auditorio Mar de Vigo. Hoy. 20.30 horas
A Coruña. Palacio de la Ópera. Mañana. 20.30 horas. A partir de 35 euros.