Cómo vivir por deporte

Pablo Gómez Cundíns
pablo gómez A CORUÑA / LA VOZ

FIRMAS

MARCOS MÍGUEZ

Padre e hijo han hecho historia en Galicia en cuatro disciplinas diferentes

14 oct 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

El hilo conductor es un cuerpo en movimiento. Sin detenerse hasta hacer historia en Galicia. Chema Olaiz (Madrid, 1949) y su hijo César (A Coruña, 1981) han dispuesto que su vida gire en torno al deporte y sus valores, que también abraza el otro hijo de Chema, Tomás, de 29 años de edad. El último hito de los Olaiz lo firmó César, al convertirse en el primer gallego en terminar un ultraman (prueba en la que hay que completar 10 kilómetros a nado, 420 en bicicleta y 84 de carrera pedestre).

Lo hizo en Gales, mientras en A Coruña, su padre Chema continúa en plena actividad con el equipo de pelota de la ciudad. No en vano, junto a Juan Chapela y José Fra, fue el impulsor de este deporte en Galicia a mediados dela década de los años setenta con el club Novo Berri. Llevaron al equipo desde Tercera hasta la máxima categoría nacional. «Siento que he contribuido en parte al deporte gallego, pero no solo yo, porque Salesianos se llenaba. Y el Palacio... metíamos cinco mil personas. También impulsamos eso. Julio, Vituco, Denis, Castillo... Fuimos pioneros», recuerdo. Esos nombres nada tienen que ver con la pelota. Pertenecen al gran Chaston doble campeón de España de fútbol sala, deporte que también practicaba con éxito Chema Olaiz tras su estreno en el Peluquería Loureda, otro mito.

Golpes de timón

Aunque sus inicios fueron los mismos que los de su hijo César Olaiz Nogués: el fútbol. Chema despuntó en el juvenil del Real Madrid, fue internacional en la categoría finales de los sesenta (García Remón, Planelles, Espíldora, Rafa Marañón vestían de blanco como Olaiz; con Asensi coincidió en la selección). «Todo iba en progresión, me fui al Rayo, luego al Osasuna. Hasta que el Cádiz preguntó por mí para hacerme profesional. Se encontró con la negativa de mis padres. Tuve que seguir estudiando arquitectura», recuerda. El fútbol, de Tercera División, se redujo entonces a una mera fuente de financiación.

«Nuestro ADN lleva el gen deportivo. César jugó bien al fútbol, pero no tuvo suerte al final. Fue una pena que no cogiese el último tren», analiza. El ahora atleta de ultraman fue un virtuoso futbolista. Del Santa María del Mar y el Orillamar, saltó al Barcelona (junto a Nano, Rubén Martínez, Trashorras e Iniesta). Regresó al Deportivo juvenil, destacó en el Pontevedra, lo fichó el Celta de Primera. Después, Eibar, Granada, Celta B, y varios equipos gallegos. Hasta que se rompió el peroné y adiós fútbol.

Y, en plena recuperación, cambió de tercio. Debutó en el ironman (3,9 kilómetros a nado, 180 en bici y 42,2 en carrera) y se encontró a sí mismo. «Me genera sensaciones que el fútbol no. No soy tonto y sé que me asomé al fútbol profesional, pero no me queda ninguna espina», analiza. «Al final seré recordado como el deportista de corazón, el feliz», desea. Su padre matiza: «Cada deportista es dueño de su propia empresa, tiene que tirar hacia adelante solo. Ellos me verán más como padre que como deportista. Aunque yo mantengo la actividad. Seguiré en la brecha hasta el final».

Chema y césar olaiz MULTIdeportistas