La Voz reúne a comuneros y ciclistas, que descubren más sintonía que discrepancias, y piden al Concello que medie para canalizar una solución
10 dic 2014 . Actualizado a las 05:00 h.«Aparte de andar en bicicleta podes ver patrimonio arqueolóxico», asegura el presidente de la Mancomunidade de Montes de Pontevedra y miembro de la Organización Galega, Claudio Quintillán. «O de facer ese circuítos sería poñer en valor o patrimonio arqueolóxico», le interrumpe Manuel Torres, portavoz de Masa Crítica. «Claaaaro -añade Quintillán-; é dicir, vou en bicicleta e, se non quero porque a ruta é difícil, collo unha ruta suave, levo o coche ata o lago de Castiñeiras e logo ando por alí, porque xa non depende só das idades, senón tamén da forma física e dun montón de cousas». «E logo hai bares, e a xente pode comer por aí», apunta Torres. «Efectivamente», aplaude Quintillán.
Y así, apenas media hora de conversación, puede ser el inicio del fin de una de las polémicas más agudas de los últimos meses: el conflicto de intereses entre las comunidades de montes y los usuarios particulares de los bosques, ya sean ciclistas, senderistas o, simplemente, domingueros. A los cinco minutos de conversación ambos representantes de posturas opuestas admitieron que el debate solo era fruto de la falta de iniciativa para proponer una reunión cara a cara.
Vehículos a motor, no
Están de acuerdo en casi todo, aparentemente: en que el mayor daño lo causan las motos y los quads, vehículos a motor que, por otra parte, tiene prohibido el acceso al monte; en que las rutas cicloturísticas son una apuesta ventajosa para todos; y en que hay comuneros que tienen una oposición personal al disfrute de sus terrenos por parte de los ciudadanos. También en la existencia de ciclistas que emplean la superficie arbolada para realizar maniobras que, además de ser peligrosas para ellos mismo, arrasan la zona en la que la practican.
Es el caso de ciertos descensos. «Sabes o que fan? -pregunta retóricamente Quintillán a sus contertulios, ayudándose con un folio y el quicio de una mesa-. Tapan a cuneta porque fai badén, saltan, e cando ven a chuvia canaliza e crea un problema de coidado». Manuel y Enrique Pérez, otro miembro de Masa Crítica, asienten. Igual que hace Claudio Quintillán cuando son ellos los que exponen su postura. «Esa é a xente que non entende de respectar normas», lamentan.
Comunicación fluida
Sus conclusiones convergen hasta convertirse casi en una: un clamor popular por que el Concello ejerza de canalizador y aglutinador de la voluntad de diálogo de ambas partes. El miedo de los comuneros parece cristalizar, sobre todo, cuando se habla de rutas permanentes. «Hai necesidade de facer rutas permanentes no monte, sinalizadas, e para iso necesitaríamos a colaboración do Concello, Deportes e Cultura, porque moitas veces se fala de que moitísimas rutas pasan por bens de interese cultural, pero é un xeito de atraer turismo», concluye Pérez. Y Quintillán pone el punto final, que también fue el inicial: «Que si, que si, totalmente de acordo».
Media hora de encuentro cara a cara puede poner fin a una larga polémica
Crear rutas, regular su uso y reunirse periódicamente son la solución