«Convendría no rendirse al turismo»

Héctor J. Porto REDACCIÓN / LA VOZ

FIRMAS

EDUARDO PEREZ

Moneo advierte contra la saturación que desnaturaliza las ciudades y erosiona la vida de sus vecinos

26 oct 2014 . Actualizado a las 04:00 h.

-¿Sería más bien una confrontación de estilos, tan distintos?

-Conozco a Gehry desde los 70, cuando no era un arquitecto muy importante como lo es hoy. Se pensó que, en vez de que hiciese una exposición a palo seco, una charla conmigo tendría más viveza. Fue una conversación, y no una confrontación, en la que traté de ayudar a que los demás se pudiesen acercar a lo que él decía. Frank está disfrutando de un gran reconocimiento público, venía de París de inaugurar el museo Louis Vuitton.

-Dio la vuelta al mundo la peineta de Gehry en Oviedo [como respuesta a la pregunta: «¿Qué opina de quienes piensan que su arquitectura es espectáculo?»].

-Espero que no haya dado la vuelta al mundo [ríe], pero no tiene más importancia. Es una persona de 85 años, viene de París de una fiesta, y alguien le hace esa pregunta que puede entender un poco impertinente... Todo el mundo tiene derecho a una reacción airada. Puede discutirse en medios académicos la situación en que se halla la arquitectura y el papel muy primero del arquitecto como artista individual, pero que alguien ponga el pie en una ciudad en que espera hospitalidad... No puede decirse que fuese oportuna la pregunta de su colega.

-Volviendo a Galicia. Dígame dos obras arquitectónicas modernas gallegas que vayan a perdurar.

-No conozco tanto las cosas. Pero vengo del Museo de Belas Artes da Coruña, y creo que es un museo dignísimo y la obra de un profesional que todo lo que yo he visto de él siempre me ha parecido sólido y consistente, Manuel Gallego Jorreto. Dándole este nombre me parece que ya comprometo mi juicio siendo preciso en la elección de una persona.

-Y el área donde se enmarca el Museo de Belas Artes...

-Si me pregunta por el crecimiento de A Coruña en su conjunto, no me atrevería a decir que es la más feliz de las soluciones, pero hay que reconocer las dificultades que tiene la posible expansión urbana en A Coruña, las limitaciones geográficas, la condición de una topografía variada y con desniveles notables... En los últimos 50 años la tradición constructiva y la presión ligada a la especulación han dado como resultado que uno se sienta más cómodo en A Coruña antigua que en la moderna. Pero no es un fenómeno exclusivo de esta ciudad. La cultura del traslado demográfico de los campos a las urbes y el cambio social no permitieron un crecimiento más armónico como ocurrió en el pasado.

-Con la crisis del ladrillo, ¿el arquitecto ha pasado de ser un privilegiado a ser un paria?

-Yo creo que no. Es uno de los profesionales que más ha sufrido la crisis. La caída del mercado inmobiliario está muy presente en los rasgos de la crisis española. Esto deja al arquitecto en el epicentro del movimiento sísmico. Y de hecho todos los estudios españoles han sufrido una purga importantísima, acompañada de un cierto deterioro. Si la figura del arquitecto había tenido una gran presencia en los medios y estado rodeada de la sensación de que era un episodio más de la cultura, al que había que prestar interés, la crisis ha dejado al arquitecto en una debilidad muy grande ante la interpretación del rol que cumple en la sociedad.

-¿Es una profesión con futuro?

-Si alguien siente que lo que ha sido el oficio de arquitecto todavía le interesa, yo no dejaría de prepararme. En un futuro habrá todavía lugar para un oficio no muy distinto del que hemos conocido hasta ahora. Se han construido tantos hospitales, escuelas, museos... Pero, en trabajos de escala más reducida, la intensidad puede equilibrar la falta de importancia del programa y del presupuesto del proyecto con una claridad de intenciones que permita al arquitecto volcar toda su capacidad creadora... el talento y la ambición de los jóvenes.

-Lo suyo no fue la vivienda...

-No he hecho mucha vivienda, pero sí me interesa. A veces me preguntan qué obra me hubiera gustado haber hecho... pues un proyecto en Vitoria de mediados de los 70, que era un gran concurso de urbanismo y vivienda, el plan residencial de Lakua, un concurso ganado en compañía de mi amigo y colega Manuel de Solà Morales. Siento no haber tenido la ocasión de manifestar con una escala suficientemente importante aquello de que la vivienda es capaz. La residencia es clave para configurar la ciudad, es en general la sustancia de su crecimiento.

-Hay un conflicto entre la ciudad que se prepara para agradar al visitante, como espectáculo, y la que busca mejorar la vida de sus vecinos: la saturación turística.

-El turismo es un arma de doble filo. Todos los alcaldes están deseando llevar turismo a sus ciudades. Pero al final el turismo erosiona mucho la vida ciudadana. Esto se ha sentido con fuerza en diversas ciudades españolas. A uno, como turista, le es más grato incluso que le dejen ver una ciudad que tiene vida propia por otras razones y que no confía toda su existencia a que la visiten. Florencia o Venecia son ejemplos extremos de ciudades convertidas en parques temáticos, desvirtuadas. En España hay casos claros. Toledo, tan admirable en términos de densidad monumental en cuanto a su arquitectura, está desnaturalizada por un turismo excesivo. Zamora, en cambio, mantiene esa vida propia que la hace tan atractiva. Convendría no rendirse incondicionalmente al turismo.

-¿Cómo se logra ese equilibrio?

-Ah, no lo sé. Afortunadamente no soy político. Sí que estoy en condiciones de advertirlo: el turismo no es un bien en sí mismo.

-¿Cómo ve las ciudades gallegas?

-Lugo y Ourense no son específicamente turísticas. Lo mismo cabría decir de Vigo. Pontevedra, a medias. Santiago, afortunadamente, tiene mucha fuerza y a pesar de una presencia agotadora del turismo va equilibrándola gracias en parte a la masa crítica de estudiantes. Se ha defendido relativamente en el deslinde entre lo que es ciudad antigua y crecimiento. A mí me gusta Vigo y su dureza. A Coruña es, en cierto modo, de un perfil menos claro: tiene arquitecturas muy características como la fachada de la Marina y el casco antiguo, pero la ligazón de Orzán y todo esto...

-Y el Gaiás a medio terminar...

-Es asunto difícil. No soy completamente imparcial en el sentido de que tengo respeto y soy buen amigo de Eisenman. Yo creo que es un edificio que mejoraría notablemente si estuviera terminado. Hacer el esfuerzo de terminarlo supondría hacer el esfuerzo de garantizar su uso; no me pregunte usted cómo. Siempre he sido reacio a esas ideas de ciudades de la cultura, a lo mastodóntico.

-Y si el contenido no era realista...

-Habrá que buscar otros. Dejarlo como una herida sangrante no tiene sentido. Es más razonable terminarlo y ver de incorporar programas que den sentido a un edificio que visto retrospectivamente aún hay que pensar que era la propuesta de concurso más valiosa. A quien hoy se queja del proyecto de Eisenman lo enviaría a ver las otras propuestas.

-Tiene algo de parque temático.

-No diría yo tanto. Pero en su momento debió considerarse si no tenía más sentido haber tentaculizado y estructurado más la ciudad con edificios culturales que acompañasen lo ya existente.

RAFAEL MONEO ARQUITECTO, PREMIO PRITZKER Y MIEMBRO DE HONOR DE LA Real Academia Gallega de Bellas Artes

«Siempre he sido reacio a esas ideas de ?ciudades de la cultura?, a lo mastodóntico»