A Revolta, un camino engullido por el agua

La Voz

FIRMAS

Hay que tener ojos de lince para descifrar, entre una espesa vegetación, el canal de paso del agua del Rego dos Mouros, a la altura de A Revolta, en la parroquia sanxenxina de Noalla. La maleza cubre todo el sistema de canales que, para colmo, está taponado en las tuberías que deberían desviar el volumen de agua hacia la compuerta de O Bao y el mar. Sebastián Domínguez, uno de los vecinos de la zona, señala el punto donde el agua estancada debería correr hacia su desembocadura. Allí, más que moverse, está como en una balsa. Por esos tubos no parece que pase mucha.

A escasos metros, un canal abierto por los vecinos como aliviadero, se ha convertido en el verdadero paso para el río. Tampoco es que sea gran cosa. La mayoría del agua que está a un lado de la carretera no consigue atravesar al otro lado. Aún así, el aliviadero temporal va camino de convertirse en permanente, mientras no se despeje aguas arriba.

El río está atascado también por la carretera que cruza por la mitad lo que en otros tiempos fueron campos de maíz y que, en la actualidad, son terreno pantanoso. Sebastián Domínguez recuerda cuando su casa, antes de que el Concello hiciese la carretera, estaba a varios escalones del nivel del suelo. La carretera actuó como un muro al paso del agua en todo el ámbito y, como consecuencia, los problemas empezaron a acumularse.

Las deficiencias del drenaje han facilitado la inundación de todo, incluido el camino que iba a la escuela y que hoy es un lodazal intransitable al que se accede solo con botas. Prácticamente no existe.

Por su parte, en la carretera municipal, entre la casa de Sebastián y la carretera autonómica de entrada al istmo de A Lanzada, los peatones de la zona saben que no es aconsejable poner el pie en el arcén oculto por la vegetación. Hay un metro de profundidad y está anegado.

En ese tramo, el agua se acumula sin cesar en otoño y cruza la calzada hasta superar la altura de un pie, llegando casi a cubrir una bota cuando llueve fuerte. Aún así es un vial transitado por los vecinos. «Todos los viejos vienen a pasear por aquí y se traen las bolsas para las botas, se descalzan, las ponen y cruzan la carretera inundada», incide Sebastián, que lamenta que la Administración no tome cartas en este asunto.