Los restos de una pared calcinada que se oculta tras el retablo de una iglesia antigua apuntan al paso del pirata inglés del siglo XVI o de una flota angloholandesa del XVIII
03 dic 2014 . Actualizado a las 05:00 h.Las paredes de la antigua iglesia de Sanxenxo ocultan un misterio detrás del retablo mayor. Es un secreto que podría relacionarse con el ataque sufrido por las villas de la ría pontevedresa a finales del siglo XVI, víctimas de las correrías de uno de los marinos ingleses más famosos. Se trata de Francis Drake, héroe y sir para sus compatriotas, y ladrón y pirata para los españoles.
Desentrañar el misterio no será cosa fácil, porque requiere de pericia detectivesca y de un elevado grado de suerte. Un grupo de vecinos, empeñados en recuperar el pasado de la villa por el 500 aniversario de la fundación de su templo parroquial, están dando pasos para resolverlo.
Todo comenzó con la curiosidad de José Manuel Abel, que tras leerse tomos y legajos de muchos archivos, sospechó que quizás detrás del retablo mayor, el único que oculta una pared completa del templo, se pudiesen esconder pinturas. ¿Cómo acceder a esta pared sin desmontar un retablo al que están acostumbrados los vecinos de Sanxenxo? Abel y otros colaboradores no se dejaron arredrar. «Colocamos unos andamios y metimos una cámara endoscópica por los huecos del retablo», precisa.
El resultado fue, al principio, «en cierto modo decepcionante», porque no había figuras. En su lugar apareció algo más intrigante. «Se conservan unos frisos, unas fajas pintadas, las líneas doradas se aprecian perfectamente, policromía azul y verde, que coincide con el resto de la decoración que hubo en toda la iglesia y aún hoy se ve en algunos arcos», apunta. En el arco de la cabecera, aparecieron «una especie de flores pintadas o decoración gótico-renacentista, puntas de clavo o plantas de cuatro hojas», concreta. Son difíciles de datar. Pueden ser del siglo XVI o de la siguiente centuria.
En el extremo derecho, la pintura que sobrevivió al encalado y picado de los muros con el paso de los siglos, «está como en escamas, eso demuestra que la iglesia sufrió un incendio y gran parte de los restos de pinturas de la pared detrás del retablo están escamadas», puntualiza Abel.
En la historia parroquial del momento solo hay dos sospechosos del incendio de la iglesia, un edificio que en otros tiempos era más importante que los pazos de la nobleza de la comarca. En un libro de fábrica del templo aparece otra pista, es una queja de los responsables del templo a sus superiores. «Dice literalmente que hay que hacer una campana porque el inglés se llevó la que había», apunta José Manuel Abel. Es una referencia al sacrilegio del templo. No vincula el fuego descubierto con el robo de la campana, pero sí evidencia que la tradición oral tiene apoyo histórico.
Dos son los posibles autores del incendio. Uno es Francis Drake, que en 1589 llenó la ría de espanto. Sus barcos saquearon a placer algunas villas y en la isla de Tambo se cebaron con la ermita de san Miguel, que fue arrasada. Eran tiempos de alta tensión entre católicos y protestantes y los anglicanos ingleses eran furiosos iconoclastas.
La otra tesis apunta a un ataque de una flota angloholandesa a principios del siglo XVIII. Rande es el testimonio más famoso de esos ataques a la costa pontevedresa. Sin una respuesta definitiva, Abel continúa revisando los archivos, seguro de que un día un documento solucionará el enigma y aclarará cuál de los dos posibles sospechosos prendió ese fuego que consumió el retablo pintado.