La policía detiene en Vigo, en octubre de 1924, a un traficante que había sido crupier en San Sebastián, y se detecta un alijo de opio turco en Tui
28 oct 2014 . Actualizado a las 04:00 h.Se llamaba Florentino Fernández Carro, era natural de Ávila y había sido crupier en el Gran Kursaal de San Sebastián. El 2 de octubre de 1924 era detenido por los agentes de policía Poveda y Friol en el Príncipe tras una intensa persecución iniciada en la Porta do Sol. Dos días antes, el comisario de policía de Vigo tuvo noticias que le aseguraban la presencia en la ciudad del individuo que «en diferentes ocasiones se dedicó al contrabando de toda clase de substancias exóticas y que es uno de los timadores más hábiles de cuantos operan al por mayor», se señalaba en El Pueblo Gallego del día siguiente.
Aquel hombre «elegantemente vestido» echó a correr cuando fue visto por los policías y, una vez alcanzado, protestó, diciendo que era ingeniero telegrafista. Aún así, fue conducido a la inspección de vigilancia de la policía, donde dio «cinco o seis» nombres distintos hasta que la policía logró identificarlo. Había sido crupier en San Sebastián, donde «dio algunos golpes importantes».
La policía interrogó al detenido durante cuatro horas, mostrándose «habilísimo y muy dueño de sí, además tiene un cinismo atroz», incidía el diario de Portela Valladares. A pesar de todo, los agentes consiguieron que les confesara que había llegado a Vigo con objeto de «comerciar con opio y morfina», a cuyo contrabando se dedicaba. Según el periódico vigués, Florentino Fernández aseguró haber realizado varios timos importantes por el procedimiento de enviar cartas a gente adinerada, «ordenándoles depositar en un sitio determinado una cantidad, que siempre oscilaba de mil a dos mil pesetas, o de los contrario que se atuvieran a las consecuencias».
Opio turco en Tui
No era el único caso de narcotráfico que registraba el área de Vigo aquel mismo mes. Luis Martínez, José Martínez, Vicente Ransero, Juan Acosta, Vicente García y Juan García, miembros del cuerpo de aduanas en Tui, impedían en la estación ferroviaria de aquella ciudad el paso de un importante alijo de opio.
La droga era transportada por unos individuos llegados en tren desde Lisboa, en donde había desembarcado procedentes de Turquía con siete bultos facturados como equipaje. Según explicaron en la aduana, su intención era trasladarse a Vigo con el objetivo de embarcar hacia América.
Los agentes comprobaron que había algo raro porque los papeles de los sospechosos no se correspondían a los empleados para el tránsito, y procedieron a revisar los fardos, no sin antes darse a la fuga los sospechosos. En los tres primeros bultos fueron localizados 150 kilogramos de opio en pasta, género oriental, libros y prendas de vestir. En los bultos restantes se encontraron 184 botes con etiquetas escritas en francés en las que se podía leer «Higos de Esmirna al natural». Los envases tenían un doble fondo en el que se ocultaban otros ochenta y un kilogramos de la misma droga. Antes de emprender la fuga, uno de los sujetos exhibió un documento en el que constaba que el contenido de los bultos era especialmente de higos de Esmirna con destino a México.
El alijo, una vez cumplimentado el papeleo correspondiente por parte de los aduaneros, fue escoltado por una pareja de la Guardia Civil para ser entregado al delegado de Hacienda.
Esta acción deja en evidencia que el puerto de Vigo era utilizado entonces como vía de salida a ciertos tipos de drogas, que buscaban el mercado americano mucho más importante desde el punto de vista económico.
eran otros tiempos octubre 1924