Paradojas carnavalescas. Es en estos días cuando los gallegos se quitan la careta para manifestarse tal cual son. Porque las máscaras existen para que lo auténtico asome y si se trata de máscaras aquí algo entendemos, hacemos una ronda por las citas principales. Y por el placer de mirar.
18 feb 2015 . Actualizado a las 18:32 h.Nadie que vaya a Sanfermines se preocupa de mirar el programa de fiestas. La fiesta se vive allí en la calle, en los bares, en cada rincón, a cada hora, en cada encuentro. Otro tanto ocurre en los carnavales gallegos. Por lo menos, en los más relevantes y significativos. En ellos nadie se preocupa del horario del desfile o del lugar en el que se celebra el concurso de comparsas. Por cierto, cada vez más achirigotadas.
Si algo caracteriza al entroido tradicional gallego -capaz como fue de sobrevivir al ostracismo en una sociedad poco proclive a la insumisión- es precisamente su espíritu laico, libre y libertario. Su afán transversal por propiciar la burla, la risa y el escarnio si fuere necesario. Su entrega espontanea y absoluta a los placeres de la carne. También en la mesa, por supuesto. Una fiesta en la que las costumbres se relajan y los roles se invierten. Y es que después ya vendrá, implacable, penitente y austera, la anodina Cuaresma. Así que toca disfrutar de lo que queda y hay mucho donde elegir.
Verín, al compás del cigarrón
El entroido tradicional tiene en Galicia su más señalado exponente en el denominado triángulo mágico que forman los concellos ourensanos de Verín, Laza y Xinzo de Limia.
En Verín, los protagonistas del entroido son los cigarróns, enigmáticos personajes enfundados en una llamativa vestimenta, que ni hablan ni pueden ser tocados, pero que fustigan sin miramientos a quienes se manifiestan ajenos al festín carnavalesco.
El incesante sonido de las chocas que cuelgan de sus cinturas conforma la banda sonora del entroido verinés ya desde el pasado domingo, en el que hicieron aparición. El lunes tendrá lugar la muy carnal batalla da fariña y el martes el desfile de carrozas, comparsas, máscaras y cigarróns.
Xinzo de Limia, el entroido infinito
El de Xinzo pasa por ser el carnaval más largo de España. Se prolonga durante cinco semanas, que se iniciaron el 25 de enero con el domingo fareleiro y que concluirán el 22 febrero con el domingo de piñata. Durante todo este tiempo las protagonistas incuestionables son las pantallas, personajes ancestrales que con sus rudimentarias máscaras no desfilan sino que recorren la villa golpeando sin cesar dos vejigas de animales, secas e hinchadas como globos, con las que imponen su particular ley: quien no vaya disfrazado paga una ronda de vinos. El día grande del entroido de Xinzo es el martes, en el que tiene lugar el desfile de carrozas.
Laza, pura esencia
El de Laza es probablemente el entroido que mejor ha sabido conservar los ancestrales rituales de los que toma origen. Y no solo por sus hormigas. Es el de Laza un carnaval que se vive fundamentalmente en los bares y en la calle y en cuyo epicentro están las propias gentes del lugar, participativas como pocas.
Los personajes emblemáticos del entroido de Laza son los peliqueiros -emparentados estéticamente con los cigarróns-, caracterizados por sus vistosas caretas decoradas con imágenes de animales.
El día grande es el luns da Borralleira. Por la mañana tiene lugar la farrapada -una, de nuevo, muy carnal batalla de trapos untados con barro- y la xitanada, una procesión de parejas montadas en burros. Ya por la tarde baja desde Cimadevila la Morena, un hombre que esconde su rostro tras la calavera de una vaca y que se dedica a levantar las faldas de las mujeres, ayudado por su comitiva que lanza sobre el público en la plaza de la Picota una lluvia de famélicas hormigas.
Viana do Bolo, boteiros y androllas
No muy lejos del triángulo mágico, en las altas tierras del sur de la montaña ourensana, el entroido de Viaja do Bolo atesora también interesantes particularidades. El boteiro es su personaje enseña. Ataviado con una máscara de madera de color negro rematada por una pantalla de la que, al igual que de su vestimenta, cuelgan multicolores tiras de papel y de tela. El boteiro es el encargado de abrir paso a los folións y de mantener el orden de la comparsa.
El día grande es el domingo, jornada en la que es tradición degustar la androlla, un embutido elaborado a partir de diferentes carnes de cerdo.
Ourense, ambiente urbano
La capital ourensana no es ajena al ambiente carnavalesco que inunda la provincia, si bien el suyo es un entroido de modelo urbano mucho más convencional. Aunque el ambiente festivo se deja sentir, con multitud de disfraces, principalmente en la zona de vinos, el momento estelar se vive el domingo con el desfile de comparsas y carrozas que recorre las principales calles de la ciudad.
Val do Ulla, a la orden de los Xenerais
No hay sujeto ni hecho que no pueda ser objeto de burla o escarnio en los días de Entroido. En la comarca del Val de Ulla -concellos de Boqueixón, A Estrada, Santiago, Silleda, Teo, Touro, Vedra y Vila de Cruces- la mofa carnavalera llega hasta la guerra.
Tomando como referencia la lucha contra la invasión francesa en el siglo XIX, se organizan vistosos desfiles cuyos personajes más relevantes son los xenerais y los correos, quienes a caballo y ataviados con vistosas vestimentas militares de época y soberbios penachos multicolores, recorren las parroquias de la zona representando diversas escenas, conocidas como atranques, que consisten en un enfrentamiento dialéctico por parejas en el que se hace burla de asuntos sociales de actualidad.
Pobra do Brollón, el Oso sale de su letargo
La llegada de la primavera y, con ella, de un nuevo ciclo agrícola está en la esencia de las celebraciones del entroido. En A Pobra de Brollón (Lugo) esa representación corre a cargo de la figura del oso, que deja de hibernar en su cueva y baja al pueblo en busca de víctimas. Durante estos días el oso recorre la localidad acompañado de sus ayudantes -os criados-, que apresan e inmovilizan al incauto que se ponga a tiro. Luego, ante el regocijo de todos y no sin cierto dramatismo, el oso mira fijamente a los ojos de la víctima y con un cubo de hollín en la mano, decide si le embadurna la cara o no. No se admiten protestas, el oso es el rey.
Chantada, entroido ribeirao
De entre todos los personajes del entroido tradicional gallego los volantes son quizá los que lucen un más espectacular atuendo. A sus coloristas trajes añaden el pucho, un enorme gorro con una estructura de madera del que cuelgan cintas, telas y flores. El día grande en Chantada es el martes en el que los volantes danzan alrededor de un ataúd en el entierro del Santo Entroido.
Cobres (Vilaboa), entroido atlántico
No son muchas las muestras de entroido tradicional que se conservan en el litoral gallego. De ahí la significación del de Cobres, en la ría de Vigo, cuyos orígenes se remontan al siglo XVI. Aquí no hay máscaras.
La iconografía carnavalesca la representan las madamas, galáns y aldeáns, que durante todo el fin de semana y acompañados por charangas, recorren las parroquias de Santa Cristina y San Adrián danzando con sus pulcros trajes blancos y sus suntuosos sombreros de los que cuelgan vistosas cintas de colores. El día grande es el martes, cuando por la tarde tienen lugar antiguos juegos populares, como el de la corrida do galo o el galo na vara.
Pontevedra, el lamento de Ravachol
La ciudad del Lérez cuenta con un entroido urbano de notable tradición. Se inicia hoy mismo con la llegada del Rey Urco con su manada de perros. Durante el fin de semana y el propio martes se sucederán los desfiles y concursos de disfraces hasta llegar al día grande del entroido pontevedrés, el viernes, cuando miles de personas salen a la calle rigurosamente vestidas de luto para celebrar el entierro del loro Ravachol, ataviado cada año con un motivo alegórico a la actualidad.
Illa de Arousa, sálvese quien pueda
Como en tantos otros aspectos, el carácter insular de su territorio ha ayudado a mantener vivas y vigentes tradiciones y costumbres que en lugares bien cercanos se fueron desvirtuando. Entre ellas, el entroido, que en A Illa de Arousa tiene un espíritu anárquico y canalla, ajeno por completo a la oficialidad. No hay premios ni concursos, pero ¡ay de quien no se disfrace! Sobre todo en la noche del lunes, en la que las calles y los locales del municipio viven una efervescencia sin parangón en ninguna otra localidad de la comarca arousana.
A Coruña, territorio choqueiro
A Coruña es territorio choqueiro por naturaleza. Al contrario de lo que ocurre en otros muchos lugares de Galicia, el entroido coruñés no cuenta con un personaje que lo simbolice. Lo que, por otra parte, le otorga un carácter más democrático y abiertamente participativo, como queda de manifiesto en la festa choqueira que se celebra el martes en la calle de la Torre. Pero no por ello hay que pensar que el entroido en A Coruña no cuenta con tradición. A mediados del siglo XIX ya se celebraba el carnaval en la ciudad. El epicentro de la fiesta se sitúa en la Plaza de España, punto principal de confluencia de comparsas y grupos disfrazados y punto final del multitudinario desfile y concurso de carrozas y de comparsas que tendrá lugar mañana.